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Parejas que siguen su amor en la residencia: sus consejos para una relación duradera

San Valentín en las residencias Bouco; toda una vida de cariño, respeto, constancia y compromiso

No intentar cambiar a la pareja, respetar los espacios individuales y no acostarse nunca sin antes haber resuelto algún disgusto o enfado que se haya tenido durante el día. Estos son los tres ingredientes de la receta de amor que ha llevado a Maite y Pepe, ambos octogenarios, a renovar sus votos matrimoniales tras cincuenta y seis años casados. Lo han hecho en la capilla de la residencia malagueña Bouco El Limonar de emeis, donde siguen tan unidos como el primer día y donde han encontrado espacios de serenidad y un nuevo cariño que viene acompañado de la experiencia de los años compartidos.

Lo explica con sus propias palabras Maite, maestra de profesión, que también refiere con mucha ternura sus primeros sentimientos hacia Pepe: "mil mariposas volaban en el estómago cada vez que le veía". Se casó al fin con este médico, con quien tuvo cuatro hijos, que le han dado tres nietos. Es a estos a quienes pide "que no rompan los trozos; si el amor parece romperse, que los peguen". ¡Ah!, y que siempre sean buenas personas, "reconocibles por lo que son y no por lo que tienen".

Lecciones de amor y de vida parecidas transmite otra pareja que reside en Málaga, también en un centro de la firma emeis, Bouco Puerto Banús. Son Francisco y Pilar, dos profesores que se enamoraron cuando eran compañeros en un colegio de Jaén. Este matrimonio, que lleva nada más y nada menos que sesenta y dos años casados, a los jóvenes les recomiendan constancia, compromiso y estar "en lo bueno y en lo malo".

Flores, chocolates y paseos de la mano, la magia de los primeros detalles

Así han estado ellos, siempre el uno para el otro, durante las más de seis décadas que llevan casados. Francisco ya ha cumplido los noventa y Pilar tiene ahora ochenta y cinco. Según cuenta ella, desde el primer momento él fue muy detallista: "en los primeros meses de enamoramiento hubo momentos muy bonitos; recuerdo cuando los dos estábamos en el colegio dando clases y él salía un poco antes, me esperaba en la puerta para recogerme y regalarme unas flores o unos chocolates; es la magia de los primeros detalles".

"Me gustaba sorprenderla", responde él, "llevarla a pasear de la mano por el parque y luego ir a tomar un café o merendar, terminando las tardes charlando de nuestros planes de futuro". Quién iba a decirles que estarían juntos toda una vida y que criarían a cinco hijos, de los que hoy presumen.

También puede decirse que es un "amor eterno" el de los nonagenarios residentes en Bouco Torrelodones, de Madrid, Josefa y Víctor. Ella tiene noventa y un años, él noventa y dos. Se conocieron cuando ambos trabajaban en una fábrica y él enseguida le presentó sus respetos al padre de ella, con la consiguiente bendición para que se hiciesen novios.

Amor en la distancia: cartas y paciencia, mucha paciencia

Es así como se hacían las cosas antes, reflexionan. El respeto iba por delante, un aspecto de las relaciones sentimentales que consideran esencial y que recomiendan no perder en el caso de las parejas jóvenes. Respeto y amor, y si alguno de ellos falta, "que se separen; si no hay amor, no merece la pena seguir". Y añade Víctor: "Pepi es lo más grande, ha sido muy guapa y más buena aún".

Inés y Germán, ambos de noventa y cuatro años, coinciden en citar la consideración hacia el otro como el pegamento de los matrimonios. Ellos pasaron por el altar hace más de seis décadas, y no se separan. Juntos, desde Bouco Punta Galea, en la localidad madrileña de Las Rozas, evocan los mejores y peores momentos de su vida en pareja. La primera vez que fueron ellos dos solos al cine y, en el otro lado, cuando Inés se tuvo que ir a Madrid a trabajar y Germán se quedó en el pueblo, en Mérida. La relación se mantuvo gracias al enamoramiento y a las cartas que se mandaron hasta que pudieron reunirse en la capital.

De carácter epistolar fueron, asimismo, los primeros tiempos de la relación entre Begoña y Víctor, que se conocieron a través de unos amigos. Lo suyo fue "amor a primera vista" y cuando cumplieron la mayoría de edad se trasladaron a Madrid para poder casarse y estar siempre juntos. Desde la residencia Bouco Villanueva de la Cañada, este matrimonio que dura ya sesenta y tres años aporta su secreto para vivir felices siempre: la paciencia (con mucho amor, claro).

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