Opinión

El cajón del gobierno regional de Murcia

La agricultura y la ganadería de la Región de Murcia se enfrentan en este 2026 a una crisis multisectorial sin precedentes. Una tormenta perfecta marcada por la escasez de agua, consecuencia directa del recorte del trasvase Tajo-Segura, el cierre de pozos y las restricciones a los acuíferos. A ello se suma la falta de relevo generacional, la competencia desleal de terceros países como Marruecos, el acuerdo con MERCOSUR, los recortes de la PAC, la ausencia de infraestructuras hidrológicas y, cómo no, la pérdida constante de rentabilidad. El resultado es devastador: abandono de cultivos, cierre de explotaciones ganaderas y un desplome de más del 50 % en la producción de ovino.

Ante este panorama, cabría esperar un gobierno regional alineado con su sector primario. Sin embargo, ocurre justo lo contrario. El Gobierno regional, de la mano del PP nacional, sigue empeñado en poner más trabas a agricultores y ganaderos mientras proclama, sin rubor alguno, que están de su lado. Una afirmación difícil de sostener cuando, acto seguido, se legisla contra ellos.

El ejemplo más claro fue la Ley 3/2020 de protección y recuperación del Mar Menor, aprobada con prisas y señalando al agricultor como culpable universal del estado de la laguna. Once capítulos, doce disposiciones adicionales, ocho transitorias, una derogatoria y nueve finales. Un auténtico "tostón", tan pesado como la rueda de un tractor, que lejos de solucionar problemas creó muchos más.

Ahora, presionados por Vox, anuncian cambios en el régimen sancionador para adaptarlo al marco nacional, menos lesivo que el regional, una flexibilización en materia de nitratos y la promesa de mejorar depuradoras y saneamientos urbanos. Todo ello positivo, sin duda, aunque llega tarde y mal. Lo sensato habría sido redactar desde el principio una nueva ley del Mar Menor, bien hecha, consensuada con las organizaciones agrarias y con todos los partidos políticos de la Región. Pero eso exige diálogo, y el diálogo no parece estar de moda.

Por si fuera poco, a este desaguisado se suma el nuevo decreto de zonas vulnerables, especialmente tras conocerse sus borradores. Restricciones generalizadas a la actividad agrícola y ganadera, extensión de la normativa a toda la Región más allá del Campo de Cartagena, periodos de exclusión, limitaciones severas en el uso de fertilizantes minerales y materia orgánica. Todo ello asfixia explotaciones, reduce rentabilidad y complica la producción hasta extremos difíciles de asumir.

Además, se impone una monitorización exhaustiva de la fertirrigación, con sondas de succión y libros de registro detallados, mientras se margina a los ingenieros agrónomos de los planes de abonado. Curiosa forma de proteger el medio ambiente: apartando a los profesionales que más saben de él.

Y cuando parecía que el listón ya estaba suficientemente alto, llega el decreto de protección de la tortuga mora, que afecta a más de 169.000 hectáreas y establece 21 corredores ecológicos. Un proyecto que, en su versión inicial, destinaba más de 2.040.000 euros en seis años a entidades ecologistas. Eso sí es seguir una hoja de ruta clara, aunque no precisamente la del agricultor.

Resulta llamativo que se pretenda sacrificar agricultura y ganadería para salvar a un Testudo del que, según diversos estudios, ni siquiera se conoce con exactitud el número de ejemplares existentes, mientras algunos estarán entretenidos —y bien financiados— durante seis años.

A pesar de todo, al PP se le sigue llenando la boca de elogios al sector primario. Palabras, muchas. Hechos, pocos. Y para rematar, escuchamos a candidatos populares afirmar en campaña que, si gobiernan Aragón, no habrá trasvase del Ebro al Levante español. Un debate inexistente que solo sirve para buscar votos a costa de enfrentar territorios.

Y así, mientras los problemas reales del campo murciano se acumulan, la solución del PP regional parece ser siempre la misma. Cuando un agricultor o ganadero se acerca para exponer sus preocupaciones, el político de turno le agarra del brazo, le mira a los ojos y le dice: "todo esto lo guardo en el cajón".

Y en ese cajón sigue, mientras el campo se vacía.

José García Martínez

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