La noticia del colegio murciano que "se cae a pedazos" no es un caso aislado. Es la punta del iceberg de una crisis educativa que llevamos años denunciando sin que nadie parezca escucharnos. Mientras la Consejería de Educación pública notas de prensa sobre inversiones millonarias, nuestros hijos siguen recibiendo clases en barracones que llevan quince años siendo "provisionales" y en edificios con goteras, humedades y condiciones que no toleraríamos en nuestra propia casa.
El engaño de las cifras
Nos hablan de 34 millones de euros invertidos en 2025. Suena impresionante, ¿verdad? Pero cuando rascas un poco, descubres que la Región de Murcia es la segunda comunidad que menos invierte en educación por habitante de entre 0 y 24 años, con un 12% menos que la media nacional. Mientras tanto, gastamos un 17% más que la media en sanidad. No se trata de enfrentar una necesidad contra otra, pero sí de preguntarnos: ¿por qué nuestros hijos valen menos que los de otras comunidades?
Los datos son demoledores: destinamos 6.190 euros por alumno mientras el País Vasco invierte 10.214 euros. ¿Acaso nuestros niños y niñas necesitan menos recursos para aprender? ¿O es que hemos aceptado que la educación pública murciana sea de segunda categoría?
78 barracones: la vergüenza normalizada
En pleno 2025, 78 barracones siguen funcionando en nuestros colegios e institutos. Setenta y ocho. Algunos llevan ahí más de quince años. ¿Qué clase de "solución provisional" dura década y media? La respuesta es clara: ninguna. Es una política deliberada de abandonar la educación pública mientras se construyen centros concertados con dinero de todos.
Los números no mienten: entre 2010 y 2022, la inversión en la red pública creció apenas un 9,17%, mientras que en la privada subvencionada se disparó un 43,38%. Si esto no es un apartheid educativo, que alguien me explique qué es.
Cuando "invertir" significa tapar agujeros
La Consejería presume de invertir en eficiencia energética, cambio de cubiertas y placas solares. Está bien, pero ¿y el mantenimiento básico? ¿Y las reformas estructurales? Como han denunciado repetidamente sindicatos y familias, la política de mantenimiento es "inexistente y se basa en actuaciones improvisadas". Es la política del parche, de apagar fuegos, de esperar a que se caiga el techo para actuar.
El colegio Juan Morejón con goteras tras las lluvias, centros con problemas de seguridad, aulas que no cumplen las temperaturas mínimas legales... ¿Cuántos casos más tienen que salir en prensa para que alguien reaccione?
El precio de la desidia: 18,2% de abandono escolar
Mientras discutimos sobre barracones y goteras, hay una cifra que debería avergonzarnos a todos: Murcia lidera el abandono escolar temprano en España con un 18,2%. Casi uno de cada cinco jóvenes deja los estudios sin titulación. En la Unión Europea la media es del 9,7%. Dejadme que lo repita: el doble.
¿De verdad creemos que esto no tiene nada que ver con estudiar en barracones, con aulas masificadas, con falta de profesorado de apoyo, con centros deteriorados que transmiten el mensaje subliminal de que la educación no importa?
En los próximos seis años, 14.000 jóvenes murcianos abandonarán sus estudios. Catorce mil. Cada uno de ellos tendrá peores oportunidades laborales, salarios más bajos, vidas más precarias. Y nosotros, como sociedad, seremos más pobres, más desiguales, menos preparados para el futuro.
La excusa de la infrafinanciación
Sí, es cierto que la Región está infrafinanciada. Sí, perdemos 1.675 millones de euros al año por el sistema de financiación autonómico. Pero eso no explica las decisiones que se toman con el dinero que sí tenemos. No explica por qué se prioriza la concertada sobre la pública. No explica por qué seguimos pagando alquileres mensuales por barracones en lugar de construir centros nuevos, que sería más barato a largo plazo.
La infrafinanciación es real, pero utilizarla como excusa para todo es una cobardía política.
Desde 2010, prácticamente no se construye nada
¿Queréis saber un dato escalofriante? Desde 2010, prácticamente no se construye ningún centro educativo nuevo en la Región de Murcia. Cero. Los que aparecen en las estadísticas son reformas de centros que "se caían a pedazos" y que ahora se contabilizan como "nuevos". Es una trampa contable que no engaña a nadie.
Mientras tanto, se construyen miles de viviendas sin planificación educativa. Se crean nuevos barrios sin colegios, sin institutos, sin infraestructura. Y cuando las familias llegan, se encuentran con que tienen que llevar a sus hijos a centros masificados a kilómetros de distancia, o luchar por una plaza en un colegio con barracones.
No es de izquierdas ni de derechas: es de dignidad
He escuchado a políticos de todos los colores presumir de sus logros y echar balones fuera. Pero esto no va de ideología. Va de dignidad. De que nuestros hijos e hijas merecen estudiar en condiciones dignas, con calefacción en invierno y sin asfixiarse en verano, en aulas que no sean prefabricados, con profesorado suficiente y bien formado.
La educación pública no es un capricho. Es la columna vertebral de una sociedad justa, el ascensor social que permite que un niño de familia humilde pueda llegar tan lejos como su esfuerzo y talento le permitan. Cuando abandonamos la educación pública, estamos condenando a miles de niños y niñas a repetir la historia de pobreza y exclusión de sus padres.
Exigimos un plan, no más titulares
No queremos más notas de prensa. No queremos más inauguraciones de obras que llegarán con años de retraso. Queremos un Plan Estructural de Infraestructuras Educativas a diez años vista, con calendario, con presupuesto comprometido, con rendición de cuentas.
Queremos que en tres años no quede ni un solo barracón en la Región. Que se construyan los centros que hacen falta. Que se mantenga lo que ya existe antes de que se caiga. Que se reduzcan las ratios. Que el gasto por alumno se equipare a la media nacional.
No estamos pidiendo la luna. Estamos pidiendo lo que tienen en otras comunidades autónomas. Estamos pidiendo que nuestros hijos dejen de ser ciudadanos de segunda.
La educación no puede esperar
Cada año que pasa, miles de niños y niñas pasan por un sistema educativo deteriorado. Cada año perdido es una generación marcada. No podemos esperar a que cambie el sistema de financiación autonómica. No podemos esperar al próximo gobierno. No podemos esperar más.
Las familias de la Región de Murcia estamos hartas de excusas, de promesas incumplidas, de que nos tomen el pelo. Hemos salido a la calle, hemos protestado, hemos denunciado. Y seguiremos haciéndolo hasta que nuestros hijos puedan estudiar en colegios e institutos del siglo XXI, no en ruinas del pasado.
Porque la educación de nuestros hijos no es negociable. Porque se lo merecen. Porque es de justicia.
Jose Antonio Carbonell Buzzian