Opinión

Kropotkin, por José Manuel López

Uno de los principales teóricos del anarquismo es Kropotkin que nació en Rusia en 1842, cuando formaba parte del Imperio ruso, y falleció en 1921. Elaboró el denominado anarcocomunismo. Su biblioteca particular llegó a reunir alrededor de 20.000 libros. Su biblioteca reflejaba su amplitud intelectual: incluía obras de geografía, biología, historia, filosofía y política. Era una herramienta de trabajo esencial para sus investigaciones científicas y sus escritos anarquistas. Durante sus años de exilio, los libros le acompañaron como base de estudio y reflexión. Tras su regreso a Rusia, parte de su colección la conservó y tuvo valor histórico, ya que mostraba la conexión entre ciencia, ética y pensamiento social en su producción filosófica. Su filosofía está basada en el apoyo mutuo, la cooperación y la crítica al Estado centralizado y ofrece un contraste en relación con el denominado Estado del bienestar actual en los países desarrollados. A primera vista, ambos modelos pueden parecer compatibles porque los dos buscan reducir desigualdades, en realidad parten de fundamentos muy distintos.

Para Kropotkin, la sociedad no necesita un Estado fuerte que redistribuya recursos desde arriba. Su idea central es que la cooperación humana es natural y suficiente para organizar la vida social. El apoyo mutuo, según él, no es una utopía moral, sino un hecho observable en la naturaleza y en las comunidades humanas. Desde esta perspectiva, las instituciones centralizadas tienden a sustituir esa cooperación espontánea por mecanismos burocráticos que se vuelven rígidos, ineficientes y alejados de las necesidades reales de las personas. El Estado del bienestar moderno, en cambio, se basa en la idea opuesta: que la desigualdad estructural del capitalismo necesita ser corregida mediante instituciones públicas fuertes. Sistemas de impuestos progresivos, sanidad pública, educación universal y subsidios sociales son mecanismos diseñados para garantizar mínimos de igualdad y cohesión social. En este sentido, el Estado no es un obstáculo, sino el principal instrumento de redistribución. Kropotkin probablemente vería en este modelo un avance parcial respecto al capitalismo liberal del siglo XIX, pero no una solución definitiva. Desde su punto de vista, el Estado del bienestar seguiría manteniendo una estructura jerárquica donde una administración central decide qué se distribuye, cómo y cuándo. Esto implicaría, según su crítica, una dependencia estructural de la población respecto del aparato estatal, en lugar de fomentar la autogestión comunitaria. En el terreno práctico, esta diferencia entre ambas formas de organizar el Estado, según Kropotkin, se refleja también en la burocracia.

Kropotkin criticaría la rigidez administrativa, la distancia entre el ciudadano y la decisión política y la necesidad de procedimientos complejos para acceder a derechos. El Estado del bienestar, aunque intenta ser inclusivo, genera inevitablemente estructuras normativas y controles que pueden ser lentos o inflexibles.

En cuanto a la organización social que propone este pensador ruso, se basa en las comunas autónomas como base social y en la federación libre de comunidades. Plantea también la necesidad de democracias directas o más participativas. Pone de relieve que lo mejor son las decisiones por consenso y la autogestión local. Propone también la igualdad de género como principio y la eliminación de las clases sociales que sería el resultado de la sociedad autogestionada.

Kropotkin está a favor de la construcción de alternativas de organización social y política y confía en la autoorganización humana. Considera que el salario crea desigualdad y que los medios de producción deben ser comunes. Está en contra de la propiedad privada porque considera que es una fuente de desigualdad, explotación y dominación social. Su crítica no se dirige tanto a las posesiones personales de uso cotidiano, sino a la propiedad privada de los medios de producción, tierra, fábricas, recursos, que permite a unos pocos vivir del trabajo de la mayoría.

Sostiene que toda riqueza es el resultado de un esfuerzo colectivo acumulado a lo largo de generaciones. Ningún individuo, por brillante que sea, puede atribuirse en exclusiva la creación de bienes o conocimientos, ya que siempre depende del trabajo previo de otros y de las condiciones sociales. Por ello, considera injusto que ciertos individuos o clases se apropien de esa riqueza y la utilicen para obtener beneficios privados.

Además, argumenta que la propiedad privada genera relaciones de poder desiguales. Quienes poseen los medios de producción controlan el acceso al trabajo y a los recursos necesarios para vivir, obligando a los demás a vender su fuerza de trabajo en condiciones que no siempre son justas. Esto, según Kropotkin, perpetúa la pobreza y limita la libertad real de las personas.

En resumen, Kropotkin rechaza la propiedad privada porque la ve incompatible con una sociedad justa, igualitaria y verdaderamente libre, donde el bienestar colectivo prime sobre el beneficio individual.

A mi juicio, una considerable parte de sus ideas son aplicables en la actualidad. Las que plantean la necesidad de que todas las normas y leyes sean realmente justas, ya que los derechos sociales no deben ser algo utópico y teórico, sino una realidad tangible, algo que perciban los ciudadanos en su vida cotidiana. En cuanto a la empatía y la solidaridad, siguen siendo tan necesarias como en los siglos XIX y XX.

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