Parece que en la sociedad y en la política española hay muchos secretos admiradores y seguidores de los métodos que hicieron famoso a Joseph Goebbels.
Éste fue un político alemán que ocupó el cargo de Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945.
Era uno de los colaboradores más cercanos de Adolf Hitler y era conocido por su talento como orador, su profundo antisemitismo y su respaldo a una discriminación racial cada vez más severa.
Sus adversarios políticos lo consideraron un temido demagogo y agitador de masas, reputación que comenzó cuando Goebbels organizó disturbios y enfrentamientos en las calles contra los comunistas en Berlín.
El uso de discursos vívidos y manifestaciones públicas violentas lograron aumentar el número de seguidores del partido.
Su impacto en la vida cultural fue considerable, ya que con su Ministerio construyó o destruyó la carrera artística de muchos alemanes.
Goebbels padecía un trastorno de la personalidad que le hacía buscar adictivamente el reconocimiento y el elogio.
Goebbels fue el rey de la propaganda verdadera y falsa de la época nazi y entre sus principios de propaganda hay muchos que clavan a la perfección las acciones u omisiones de Sánchez, su marioneta Bolaños y el resto de ministros pelota.
En Alemania, el caldo de cultivo para actuar sin ningún escrúpulo era la pérdida de la Primera Guerra Mundial, la crisis económica, el patriotismo, la mala imagen de los judíos y eslavos a los que se culpaba de todos los males, y la aspiración de volver a ser un gran país.
Hitler, Goebbels y compañía buscaron un enemigo común (extranjeros, comunistas y especialmente los judíos), y conceptos que sonaban bien a los oídos de los alemanes (la superioridad de raza, ser una nación superior, dominar el mundo...).
Así, poco a poco fueron cercenando todas las libertades y extendiendo el miedo a todo el que no comulgaba con sus ideas y acciones.
En España, Sánchez está intentando lo mismo desde hace 7 años, pero tenemos la suerte de que al menos hasta ahora no le está saliendo muy bien porque él y los suyos son menos hábiles, los españoles no somos tan tontos como el propio Sánchez cree, y los jueces y policías han sido valientes y han resistido todos los intentos de torpedear las investigaciones de la mayor red de corrupción de la democracia española.
Si Sánchez, con alguno o varios de sus trucos y artimañas consiguiera salir indemne de los huracanes que le amenazan a él, su partido, su familia y su Gobierno, el futuro de España y sus libertades sería tan negro como la esvástica que coronaba la bandera del Tercer Reich.