Opinión

¿Test psicomorales para cargos de la Política?

Uno, de los fines, de los varios del columnismo de opinión es hablar y escribir de cualquier cosa, que esté bajo el mandato de la ley y de la moralidad. Éste y esta es una pregunta.

Voy a escribir una pregunta que hoy es una herejía, pero creo que el fin y el motivo del articulismo de opinión es expresar “herejías con sumo respeto”, entiéndame. Redactar cuestiones, datos, argumentos, preguntas, que quizás en otro lugar no puedan hacerse… Me pregunto, le pregunto a usted, ante una oleada, digamos de escándalos y corrupciones, me vuelvo a preguntar, y, le vuelvo a cuestionar: ¿Sería cuestión que a determinados cargos de la administración pública, a partir de un nivel de responsabilidad y de poder, se les hiciese un test psicomoral o psicoético? Existen test de personalidad, existen test de memoria, existen tests de inteligencia, y, otros, que la rama de la psicología ha ido desgranando/conceptualizando a lo largo de este último siglo…

Me pregunto, y, le pregunto a usted, ante esa marea de “amoralidades e inmoralidades y antimoralidades”, no pondremos nombre de personas acaecidas y en tribunales jurídicos, y, ante diversas informaciones me pregunto, aunque seamos una sociedad en parte secular, después que llevamos sufriendo dos siglo y un poco más, de embates de escritores, pensadores y filósofos hablando contra la moral y ética de siglos, -que siempre en Europa ha estado en evolución, nunca ha estado cristalizada y escultorizadas, sin moverse, sino siempre en movimiento me pregunto ha llegado la hora-, que a las personas que ocupan los niveles más altos de la responsabilidad políticas y administrativa, no sé desde qué nivel, sería conveniente que se les hiciesen, aunque sea en un sistema secreto y discreto sólo conocido por alguna entidad pública o, y, de la misma formación que se presenta, una batería de test entre otros de personalidad, de inteligencia, de suficientes estudios oficiales terminados, y, test psicomorales…

¿Tiene derecho la población y la ciudadanía, aunque no sean informados, pero indirectamente, tienen derecho que los Cargos de Responsabilidad Política, no sé desde qué nivel, tengan una ética y moral, una personalidad psicológico y moral equilibrada, o dicho de otro modo, no tenga un exceso de avaricia, soberbia, vanidad, lujuria, gula-ebriedad, etc.? ¿Tiene la población, no saber ese dato, que puede entrar en ser patrimonio de la privacidad de cada uno, pero que existan los resortes, que si hay personas que tienen un defecto grave en ese tema, no acaben teniendo un gran poder en la administración Política? (Siempre se pone el ejemplo de Beria, que hizo maldades enormes, en diversos niveles, que los mismos de su formación ideológica siempre han admitido…).

Recuerdo hace cinco o seis décadas cuándo en Estados Unidos y en otras sociedades y países y Estados occidentales, no se admitían, no serían votados tampoco, personas que se hubiesen divorciado. Hemos visto que la situación ha cambiado… Pero ahora, nos tenemos que hacer la pregunta, si damos a los Poderes Superiores del Estado y de la Administración, les damos un gran poder, cada uno en su ámbito, nos preguntamos sería conveniente test, al menos test psicomorales, test de personalidad, test de diversos temáticas, antes de que terminen ocupando esos escaños medianos y altos de la escalera del poder y del Poder. Test que ni siquiera sé si existen, ni siquiera sé si se podrían hacer, ni siquiera sé si las ramas de la psicología serían capaces y se pondrían a realizarlos y a catalogarlos y a valorarlos y ponderarlos su valor… Pregunto.

Recuerdo haber leído, que muchos regimientos y divisiones en la primera guerra mundial, quedaron diezmadas porque informaciones de sus movimientos y tácticas, los mandos, medios y altos, se los pasaban sin darse cuenta, a las “personas que al lado tenían relaciones sentimentales”, y, que no eran sus esposas. Después de terminar ese conflicto que iba a ser la Última Guerra de la Humanidad, la Gran Guerra. Pues todo el mundo sabe que no fue la última, pero aprendieron los mandos de los ejércitos de Europa, y, dicen, no sé cómo y cuándo y cuánto, organizaron de tal forma y tal manea, para “que las parejas sentimentales de los niveles altos del ejército o de algunos de los ejércitos”, se relacionasen seguros y de forma discreta –con amantes y amoríos que no eran sus esposas oficiales-. Eso es lo que leí hace mucho tiempo. No sé qué grado de verdad tiene este enunciado. No sé, si en estas décadas esta información se ha negado o se ha confirmado…

Me pregunto si esos test que combinarían la psicología de la personalidad y la psicología de la moralidad, en sentido amplio. No estamos hablando de censura, no estamos hablando de inquisición. Pero si estamos hablando que los altos cargos que llevan altas cargas, que sus decisiones influyen en millones de personas, la sociedad puede y debe exigir que existan unas garantías mínimas. Ya que estamos hablando antes de guerras y conductas, se decía, que la aviación norteamericana en la primera guerra mundial, los pilotos fueron más eficientes, porque los sometían a test antes de ponerlos a volar y ponerlos a entrenar.

En mil oficios se exigen test de personalidad, de formas directas e indirectas.. Pienso que en los Cargos y Cargas de la Administración Política del país y de la sociedad y del Estado, creo que habría que plantearse hacerlo también… Pero dejo esta cuestión a los sabios de la ciencia política, a los sabios de la filosofía política, a los sabios de la teoría política, a los sabios de la práctica política. A esos sabios les dejo su estudio y análisis de esta cuestión. Al final, este escribiente es sólo un modesto articulista de opinión, que el señor Prada dice que sólo escribe para diez o veinte lectores que todavía tiene. En su caso, me alegro por él, y, por todos los escritores que tienen muchos lectores, en su caso es retórica, metáfora, simbolismo, etc. Pero en el caso de este escribiente, es real, sólo tiene diez o veinte lectores… en algún tema, quizás llega al centenar.

Pero de paso, sin entrar en temas concretos, ni en nombres concretos, ni en personas concretas… Imagine usted que existe una empresa A, que trabajan cien personas. Imaginen que en esa entidad A, que trabajan cien personas contratadas, cinco o tres personas, saben que una, nunca va a trabajar durante tres meses. Que no va a trabajar durante seis meses… Por supuesto que nadie se atreve a decir nada. Aunque posiblemente, las cien personas que trabajan, al menos noventa lo saben.

La pregunta que se hace en la calle, si nadie se atreve a expresar esa realidad por los cauces normales empresariales, qué sucede con esa persona. Me pregunto, nadie es capaz de enviar una “información secreta, con algunos datos”, a uno de los equipos de investigación de las docenas de periódicos que se pondrían a investigar… Por tanto, que falla, si es que falla algo, no fallan muchas dimensiones de la escala del poder en la empresa A y fuera de la empresa A, esa que hemos denominado A. Pero esto es un ejercicio mental, como diría Einstein, esto es un experimento mental, esto no sucede, ni ha sucedido, ni sucederá… Paz y pan y bien…

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