Actualmente los agricultores del Valle del Guadalentín y del Campo de Cartagena, productores de lechuga, brócoli y otras hortalizas, están sufriendo una fuerte proliferación de pulgón. Una situación que empieza a generar una gran preocupación en el sector, ya que está provocando pérdidas importantes en las explotaciones y dificultades para cumplir con los exigentes estándares comerciales que exige el mercado europeo.
En las hortalizas de la zona de Lorca y del Valle del Guadalentín no existe un solo tipo de pulgón, sino varias especies. Todas pertenecen a la familia Aphididae, pero algunas son especialmente frecuentes en cultivos hortícolas como la lechuga, el brócoli o la alcachofa.
Entre las principales especies que afectan a las hortalizas del sureste español se encuentran Nasonovia ribisnigri, conocido como pulgón de la lechuga; Myzus persicae, que también afecta a cultivos como pimiento, tomate y otras hortalizas, además de transmitir virus a los cultivos; y Brevicoryne brassicae, que ataca a brócoli, col y coliflor.
Sin embargo, el más dañino para la lechuga es el Nasonovia ribisnigri. Su enorme capacidad de reproducción lo convierte en una plaga muy difícil de controlar. Se reproduce de forma asexual, de modo que una sola hembra puede generar decenas de descendientes en pocos días. Además, suele instalarse en el interior del cogollo de la lechuga, lo que dificulta enormemente que los tratamientos fitosanitarios lleguen hasta él. A ello se suma que ya existen poblaciones con resistencia a varios insecticidas.
Las condiciones climáticas de nuestra región también favorecen el desarrollo de esta plaga. El otoño y el invierno que hemos tenido, con temperaturas suaves y escasas heladas, han creado un escenario ideal para la reproducción del pulgón. Con temperaturas templadas su ciclo biológico se acelera y se suceden varias generaciones en muy poco tiempo.
Pero el problema de la proliferación del pulgón no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores. A los condicionantes climáticos y a la mayor resistencia del insecto hay que añadir, y probablemente sea el factor más determinante, la drástica reducción de materias activas eficaces contra esta plaga que se ha llevado a cabo en la Unión Europea. Como consecuencia, las colonias de pulgón aumentan mientras los agricultores ven cómo desaparecen herramientas fundamentales para poder controlarlas.
Existe además una evidente desigualdad regulatoria dentro de Europa. Los agricultores de la Región de Murcia denuncian que mientras en España se han retirado o restringido materias activas que durante años demostraron ser eficaces contra el pulgón, en otros países europeos como Francia, Italia, Grecia, Alemania o Portugal se conceden autorizaciones excepcionales para poder utilizarlas cuando se produce una emergencia fitosanitaria.
Sin embargo, en España estas restricciones se aplican con mayor rapidez y con mucha más dureza, mientras las autorizaciones excepcionales prácticamente no se conceden. El resultado es una situación que genera una clara competencia desleal dentro del propio mercado europeo.
Entre las materias activas que el sector agrícola considera más eficaces contra el pulgón destacan varios insecticidas sistémicos como el spirotetramat, determinados neonicotinoides o el sulfoxaflor. Muchos de estos productos han desaparecido del registro en España, mientras que en otros países europeos aún pueden utilizarse en determinadas circunstancias.
La agricultura europea avanza hacia sistemas cada vez más sostenibles, algo que nadie discute. Pero al mismo tiempo los agricultores de nuestra región necesitan herramientas eficaces para proteger sus cultivos. Sin control de plagas resulta imposible mantener la producción hortícola que desde el sureste español abastece a una gran parte de Europa.
Encontrar un equilibrio entre la protección del medio ambiente y la viabilidad económica de la agricultura es uno de los grandes retos del sector agrario europeo. Y en regiones como Murcia, donde la horticultura es un pilar económico, social y territorial, ese equilibrio no puede seguir ignorando la realidad que viven cada día nuestros agricultores.
José García Martinez.