Opinión

El increíble caso del hombre menguante

En Murcia, desde el fallecimiento del alcalde D. José Ballesta, la política municipal parece haberse convertido en una secuela tardía de El increíble hombre menguante. El protagonista involuntario —el concejal D. José Guillén— no ha cambiado de tamaño, pero sí de escala: lo que antes era diligencia ahora se interpreta como intromisión, lo que antes era liderazgo ahora se etiqueta como exceso, y lo que antes era confianza ahora se reescribe como sospecha. Porque conviene recordarlo: Guillén no actuaba por libre. Actuaba con patente de corso, o dicho en lenguaje de Glorieta, con la confianza directa del alcalde para vigilar, preguntar y revisar. Su papel no era invadir áreas ajenas, sino saber —como buen pastor delegado— qué oveja del corral cojeaba. Pero el pastor ya no está. Y ahora, la oveja es el pastor, y lo quieren trasquilar.

Desde la comparecencia de trabajadores de las empresas municipales en un acto municipal, el PSOE ha desbordado un guión evidente: desmontar la estructura de alfiles que Ballesta dejó en el tablero. No es una crítica técnica. No es una comisión rutinaria. Es una jugada política. Y como toda jugada política, tiene un objetivo: aislar a la alcaldesa. Porque desde que la regidora dejó caer —quizá con sinceridad, quizá con ingenuidad— que no tenía claro si se presentaría a la reelección, algunos tomaron nota. En política, la duda es un lujo que se paga caro. Y lo que dices… y lo que no dices… se convierte en munición. El PSOE, por su parte, hace su papel institucional: denuncia, compara, agita. Incluso, ha rescatado el fantasma del “caso Roque Ortiz” y ha insinuado que hará falta que el presidente regional” venga a poner orden”. Pero esa comparación, más que un ataque externo, huele a fuego amigo amplificado. Porque el verdadero interés no está fuera. Está dentro.

Ahora que Murcia ha terminado los postres de la efeméride Murcia 1200, llega el momento de los ajustes. Y ya se sabe: cuando muere el rey, alguien siempre recoge la daga. La pregunta no es si hay una daga. La pregunta es quién la sostiene. ¿Quién gana si Guillén mengua? ¿Quién gana si la alcaldesa queda aislada? ¿Quién gana si el legado ballestista se fragmenta en piezas sueltas? No hace falta señalar nombres. Basta con mirar el tablero. Pues el relato de la memoria de Ballesta, y lo digo en sentido literal, muere también cercenando al que fue su mano de derecha en Consejerías como la de Ordenación Territorial o aquella que ostentaba eso de Argem una extraña Fundación.

Conviene no subestimar a José Guillén. Se le presenta como un concejal de segunda línea, pero ha pasado por política territorial, economía, gestión municipal y empresas públicas. Y en todos esos ámbitos, ha visto, ha oído y ha aprendido. A veces, en política, el que calla no es el que menos sabe, sino el que más vale. Por eso su menguante no es solo personal. Es estratégico. Porque si Guillén mengua, mengua también la memoria operativa del ballestismo. Y si mengua el ballestismo, la alcaldesa queda sola.

El “increíble caso del hombre menguante” no es una anécdota. Es un síntoma. Un síntoma de que en Murcia se está reconfigurando el poder tras la desaparición del líder que mantenía cohesionada la estructura. Y como siempre, en política local, lo que parece un ajuste técnico es, en realidad, una batalla por el relato y por el futuro. La pregunta no es si Guillén mengua. La pregunta es: ¿quién crece mientras a él lo encogen y con qué interés?

Fdo. Alfonso Galdón

Presidente de Valores

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