Opinión

Absentismo laboral: basta de demagogia

Jordi Margalef. Secretario de Comunicación del Sindicato de Trabajadores


En las últimas semanas han proliferado las declaraciones políticas y empresariales que, con la excusa de denunciar el absentismo, atacan con demagogia derechos laborales que ha costado mucho consolidar. En todos los casos, la estrategia es la misma: mezclar lo que supone el fraude en las bajas con avances de nuestra sociedad, como los permisos por nacimiento o el reconocimiento de las patologías de salud mental. Mezclar churras con merinas, vaya. Y hacerlo, además, en un asunto muy sensible, en el que lo conveniente es trasladar mensajes que apelen a la responsabilidad, no a intereses electoralistas para ganarse a un determinado segmento de la sociedad ni a los de ciertos sectores empresariales con una visión cortoplacista.

La última perla ha sido una campaña de la CEOE en Cantabria, donde la demagogia ha alcanzado niveles que no se pueden aceptar. La iniciativa utiliza situaciones especialmente sensibles, como que una persona mayor no reciba su medicación a tiempo, para responsabilizar de ello a las personas que no acuden a trabajar. Aunque los carteles hablan de absentismo injustificado, mezclan interesadamente las ausencias fraudulentas con derechos reconocidos, como las bajas médicas o los permisos legales.

El fraude debe perseguirse y desde el Sindicato de Trabajadores estamos a favor de ello. Pero no podemos criminalizar los avances en los derechos laborales con la excusa de la competitividad. Es un enfoque equivocado. Lo demuestra el hecho de que algunas de las economías más competitivas son precisamente las que cuentan con un modelo de bienestar laboral y social más consolidado y más generoso con las trabajadoras y los trabajadores.

Ante todo, conviene poner los datos sobre la mesa. Cuando se habla de absentismo, a menudo se transmite la idea de que hay miles de personas que deciden no acudir a trabajar sin motivo. Pero la realidad es mucho más compleja. La inmensa mayoría de las ausencias responde a bajas médicas justificadas, permisos legalmente reconocidos o medidas de conciliación que el conjunto de la sociedad ha considerado necesarias para que trabajar no sea incompatible con cuidar de los hijos, recuperarse de una enfermedad o preservar la salud mental. Y eso no es absentismo.

También debemos preguntarnos qué hay detrás del incremento de determinadas bajas laborales. ¿Es casualidad que aumenten los trastornos de ansiedad, el estrés o los problemas musculoesqueléticos? ¿O tiene más que ver con una organización del trabajo cada vez más exigente, con plantillas ajustadas al límite, jornadas intensas y una presión constante sobre la productividad? Señalar al trabajador es la respuesta más fácil. Analizar las causas reales exige más rigor y menos titulares. La prioridad debería ser analizar esas causas, y no únicamente sus costes ni proyectar sospechas sobre las personas que sufren estos problemas, que con demasiada frecuencia tienen su origen en las propias condiciones de trabajo.

También sorprende que algunos responsables políticos y determinadas organizaciones empresariales pongan el foco casi exclusivamente en las bajas laborales, pero dediquen mucha menos energía a denunciar la siniestralidad, las horas extraordinarias que no se pagan, los contratos precarios o los riesgos psicosociales. La competitividad no se construye debilitando derechos, sino invirtiendo en prevención, innovación, formación y unas condiciones laborales que permitan retener el talento y garantizar plantillas comprometidas.

Un trabajador no es un coste, sino el principal activo de cualquier empresa. Y precisamente por eso hay que protegerlo. Una persona que trabaja en un entorno saludable, con estabilidad y expectativas de futuro, es mucho más productiva que otra que lo hace sometida a una presión permanente o con miedo a ponerse enferma porque va a ser señalada. Por eso nos preocupa el relato que se está construyendo alrededor del absentismo. Cuando se confunden derechos con privilegios y se presenta cualquier baja médica como una sospecha de fraude, se acaba deteriorando la confianza entre empresas y trabajadores. Y esa desconfianza es mucho más perjudicial para la competitividad que cualquier estadística.

El debate sobre el absentismo merece seriedad, datos y responsabilidad. Perseguir los abusos, sí. Pero también reforzar la prevención, mejorar la salud laboral, reducir la precariedad y seguir avanzando en derechos sociales que nos convierten en una sociedad más justa. Hacer demagogia con un asunto tan sensible solo contribuye a enfrentar a trabajadores y empresas, cuando lo que realmente necesita nuestro mercado laboral es más diálogo, más corresponsabilidad y menos discursos simplistas.

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Autor Bayardo Quinto Núñez

Moisés S. Palmero Aranda