Opinión

Sensaciones distópicas

Moisés S. Palmero Aranda

Educador Ambiental

Este verano siento que hay algo flotando en el ambiente, un runrún cósmico, un "algo huele a podrido en Dinamarca"; quizá sea el instinto que quiere avisarme de algo, como la rodilla del anciano que le avisa de que el tiempo va a cambiar a peor y nada puede hacer para evitarlo. Porque es solo eso, una sensación que me tiene en alerta, me pone los pelos de punta, me hace levantar las orejas y ver sombras moverse en la oscuridad, "un lindo gatito" y la botella medio vacía.

Por un lado, tenemos a la naturaleza golpeándonos cada vez más fuerte por todos lados. Terremotos de gran magnitud cada semana en un país sudamericano distinto o el enjambre sísmico de Granada; los incendios de sexta generación que están arrasando España y medio mundo; la sequía en Europa; las DANAS comenzando su temporada, el calentamiento extremo del Mediterráneo y la fuerza inusual del Niño que augura un otoño muy caluroso y tormentas imprevisibles.

Por otro, la avaricia de las élites, la gente impresentable, que sigue jugando a conquistar el mundo, a mantener su poder a costa de lo que sea. Estados Unidos e Israel, que se han hecho socios inseparables, utilizan a Marruecos, prometiéndole ayuda con la invasión de Ceuta y Melilla, para controlar el estrecho de Gibraltar, que es el gran objetivo. Mientras, siguen gastando estratosféricas cantidades de dinero y bombas para controlar el estrecho de Ormuz y, cuando tengan tiempo, volverán a la carga con el paso de Groenlandia.

Quieren controlar todos los pasos estratégicos, las rutas marítimas comerciales y energéticas, para frenar a China y a Rusia, que llevan años ganándoles terreno, poniendo al imperialismo yanqui contra las cuerdas. Un emperador acorralado, con un imperio en decadencia, con una deuda impagable de 38 billones de dólares que ve en la guerra, en la fuerza económica de la industria militar y los conflictos, la única manera de sobrevivir, de reinventarse. Utilizan las rencillas locales para enfrentarnos a todos: a Rusia con Europa, a China con Taiwán, a las dos Coreas, a Marruecos con España, a Arabia Saudita con Irak, porque así nos vamos desangrando entre nosotros, porque en todas, quien gana tiempo y dinero son ellos.

A todos los países les interesa la paz, que se cumplan los tratados internacionales, los derechos humanos (bueno, esto a algunos les da igual), porque es la única manera de poder seguir manteniendo sus privilegios, de repartir el negocio entre todos, de mantener esta calma tensa que nos aleja de la III Guerra Mundial. Pero a los sionistas y a los americanos no les interesa la paz, porque lo quieren todo y les da igual lo que tengan que hacer para conseguirlo, porque lo único que ansían es gobernar el mundo. Y, por desgracia, van ganando terreno, a costa de marionetas de quita y pon repartidas por el mundo: Milei, Abascal, Kast, Espriella y toda la troupe europea, entre otros, capaces de vender su alma al diablo, a su país y a sus compatriotas, pensando que comerán a su mesa, que son como ellos, que formarán parte de la élite mundial.

Les están allanando el camino, metiéndonos miedo ante el diferente y prometiendo mano dura para defender las fronteras de los enemigos de la patria y la libertad. Pero ellos son el peligro y, cuando entran al poder, se quitan la careta y comienzan a bailar al son de los titiriteros, que los obligan a recortar derechos y libertades sociales, a emplear la estrategia de "plata o plomo", del conmigo o con nadie, del yo ordeno y tú obedeces.

Y pasito a pasito, estas sensaciones distópicas, que comienzan en una democracia débil, pero al fin y al cabo democracia, terminan llevándonos a una encrucijada de la que es muy difícil salir, en la que opinar, respirar e incluso comer se volverá una odisea; en la que matarán a los poetas "por rojos y maricones" y los enterrarán en las mismas cunetas que cavaron sus abuelos, las que nunca quisieron buscar, pero que saben muy bien dónde están y, sin escrúpulos, volverán a utilizar.

Esta semana, con la procesión y el recuerdo a la saca y asesinato de Lorca, hemos vuelto a recordar de lo que son capaces, de que el hombre es un lobo para el hombre. Y estos son peligrosos, no como con los que convivió Marcos, el niño lobo, que ha muerto estos días. Cuando mire el eclipse esta semana, aullaré a la luna en su honor y para intentar deshacerme de estas sensaciones, que, cada vez más, se están convirtiendo en visiones demasiado reales.

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