Opinión

España necesita más agua útil, no más debates estériles

Cada vez que España entra en un periodo de sequía volvemos a escuchar las mismas palabras: restricciones, emergencia hídrica, enfrentamientos territoriales y debates políticos interminables. Sin embargo, pocas veces se aborda la cuestión realmente importante: cómo aprovechar mejor todos los recursos hídricos de los que dispone nuestro país.

España no tiene únicamente un problema de falta de agua. También tiene un problema de almacenamiento, regulación, distribución y aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles.

Durante décadas, nuestro país fue capaz de transformar amplias zonas áridas en tierras productivas gracias a una ambiciosa política hidráulica basada en embalses, presas, canales, trasvases y sistemas de regulación. Aquellas infraestructuras permitieron el desarrollo agrícola, industrial y económico de buena parte de España. Sin embargo, en los últimos años parece haberse impuesto una política centrada más en gestionar la escasez que en aumentar los recursos disponibles.

La primera gran necesidad es desarrollar un verdadero Plan Hidrológico Nacional que contemple el agua como un recurso estratégico para todos los españoles. Un plan basado en criterios técnicos, científicos y económicos, alejado de intereses partidistas o territoriales, y capaz de planificar las necesidades hídricas de las próximas décadas.

Junto a ello, resulta imprescindible recuperar las inversiones en infraestructuras hidráulicas. Cada año asistimos a episodios de lluvias torrenciales en los que millones de metros cúbicos de agua terminan perdiéndose en el mar. Una mayor capacidad de regulación mediante embalses, balsas y nuevas infraestructuras permitiría almacenar parte de esos recursos para utilizarlos posteriormente en periodos de escasez.

Los acuíferos también deben desempeñar un papel fundamental. Gestionados de forma sostenible, constituyen auténticas reservas estratégicas capaces de aportar estabilidad al sistema hídrico nacional. Su protección, seguimiento y recarga mediante excedentes hídricos deben formar parte de cualquier política moderna del agua.

A todo ello hay que sumar el enorme potencial de las aguas regeneradas procedentes de las depuradoras. En un país donde el agua es un recurso escaso, no tiene sentido desaprovechar caudales que, tras los tratamientos adecuados, pueden destinarse al riego agrícola con todas las garantías sanitarias y medioambientales.

La desalación también forma parte de la solución. Aunque presenta costes elevados, constituye una herramienta estratégica especialmente valiosa en las zonas más deficitarias del Levante español. Su desarrollo debe ir acompañado de inversiones que permitan reducir costes y facilitar su utilización por parte de los agricultores.

Por supuesto, tampoco podemos olvidar la modernización de los regadíos, la digitalización de las redes de distribución, la reducción de pérdidas en conducciones y la mejora de la eficiencia en el uso del agua. Cada gota ahorrada cuenta, pero también cuenta cada gota que somos capaces de almacenar y poner al servicio de quienes producen alimentos y generan riqueza.

Mientras nuestros agricultores hacen auténticos esfuerzos para producir más con menos agua, las grandes inversiones hidráulicas parecen haber desaparecido de las prioridades políticas. Sin embargo, las soluciones existen. España necesita un verdadero Plan Hidrológico Nacional que integre embalses, trasvases, acuíferos, aguas regeneradas, desalación y modernización de regadíos bajo una única estrategia basada en criterios técnicos y no ideológicos.

Hemos sido capaces de construir miles de kilómetros de alta velocidad para conectar el país. También deberíamos ser capaces de desarrollar las infraestructuras hidráulicas necesarias para llevar el agua allí donde más se necesita. Porque el agua que hoy dejamos perder puede ser la que mañana necesite un agricultor para salvar su cosecha.

España no necesita más debates estériles sobre el agua. Necesita más agua útil. Y para conseguirlo hacen falta inversiones, planificación y voluntad política. El futuro de nuestra agricultura, de nuestro mundo rural y de las próximas generaciones bien merece ese esfuerzo.

José García Martinez.

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