Opinión

Hantavirus: todos a comprar papel higienico

Que la historia es cíclica es algo que cualquiera puede comprobar mirando un poco hacia atrás. Vivimos como los hámsters dentro de su rueda: dando vueltas constantemente y creyendo que avanzamos, cuando muchas veces lo único que hacemos es retroceder. Y para ejemplo, la España actual y este Gobierno, empeñado en resucitar constantemente los peores fantasmas del pasado mientras convierte la improvisación en forma de gobierno.

Y digo esto después de los recientes acontecimientos relacionados con el famoso crucero en el que varios pasajeros han dado positivo por un nuevo virus: el hantavirus.

Automáticamente, la memoria colectiva viaja al 14 de marzo de 2020, cuando aquel Gobierno que aseguraba que "todo estaba controlado" terminó encerrando a millones de españoles en sus casas con el estado de alarma y el confinamiento.

Conviene recordar algunos detalles que ciertos ministros parecen haber borrado de su memoria selectiva. El primer caso de COVID-19 en España se detectó el 31 de enero de 2020 en La Gomera. El primer fallecido conocido se produjo el 13 de febrero en Valencia. Mientras el virus avanzaba silenciosamente por toda España, el Gobierno repetía que no había riesgo, que no era grave y que el entonces gran gurú epidemiológico nacional, Fernando Simón, afirmaba que habría "como mucho uno o dos casos".

Todos conocemos el resultado de aquella brillante previsión científica.

Finalmente, el 14 de marzo llegó el confinamiento general y, con él, uno de los mayores desastres de gestión política y sanitaria de nuestra historia reciente.

Desde 2020 hasta que la OMS levantó oficialmente la emergencia en 2023, España vivió una mezcla explosiva de improvisación, desinformación, contradicciones diarias, corrupción con mascarillas, escándalos políticos y decisiones arbitrarias. Mientras otros países reaccionaban con coordinación y previsión, aquí el Gobierno parecía actuar como quien intenta apagar un incendio con gasolina y ruedas de prensa.

El resultado fue demoledor: más de 130.000 fallecidos y una sensación permanente de caos institucional. Poco ayudó aquel famoso "comité de sabios" que después descubrimos que prácticamente existía al mismo nivel que el mago Merlin.

Por eso reconozco que yo ya he empezado a comprar papel higiénico. Nadie sabe todavía qué propiedades milagrosas tenía contra el COVID, pero en cuanto aparece una nueva amenaza vírica, el español medio entra en trance y corre al supermercado como si el fin del mundo empezara por el pasillo de la celulosa.

Y ahora llega el nuevo episodio del esperpento nacional.

Nuestro Gobierno social comunista ha decidido, sin consultar prácticamente con nadie, hacerse cargo del famoso crucero con bandera neerlandesa cuyos pasajeros están afectados por hantavirus. Curiosamente, los Países Bajos parecen haber decidido mirar hacia otro lado mientras España vuelve a asumir el papel de ONG sanitaria internacional.

Eso sí, la coordinación vuelve a ser digna de estudio psiquiátrico.

Se reúnen la ministra de Sanidad y el ministro del Interior —menos mal que todavía no han resucitado al "comité de sabios"— mientras el presidente del Gobierno continúa en su habitual modo desaparición selectiva. Y deciden trasladar el barco a Canarias sin ni siquiera informar previamente al presidente autonómico, que prácticamente se enteró por la prensa.

Pero lo más sorprendente llega con las explicaciones oficiales. Intentan justificar la decisión afirmando que la OMS obligaba a España a acoger el crucero. Y, como ya ocurrió durante la pandemia, la realidad vuelve a estropear el relato gubernamental.

Ni la normativa europea ni los reglamentos internacionales obligan a España a hacerse cargo del barco si existen alternativas sanitarias o evacuaciones parciales, como ya se habían realizado previamente por vía aérea. Pero cuando este Gobierno entra en pánico mediático, la verdad suele ser el primer confinado.

Mientras tanto, las comunidades autónomas afectadas denuncian falta absoluta de información y las fuerzas de seguridad reconocen no disponer ni de protocolos claros ni de instrucciones precisas. Todo vuelve a improvisarse sobre la marcha, exactamente igual que ocurrió con el COVID-19.

No existen protocolos definidos de desinfección, tampoco un plan sanitario transparente y, por supuesto, continúan minimizando públicamente el problema mientras reconocen internamente que ni existe vacuna ni tratamiento específico.

Dentro incluso del propio Ministerio de Sanidad ya han surgido discrepancias sobre cómo gestionar el episodio y sobre el posible traslado de pacientes al Hospital Militar Gómez Ulla. Algunos funcionarios reconocen abiertamente que la situación "les viene grande" y que el Gobierno vuelve a destruir su credibilidad sanitaria a pasos agigantados.

Pero la auténtica guinda del pastel ha sido la reaparición pública de Fernando Simón, que sigue cómodamente instalado en su puesto después de haber sido uno de los rostros principales de la gestión más desastrosa de Europa durante la pandemia.

Y, como si viviéramos atrapados en un bucle infinito, vuelve a repetir prácticamente el mismo discurso de 2020: que serán "uno o dos casos".

A este paso, más que hantavirus, acabaremos todos hasta los "hantahuevos" de tanta improvisación, propaganda y chapuza institucional.

José García Martinez.

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