El filósofo Quintín Racionero Carmona fue una de las figuras más brillantes de la filosofía española del siglo XX y comienzos del XXI. Su trayectoria académica se caracteriza por una gran erudición histórica, amplitud temática y ambición teórica. Nació en Madrid en 1948 y estudió simultáneamente Filosofía y Filología Clásica en la Universidad Complutense. Obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura y posteriormente el doctorado con una tesis sobre la filosofía de Leibniz titulada Ciencia e historia en Leibniz. El concepto de historia de la filosofía y la estructura relacional de la epistemología leibniziana.
En su tesis ya mostraba unas líneas de investigación que serían constantes en su filosofía: la atención a la historia de las ideas, el interés por la racionalidad moderna y la profunda convicción de que la filosofía no puede separarse de los desarrollos históricos y culturales en los que surge.
En sus primeros años de docencia ejerció como profesor de instituto y simultaneó esa labor con tareas de investigación y docencia universitaria. Entre 1978 y 1984 fue profesor adjunto de Historia de la Filosofía en la Complutense, y posteriormente profesor titular en esta misma universidad. Durante esos años amplió estudios en París, Erlangen y Hannover, y también entró en contacto con diversas corrientes filosóficas europeas, especialmente con las de la tradición alemana. El pensamiento alemán, desde Leibniz hasta Heidegger, dejó una huella decisiva en su modo de filosofar.
En 1990 obtuvo la cátedra de Filosofía en la UNED, dónde desarrolló la etapa más extensa de su carrera académica. Se convirtió en un profesor enormemente admirado por varias generaciones de estudiantes. Su prestigio no se debía solo a su erudición. Poseía un estilo docente apasionado, lleno de conexiones históricas y culturales, que transformaban las clases en auténticas exploraciones intelectuales. Su extraordinaria capacidad oral se ponía de manifiesto en su enseñanza, relacionando autores muy distintos en una misma problemática filosófica.
Pensó la crisis de la modernidad desde una perspectiva postmoderna, aunque distinta de la posmodernidad relativista o escéptica. Hablaba de una pragmática limpia, que es la de filósofos como Habermas y Apel, frente a la de otros pensadores que no aplicaban los análisis pragmáticos de una manera realmente racional. La racionalidad humana, piensa Quintín Racionero, nunca opera en condiciones ideales o puras, sino en contextos históricos concretos, atravesados por conflictos, relaciones de poder, intereses y contingencias.
La filosofía de Quintín Racionero es controversial y está abierta al pluralismo y a la discusión de ideas. Desde sus planteamientos el pensamiento no debe pretender crear sistemas cerrados y definitivos, sino aceptar y asumir la diversidad de perspectivas.
Sus investigaciones se centraron en tres grandes campos: la filosofía antigua y medieval, la de Leibniz y el Barroco y la filosofía contemporánea. Fue uno de los principales especialistas españoles en Leibniz y participó en la fundación de la Sociedad Leibniz en España. Destacó especialmente por su trabajo sobre Aristóteles, en particular, su traducción y estudio de la Retórica.
El Barroco le interesaba porque reflejaba numerosas tensiones también presentes en la actualidad: fragmentación del sujeto, complejidad política, pluralidad de perspectivas, etc. En algunas de sus obras y ensayos muestra el agotamiento de las grandes narraciones históricas y en la necesidad de repensar la democracia en las sociedades complejas y fragmentadas de la actualidad. Se preguntaba si es posible pensar en una renovación del ideal democrático desde la crítica posmoderna.
Entre sus libros más conocidos destaca La inquietud en el barro, una extensa obra dedicada a la historia de la filosofía antigua y medieval. La filosofía nace de la inquietud y el barro representa o simboliza la condición histórica y contingente de los seres humanos. Racionero fue un intelectual extraordinariamente culto. Dominaba varias lenguas clásicas y modernas y poseía una inmensa cultura libresca, literaria y artística. También sentía un gran interés por la arquitectura, el urbanismo y la historia cultural europea.
En su libro El fin de la filosofía de la historia escribe Racionero "La historia ya no puede pensarse como una marcha única y universal hacia el progreso." En realidad, considero que ya se está observando en estos últimos años que las guerras y el capitalismo de la vigilancia están empeorando notablemente la vida de las personas, ya que, por ejemplo, la privacidad está desapareciendo con el aprovechamiento publicitario de los datos que se dejan en Internet. Si a esto se añade la desigualdad económica brutal y la pobreza existente es evidente que no se puede hablar de progreso de una manera objetiva.
Otra idea de Racionero es que la retórica no debe reducirse a una simple manipulación verbal. Entendía que toda sociedad vive mediante discursos, intentos de persuasión y conflictos interpretativos.
Escribe también que "El Barroco no es solamente un estilo artístico; es la conciencia de que el mundo ha perdido su centro." En efecto, por eso Leibniz que intenta construir una armonía racional en la fragmentación de la Europa de su tiempo se convierte en un pensador de la complejidad. Esto es algo de lo que está plenamente convencido Quintín Racionero.
Murió en 2012, después de una larga lucha contra el cáncer, a los 63 años. Su desaparición dejó una profunda huella en la filosofía española actual.