Me pregunto sobre cuál es el lado correcto de la Historia. Por citar un par de ejemplos próximos, me pregunto : ¿el de los miles de venezolanos que hace ya unas cuantas semanas gritaban “libertad, libertad, libertad” en la Puerta del Sol de Madrid, o el del apoyo de Pedro Sánchez, en la China comunista, a uno de los peores dictadores del planeta? La expresión “estar en el lado correcto de la Historia” se usa mucho como arma moral, aunque casi nunca como herramienta de análisis.
Suele presentarse como si la Historia tuviera una dirección inevitable y una sentencia ya escrita, o como si bastara con alinearse con un discurso para adquirir legitimidad.
Por un lado, los miles de venezolanos en la Puerta del Sol gritando “libertad” representan una reacción humana y política frente a una realidad concreta : exilio, crisis económica, represión y deterioro institucional en Venezuela; es decir, desde una óptica liberal y democrática defender libertades civiles, elecciones limpias y separación de poderes es una posición moralmente sólida.
Por otro lado, el apoyo diplomático o la cercanía política de Pedro Sánchez hacia China (o hacia su liderazgo) puede interpretarse de formas distintas.
Algunos lo ven como práctica geopolítica o económica y otros (la inmensa mayoría, en mi opinión) como incoherencia moral, al omitir cuestiones como derechos humanos, censura o persecución política bajo el liderazgo de Xi Jinping.
La cuestión de fondo es : ¿la Historia juzga por las intenciones, por los resultados o por los principios? Si uno toma como criterio la defensa de la libertad individual, la democracia pluralista y los derechos humanos, probablemente se acercaría más a quienes claman libertad frente a regímenes autoritarios.
Si el criterio es el realismo político, algunos justificarán pactos o alianzas con potencias autoritarias por interés económico o estratégico.
Históricamente, con el tiempo quedan mejor posicionados quienes defendieron derechos y libertades frente a sistemas opresivos, pero la Historia también está llena de Gobiernos que apoyaron dictaduras mientras les convenía.
Quizá el “lado correcto” no lo decide la propaganda del presente, sino una combinación de tres cosas : coherencia moral, defensa de la dignidad humana y resultados reales para las personas.
Y bajo ese criterio, el grito de “libertad” envejece mejor que la foto con el poder (la de Pedro Sánchez con Xi Jinping, por ejemplo). La situación política en España es que somos un país gobernado por un líder cuyas decisiones sólo se explican por su voluntad de permanecer en el poder.
El que va de espejo de los Derechos Humanos no duda en fotografiarse cuando puede junto a uno de los peores dictadores del planeta.. Estamos jodidos, y perdonen la expresión, por depender de quienes deciden en función de lo que ven en el espejo, y estamos a merced de las emociones de quienes nos gobiernan.
Por eso, el futuro es imprevisible, nada halagüeño, si seguimos con el propio Sánchez ahondando en el lado incorrecto de la Historia. Lo que sí es cierto es que las leyes morales son siempre las mismas, son inmutables, y la razón es que trascienden todas las culturas y todas las épocas.
Estas leyes morales no pueden ser cambiadas ni tampoco superadas sin destruir nuestra condición humana.