Opinión

Nuevo espacio político "humanismo cristiano y liberal"

La tarta de partidos políticos que tenemos en España a estas horas sigue sin estar finalizada. El número de personas que no están votando o no se sienten reflejadas en ninguna opción existente sigue estando ahí y miren por donde Murcia ha sido desde hace casi dos años el nido de marca nacional desde donde ha salido esta nueva opción, donde me constan que ya andan afiliados y poseen simpatizantes tanto en nuestra región como en otras regiones de España y este es el mundo del Humanismo Cristiano Liberal. Ya, D. Antonio Fontán, catedrático universitario, periodista y político, primer presidente del Senado Español, uno de los autores de la Constitución Española de 1978 y habiendo sido Ministro de Administración Territorial puso las primeras piedras de este nuevo espacio político en España. Ahora, pasado unos años vuelve a resurgir.

De sus memorias he aprendido bastante y de los libros que han escrito grandes plumas españolas sobre él también, así que, con el permiso de Ustedes, les escribo a grandes rasgos por donde van esas ideas claves que han hecho que vuelvan a resurgir, pero esta vez desde la perla del Segura.

Este Humanismo cristiano no significa de manera alguna una confesionalidad política y social, que en el siglo XX y XXI no postula el catolicismo, ni en la práctica casi ninguna de las demás confesiones cristianas. Eso no es el humanismo cristiano y liberal que inspira ciertas ideologías políticas y al que cuadran, sin incompatibilidad alguna ciertas definiciones de famosos diccionarios. El nuevo humanismo, es una filosofía del siglo XX que se distingue por su fe en su moderación, en la dignidad de la voluntad humana y en un sentido de los valores permanentes. Dentro de ese amplio espacio un cristiano puede encontrarse en su propio terreno, porque el humanismo cristiano es "una filosofía que defiende una plena realización del hombre y de lo humano dentro de un marco de principios cristianos".

Además de nuevo y cristiano, que en este caso son conceptos afines, suelen acompañar al término humanismo en el siglo pasado, y quizá también en estos, otros adjetivos que desean ser definitorios. Uno es el que se opone polarmente a cristiano y es toda una filosofía: el humanismo ateo. Es el humanismo de Feuerbach, Comte, Nietzsche, del que daría cuenta con su experiencia religiosa de buscar a Dios el ruso Dostoievski. Existen otros humanismos sectoriales como el científico, que, en cuanto a filosofía general del hombre y de la vida, llega hasta donde llega y se queda ahí. Hay humanismos políticos como el de los marxistas, que ha sido arrumbado por la historia con la simple caída del muro. Existe el fundamentalismo laicista, que algunos desean extender desde Francia a toda Europa en la que está siendo la ley fundamental de la Unión Europea. Incluso algunos apuntan a un Humanismo de tradiciones occidentales, que implicaría consagrar una división del género humano según los puntos cardinales.

En medio de este desorden terminológico y lingüístico, la filosofía cristiana, que cree en la moderación como método, en la dignidad de la voluntad humana y en su derecho a ejercerse libremente y en los valores permanentes de una concepción cristiana del hombre y de la vida, sin confesionalidades ni coacciones religiosas o laicistas, estaría llamada a asegurar la continuidad abierta y liberal de la historia de la actual Unión y de todo el continente.

En los momentos previos a los borradores de lo que se pretendía que fuese una constitución para la UE, se reconocía por aquellos tiempos que la cultura social, literaria y política de este conjunto de naciones tenía sus raíces en las tradiciones cristianas del continente que, además de historia, son vida. Después, el fundamento laicista del gobierno francés y de algunos de sus asociados consiguieron barrer esas líneas para sustituirlas por una corta serie de adjetivos que han venido a ser, como se dice en América, "un traje vacío" sin nadie ni nada dentro. Europa, igual que España, y el cristianismo son realidades históricas, culturales y políticas que tienen mucho que ver entre sí.

Ante tiempos nuevos, distintos métodos, feroces argumentos, apuestas singladuras, mujeres y hombres con tesón pero sobre todo, sin olvidarnos de dónde venimos. Como la película, con este nuevo espacio político: ¡ Ha nacido una nueva estrella!

MARIANO GALIÁN TUDELA.

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