Opinión

Ser ingenieros del verso

El sentido de mis letras...

La poesía siempre es un soplo de aire fresco para los sentimientos, y si me permiten, para el alma.

En estos tiempos que corren, la poesía transcurre su vagar sin pena ni gloria, ya que la cultura de hoy se dedica a atravesar campos de información cotidiana repletos, eso sí, de lúgubres chispazos de verdad envuelta en falsos convencimientos, en bastardas manipulaciones, en censuras autoimpuestas.

Decía el gran poeta Gabriel Celaya que “la poesía es ese pulso que golpea las tinieblas”, y quizá sea eso lo único que nos permite enfrentarnos a las verdades con mayúscula, a las que surgen de las entrañas en el gozo infinito de alzar la voz.

También expresaba Celaya que “la poesía debe ser concebida como un lujo cultural aún por los desinteresados, que lavándose las manos, se desentienden y evaden”.

Siempre he pensado que la poesía es complicada, porque nace del sentimiento, pero es necesaria como el pan de cada día, como el aire que respiramos, porque creo que glorifica.

Si miramos alrededor de la cultura que hoy nos rodea, se puede observar que la poesía se encuentra en un lodazal, y la razón es que ha desaparecido el llamado “corazón poético”, el que “aprisiona” las letras con los sentidos.

Sí, respecto al arte poético “estamos tocando fondo”, y no podremos rehuir del sabernos deudores de la poesía como fuente, como herramienta, como latido de lo que significa realmente vivir.

Escaños, votos, campañas, partidos, líderes, son palabras que nos acechan en las esquinas de los telediarios, en los carteles de los muros en las calles..., pero están vacías en muchos casos de poesía, de literatura, del arte de las palabras, de cultura en sí.

En realidad, son palabras que carecen de sentido si no son inyecciones de vida que nos permitan ser, estar, convivir, crecer...

Y es que habría que añadir un adjetivo poético a esas palabras grandilocuentes para que las tomemos como propias, y para eso hay que ser “ingenieros del verso” y “trabajar a España en sus aceros”.

Insisto, hay que poetizar hasta la extenuación, hay que dibujar poesía en el horizonte apagado por la desidia.

¡Hagamos verso el aire que todos respiramos, el cantar que repetimos, la luz que pretendemos encender!

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“Axiomáticamente, no hay más que un avance: la cognición al servicio de la entereza; como tampoco hay más que un desarrollo: el don de la inspiración al servicio de la entrega”

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