San Valentín: cómo influyen los tipos de apego en el amor y las relaciones de pareja
· Comprender estos patrones relacionales ayuda a prevenir malestar emocional y a favorecer relaciones más equilibradas y saludables, según los expertos
El amor no se expresa de la misma manera en todas las personas ni sigue un único patrón emocional. La forma en la que se crean los vínculos afectivos influye en cómo se desarrolla la relación de pareja, cómo se gestiona la cercanía emocional y cómo se afrontan los desacuerdos. Desde hace décadas, la psicología estudia los denominados tipos de apego, un marco teórico que ayuda a comprender algunos comportamientos habituales en las relaciones afectivas desde una perspectiva de salud emocional.
El apego describe la manera en la que se construyen los vínculos emocionales significativos. Estos patrones influyen también en las relaciones de pareja en la edad adulta. La forma de expresar el afecto, la necesidad de cercanía emocional o la tolerancia a la distancia están condicionadas, en parte, por estas tendencias relacionales.
“Los tipos de apego no son etiquetas cerradas ni determinan de manera definitiva cómo será una relación. Se trata de patrones aprendidos que ayudan a comprender por qué se reacciona de determinada forma ante la intimidad, el conflicto o el miedo a la pérdida. De igual manera, el desarrollo de nuestro apego depende del tipo de relaciones que las personas de nuestro contexto establecen con nosotros, si mis amigos, pareja o contexto es coherente, racional y con una correspondencia clara entre lo que se dice y se hace es más probable desarrollar un apego seguro consolidado”, explica Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas.
De esta forma, se identifican cuatro tipos de apego principales. El apego seguro está asociado a una mayor estabilidad emocional dentro de la relación. En estos casos, la intimidad se vive con menor temor, las necesidades emocionales se expresan con mayor claridad y los conflictos se afrontan sin un miedo intenso al abandono o a la dependencia. Este patrón está vinculado con relaciones más satisfactorias y con un mayor bienestar psicológico.
“Cuando existe una base de seguridad emocional, comprensión e iniciativa de comunicación, el amor se construye desde la confianza y la comunicación y no tanto desde el miedo a la pérdida, lo que facilita abordar los desacuerdos cotidianos sin que se conviertan en una fuente constante de malestar”, señala Jorge Buenavida.
Otros estilos de apego pueden generar dinámicas más complejas. El apego ansioso se caracteriza por una elevada sensibilidad al rechazo y una necesidad constante de validación emocional. Este patrón puede traducirse en preocupación persistente por la relación, miedo a la pérdida o dificultad para regular las emociones ante la distancia afectiva.
Por su parte, el apego evitativo suele manifestarse como una tendencia a mantener distancia emocional y a priorizar la autosuficiencia. Desde la psicología se entiende como una estrategia aprendida de protección emocional, no como una falta de implicación afectiva.
Existe también un patrón menos frecuente, el apego desorganizado, que combina rasgos ansiosos y evitativos y suele asociarse a experiencias previas de inseguridad emocional. En estos casos, el acompañamiento profesional adquiere un papel especialmente relevante.
“Los estilos de apego no constituyen por sí mismos un problema. Sin embargo, cuando determinadas dinámicas generan malestar persistente, afectan a la autoestima o interfieren en el bienestar emocional, conviene prestar atención a ciertas señales de nosotros mismos o de las relaciones que mantenemos. Es conveniente consultar con un profesional adecuado cuando se repiten conflictos intensos sin resolución, aparece un miedo constante a la pérdida de la relación o se mantiene y perpetúa una sensación de ansiedad o bloqueo emocional”, añade Jorge Buenavida.
En este sentido, la atención psicológica permite identificar estos patrones, comprender su origen y trabajar estrategias que favorezcan relaciones más equilibradas. “Este acompañamiento no persigue cambiar la forma de amar, sino mejorar la gestión emocional y el bienestar personal y relacional”, matiza Jorge Buenavida.
Desde una perspectiva de prevención y promoción de la salud emocional, los especialistas de Sanitas recomiendan prestar atención a cómo se viven las emociones dentro de la relación, favorecer una comunicación clara y respetuosa y consultar con un profesional cuando el malestar se mantiene en el tiempo o interfiere en la vida cotidiana, ya sea mediante atención presencial o videoconsulta.
“Comprender cómo se construyen los vínculos afectivos contribuye a vivir el amor de una forma más consciente y saludable. En fechas como San Valentín, poner el foco en la salud emocional y nuestros patrones relacionales permite construir y reforzar relaciones basadas en el equilibrio y el bienestar compartido”, concluye Jorge Buenavida.