Opinión

Conceptos dispares que coinciden

El sentido de mis letras...

  Uno tiende a pensar que, efectivamente, el mundo está roto y se dirige al abismo. No hay que esforzarse demasiado para advertir que las cosas, incluso los peligros para una vida humana digna, están siguiendo un rumbo desquiciado.

Tanto es así que hemos echado en saco roto la profética advertencia ante los peligros de la tecnología y así nos va. Los seres humanos nos hemos ido deshumanizando hasta el punto de que “nos hemos convertido en una herramienta de las nuevas tecnologías, que nos usan a nosotros, y no al revés”.

Esta sencilla presentación viene a cuento de este fenómeno actual : “la fusión de la aceleración tecnológica sin límites y la reacción populista van de la mano”, es decir, “una nueva teoría de la felicidad basada en el uso sin límites del poder y la adhesión de las masas a un nuevo “Leviatán” : la máquina algorítmica gobernada por la sádica y demoníaca Inteligencia Artificial”.

La primera pregunta que nos asalta es si esta nueva teoría de la felicidad es o será el rostro del poder del s. XXI o sólo una especie de contratiempo que nos ha tocado vivir. Mi opinión es que se trata de un fenómeno con un gran impulso para un cambio de régimen mundial.

La novedad puede residir en que dos fenómenos diferentes como el populismo (en su mayoría el de izquierdas) con su visión antigua del poder y de su ejercicio, y el espacio digital, se dan cita y apoyan el proyecto.

¿Cómo, siendo tan diferentes, pueden convertirse en aliados y colaborar? La explicación ya nos la ha dado la historia, ya que las revoluciones han sido impulsadas de hecho por quienes “no necesitan estar de acuerdo en el objetivo final.

Sólo necesitan coincidir en que su momento ha llegado y en qué quieren acabar con el sistema actual”. Creo que ambos grupos tienen una convergencia natural : quieren acabar con las viejas élites y no someterse a ninguna regla que los limite. Son insurgentes que “buscan ir rápido y romper cosas”.

Ahora es más obvio que antes, porque lo que tienen en común es su odio al sistema, a la democracia liberal y sus límites, a los medios tradicionales y a las viejas formas de autoridad.

De entrada, tal propuesta parece chirriar bastante, y a uno se le hace muy cuesta arriba otorgar la aprobación a un régimen social y político en el que el poder no tenga límites.

La historia nos alerta de los peligros ciertos que se  esconden bajo tan excitante futuro, y lejos de ver una invitación progresista estaríamos dando un paso al pasado, a la aceptación de la tiranía en sus más diversas manifestaciones..

A lo largo de la historia, el ser humano ha sufrido toda clase de calamidades en su lucha para someter y controlar el poder de turno, para evitar que el gobierno de los pueblos, incluso en su forma democrática, no se ejerciese de modo arbitrario.

¿Qué hacer ante una propuesta que parece conllevar semejante toxicidad? A mi entender, sólo surgen preguntas y dudas sin respuesta segura y cierta.

¿Cómo el ser humano, que viene acreditando su debilidad y fragilidad frente a valores esenciales en su día consensuados, puede garantizar un grado suficiente de resistencia a los riesgos que se avecinan? ¿Acaso el ser humano no ha dejado de ser creyente sobre el orden imaginado por los propios humanos? ¿Qué está ocurriendo con el proclamado derecho a la vida? ¿Cómo esperar, sobre la base de un orden sin límites ni valores que lo moderen, la felicidad humana? ¿Dónde quedará la libertad del ser humano si éste está sometido a un control acelerado incluso en los aspectos más personales e íntimos? ¿Quién puede asegurarnos que estamos a tiempo para controlar el proceso ya iniciado? ¿Quién protegerá al ser humano en el inmediato futuro, tanto en sus aspectos públicos como en la vida cotidiana? 

Noticias de Opinión

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