En la Murcia “pepera” y sus círculos vemos cada cierto tiempo que alguien decide que es momento de reescribir la Historia.. Y cuando eso ocurre no hace falta inventar un escándalo: basta con reproducir el eco de una polémica antigua, cambiarle el envoltorio y presentarlo como novedad. Eso es exactamente lo que está pasando con el llamado “caso Guillén”, que de caso tiene poco y de estrategia tiene mucho. Porque lo que hoy se señala como anomalía no es más que la repetición, casi calcada, de una situación que ya vivió Don José Ballesta en su etapa al frente del Ayuntamiento.
No estamos ante un ejercicio de transparencia. Estamos ante un ejercicio de memoria selectiva. Y la memoria selectiva, en política, nunca es inocente.
Se ha construido un relato en el “no caso Guillén” donde se insinúa más de lo que se afirma, donde se argumenta que se prorrogan contratos, donde se convocan comparecencias que no aportan nada, donde se agitan sospechas sin concretarlas. Es la técnica clásica: reunir los datos justos para no decir nada, pero sugerir todo. Un método tan viejo como eficaz para que el ruido sustituya a los hechos y el libelo se disfrace de fiscalización.
Hay un guión. Un guion que busca aislar a la Alcaldesa, debilitar el legado de Ballesta y recolocar el tablero a conveniencia de otros. Y lo que se presenta como transparencia no es más que estrategia. Una estrategia demasiado evidente como para confundirla con virtud.
Pero conviene mirar el tablero completo: Porque Guillén no es el objetivo , es el objeto contra el objetivo.
El verdadero movimiento está en otro sitio: en Rebeca Pérez. Desde que la Alcaldesa dejó caer, con sinceridad o con prudencia, eso solo lo sabe ella, que no tenía claro si se presentaría a la reelección, algunos tomaron nota. En política, la duda no se perdona. La duda se aprovecha.
Y ahora, con el “no caso Guillén”, se está generando el clima perfecto para empujar a la primera edil hacia los brazos de López Miras. No por afinidad, sino por necesidad. Porque si la presión aumenta, si el ruido crece, si el desgaste se hace insoportable, la Alcaldesa se verá obligada a apoyarse en el presidente regional para resistir. Y ahí es donde aparece el verdadero interés.
Con la Alcaldesa debilitada, López Miras gana margen. Margen para tomar un espacio dónde tener cortafuegos y dónde poder prender mechas para utilizarlas como lo está haciendo ahora mismo, utilizando los cambios municipales de cortina de humo o tanto como querer transmitir que la Alcaldesa no sabe sostener el equilibrio municipal.
Llegado el momento, Miras buscará margen para convencer a la Alcaldesa de que no repita. Margen para colocar a un candidato más alineado con su propio modelo. Margen, en definitiva, para decidir el futuro del PP en Murcia sin interferencias de la murcianía pepera que siempre ha tenido voz propia.
Por eso este episodio no va de Guillén. Va de quién controla el relato. Va de quién decide el candidato. Va de quién mueve el árbol y quién recoge la fruta.
Porque freír a fuego lento al PP municipal no es un accidente: es una técnica. La técnica de agitar el árbol, de hacer que sople el viento, de generar la sensación de que algo se tambalea aunque nada se haya movido realmente. Y mientras tanto, se espera a que caiga la pieza que interesa.
Pero llegados a este punto, conviene recordar algo elemental: este es el mismo Grupo Municipal PP que soportó la traición de Ciudadanos, que ganó las elecciones con mayoría, que perdió a su Alcalde y aun así está manteniendo la estabilidad institucional. Si les queda coraje de Grupo pararan a Miras y sus voceros.
Un equipo que ha sobrevivido a vendavales no se va a asustar ahora por céfiros de interés político y fuego amigo…
Un equipo que ha sobrevivido a vendavales no se va a asustar ahora por céfiros de interés político y fuego amigo…
Por eso, antes de que algunos sigan alimentando el cuento del lobo, conviene decirlo con claridad: menos lobos, Caperucita.
Alfonso Galdón
Presidente de Valores