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Popcorn brain: la hiperconectividad desafía la concentración en el trabajo

Definir marcos de comunicación, diseñar flujos de trabajo o reservar momentos de concentración en la planificación diaria, son algunas de las claves que señalan los expertos de Gi Group Holding para evitar perder la atención en el ámbito profesional. El efecto popcorn brain hace referencia a la incapacidad de concentrarse en una tarea durante un período prolongado de tiempo

En un entorno laboral cada vez más digitalizado y marcado por la hiperconectividad, mantener la concentración se ha convertido en uno de los grandes retos de la productividad. En ese contexto surgen conceptos nuevos como el de popcorn brain, que hace referencia a la capacidad de atención limitada y la alternancia de un pensamiento a otro donde el origen está en la estimulación digital excesiva. Es decir, a medida que las tareas se multiplican y los canales de comunicación se superponen, el foco se fragmenta con facilidad. No se trata únicamente de una cuestión individual, sino de una dinámica que se alimenta de modelos de trabajo que priorizan la disponibilidad permanente y la respuesta inmediata.

En este contexto, desde Gi Group Holding, multinacional que ofrece soluciones 360º de RRHH, han elaborado una serie de 5 claves para mitigar el impacto del popcorn brain en el entorno laboral:

Definir marcos claros de comunicación interna. Mensajes que llegan a cualquier hora, reuniones improvisadas o cadenas interminables de correos suelen dificultar el avance en las tareas. Por eso, establecer criterios claros sobre el uso de cada uno de esos canales de comunicación es clave para ordenar la dinámica laboral. Una comunicación interna estructurada reduce interrupciones, mejora la coordinación y evita malentendidos, lo que da como resultado un entorno de trabajo más productivo y saludable.

Diseñar flujos de trabajo que reduzcan al mínimo las distracciones. La sobresaturación suele aparecer cuando las prioridades cambian constantemente y las tareas se acumulan sin un criterio. Ante esto, establecer objetivos definidos y realistas es el primer paso para recuperar el control y avanzar de forma eficiente. Con una planificación adecuada, es posible mantener la atención en una tarea, mejorar la productividad y sostener un ritmo de trabajo equilibrado y sin distracciones.

Incorporar tiempos de concentración en la planificación. Reservar espacios sin interrupciones dentro de la jornada laboral permite que las personas puedan avanzar en tareas o proyectos. Estos bloques de trabajo ayudan a equilibrar la interacción necesaria (reuniones, coordinación, comunicación) con momentos de foco real. Planificar estos momentos favorece una mejor gestión de prioridades, reduce el estrés asociado a la sensación de "no avanzar" y mejora la calidad del trabajo al permitir analizar, resolver problemas y tomar decisiones con mayor claridad.

Alinear liderazgo y políticas de empresa. Los comportamientos de los responsables de equipo pueden reforzar o debilitar las políticas internas, principalmente porque lo cotidiano suele tener más impacto que las normas escritas. Cuando los directivos actúan con coherencia, por ejemplo, evitando la hiperdisponibilidad y respetando los tiempos de trabajo y descanso, se reduce la sensación de urgencia permanente y la presión sobre los equipos. Esto ayuda a disminuir interrupciones innecesarias, mejora la planificación y facilita que los equipos mantengan la concentración sin caer en dinámicas de disponibilidad constante o multitarea improductiva.

Formar en el uso eficiente de entornos digitales. La capacitación de los equipos para gestionar la información de forma estratégica, es decir, filtrando lo relevante, estructurando tareas y estableciendo prioridades, permite reducir la sobrecarga y evitar dinámicas de trabajo basadas en la reacción constante. Cuando las personas dominan herramientas digitales (chats, gestores de tareas, calendarios o plataformas colaborativas) y aprenden a utilizarlas con criterio, contribuye a crear rutinas más ordenadas, mejor planificación del tiempo y del trabajo que favorece la eficiencia.

"A lo largo del tiempo, el entorno de trabajo ha sido un factor clave para la productividad de los equipos. Sin embargo, en el contexto de hiperconexión en el que operamos hoy, este impacto se intensifica: la avalancha constante de estímulos fragmenta nuestra atención, dificulta el trabajo profundo y nos desvía de lo esencial. Fenómenos como popcorn brain muestran cómo la concentración se ve cada vez más amenazada y, además, cómo perdemos espacio valioso que deberíamos dedicar a escuchar y acompañar a las personas. Desde RRHH, la respuesta pasa por crear condiciones laborales que protejan el foco: clarificar objetivos, priorizar lo importante y diseñar flujos de trabajo que reduzcan la saturación. Cuando las dinámicas son coherentes y predecibles, disminuyen las interrupciones, mejora la coordinación y se recupera no solo un ritmo de trabajo más sostenible, sino también la calidad del vínculo humano", afirma Silvia Martínez, People & Culture Director de Gi Group Holding.

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