Desde hace décadas, Europa asume una parte decisiva de la defensa convencional del continente, de la que la OTAN es un ejemplo. La OTAN de hoy pretende ser más equilibrada y menos dependiente de Washington, pero no emancipada, porque no puede.
El problema es que esta opción exige una disciplina política que Europa no siempre ha demostrado, ya que requiere inversión sostenida, coordinación entre Estados con culturas estratégicas e intereses distintos y aceptación ciudadana de que la seguridad tiene costes, algo que el sectario Pedro Sánchez no quiere comprender, y como no quiere comprender, el Presidente norteamericano Donald Trump lo desprecia sin disimulo alguno.
Lo que ocurre en la actualidad es que el tiempo de la ambigüedad se ha agotado, y Europa ya no puede limitarse a declarar que debe hacer más, lo que debe demostrar es que puede hacerlo.
Y EEUU ya no puede limitarse a pedir a los europeos que gasten más, tiene que aclarar si quiere una transición ordenada hacia una Alianza más equilibrada o si prefiere una OTAN que ya no refleje sus intereses estratégicos, con todas las consecuencias políticas que ello implicaría.
Personalmente soy bastante escéptico, y me baso en que Occidente debe abandonar su vocación universalista, ya que es una idea falsa, arrogante y peligrosa.
Europa debería pensar profundamente en una célebre frase del filósofo romano Lucio Anneo Séneca : “El destino conduce al que se somete y arrastra al que se resiste”.
Para terminar quiero explicar lo que se llama «falacia de la agregación o falacia de la composición» : “es el error lógico de asumir que lo que es verdadero para una parte individual de un grupo, también debe ser verdadero para todo el grupo en conjunto”.
Pues traslado este significado al tema de Europa y la OTAN : “la falacia europea nos ha llevado al multiculturalismo, que ha criado una generación de jóvenes de origen inmigrante que no se sienten identificados ni con el país que los acoge ni con su lugar de origen”... ¡Eso es muy grave!