Cuando la gente que me rodea descubre mi cara oculta de escritora y mi largo recorrido literario y periodístico, siempre me dicen: "Seguro que con alguna de tus novelas te haces famosa". Yo sonrío y respondo que no me importa nada de eso; soy feliz escribiendo y haciendo feliz a mis lectores o, como yo digo, "soy feliz repartiendo felicidad".
A todo el mundo le sorprende mi falta de ambición. Lo que no saben es que una vez, hace años, soñé con ganarme la vida escribiendo; soñé con el mejor trabajo del mundo y, como poetisa romántica y autora de bastantes novelas romántico-eróticas, me imaginaba escribiendo bajo un precioso sauce, sentada sobre un verde y mullido césped mientras los últimos rayos del sol bañaban mi piel, acariciándome dulcemente.
Pero aquello dolía demasiado. Tuve que caerme muchas veces hasta comprender que mi alma necesitaba paz. No deseo danzar en la brusquedad de un río agitado; necesito la paz de un apacible y escondido lago en el que únicamente pasean dos hermosos cisnes que se demuestran su amor bajo la plateada luna.
Es difícil de explicar, pero mi paz está en no esperar nada ni del universo ni de la gente. Pocas veces lo he comentado, porque mi visión del mundo y de las personas puede interpretarse como pesimista, oscura y en ruinas. Y lo cierto es… que no os equivocáis. Los que me conocen se sorprenden al leer alguno de mis poemas llenos de melancolía y tristeza soñadora cargada de realidad grisácea, más que nada porque siempre tengo una sonrisa para cualquiera, porque los que se acercan a mí saben que van a pasar un buen rato, porque amo a los animales y soy demasiado empática con los que sufren.
Es difícil de decir, pero sigo pensando que la humanidad es el error más grande del universo. Cuando observo las estrellas y la luna bailando entre las olas del mar, cuando el rojizo atardecer muere cada día invisible a la mirada de la gente y los árboles mecen sus hojas en una sensual danza… me siento pequeña y feliz por saber que lo soy; porque nos creemos poderosos y, sin embargo, cuando la naturaleza ruge, huimos aterrados.
Os voy a contar una historia de la mitología griega que seguramente conoceréis bien: todo comienza con un desafío a los dioses. Prometeo, un titán que sentía un gran afecto por los seres humanos, decidió ayudarlos robando el fuego sagrado del Olimpo. Su objetivo era que la humanidad pudiera calentarse, cocinar y progresar. Sin embargo, este acto de rebeldía enfureció a Zeus, el rey de los dioses, quien decidió que tal regalo no quedaría sin castigo.
Para vengarse, Zeus ideó un plan ingenioso: ordenó crear a la primera mujer, Pandora. Cada dios le otorgó un don especial para hacerla irresistible: Hefesto la moldeó con arcilla, Afrodita le dio belleza y Hermes le dio elocuencia y una curiosidad insaciable. Pero Pandora no era solo un regalo; era, en realidad, una "trampa hermosa" enviada para equilibrar el beneficio que el fuego había traído a los hombres.
Zeus envió a Pandora a la Tierra como esposa para el hermano de Prometeo, Epimeteo. Con ella envió una vasija sellada, advirtiéndole que bajo ninguna circunstancia debía abrirse. Zeus sabía que la curiosidad que él mismo le había dado a la joven terminaría por ganar la batalla.
Un día, incapaz de contenerse más, Pandora levantó la tapa. En ese instante, una nube oscura de males salió disparada: la enfermedad, el dolor, la envidia, el hambre y la vejez se escaparon para siempre, llenando un mundo que hasta entonces había sido perfecto. Aterrorizada por lo que había hecho, Pandora cerró el recipiente lo más rápido que pudo. Cuando el silencio volvió, se dio cuenta de que algo golpeaba suavemente contra las paredes del fondo. Era Elpis, la Esperanza.
Aunque los males ya estaban sueltos por todas partes, la Esperanza se quedó dentro de la vasija como el único consuelo para la humanidad. Hay muchas teorías acerca de esto; algunos dicen que esto significa que, por muy difíciles que se pongan las cosas, los seres humanos siempre conservarán esa chispa interior que permite creer en un mañana mejor.
Mis teorías, como no, se asemejan a las ideas de mi filósofo preferido, Nietzsche. ¿De verdad creéis que los dioses pensaron en Elpis como algo bueno para los humanos? Yo pienso que Elpis fue el mayor de los males, la esperanza que hace que el pueblo torturado piense que habrá tiempos mejores, y ahí es donde entra la siguiente manipulación urdida con el tiempo para seguir controlando a los tontos mortales: la religión. Esa que promete riqueza y salvación en un reino que nadie ha visto, esa que premia al que sufre y padece, al humilde, al que tiene la esperanza de ser mejor una vez muera.
Un pueblo vigilado por Dios no necesita cámaras, no necesita leyes; es fácil de controlar. Cuando Dios muera, los poderosos tendrán un grave problema, pero mientras tanto, algunos seguirán guardando a Elpis en su pecho y otros la dejarán encerrada, mientras puedan, en el lugar más oscuro. ¿Y tú? ¿Piensas que Elpis fue una bendición o una maldición?