Opinión

Los santos inocentes de David Trueba, en homenaje

Imaginemos que su consciente e inconsciente y semiconsciente habla con usted mismo. Escuche a estos personajes de su interior. Y, de los del exterior…

- Si el mundo de la pintura jamás aceptará mi rostro y mis obras. Si el mundo de la escritura literatura tampoco lo hará. Si el mundo del articulismo y periodismo a nivel nacional tampoco. Por tanto, no debería, si no todos las columnas que escriba, si algunas, un tanto por ciento, quitarme el pelo y afeitarme la barba. Y, hacer lo que quiera. Eso sí, con respeto al público y a los editores y promotores –así se hablaba a sí mismo, un escribiente frente al espejo-.

- No le contestaba el inconsciente en forma de semiconsciencia de la conciencia moral. No, porque entonces pierdes la posibilidad de llamar a la puerta.

- Pero bueno, inconsciente, qué vamos a ofrecer. Todos los días en la televisión, que tal señora equis tenía acceso a despachos de grandes figuras de la Institución del Estado. Y, tú, te dices, has hecho cinco mil artículos y cinco mil viñetas, quieres una simple entrevista con un Jefe de Redacción o una Jefa de Opinión de un periódico nacional, de la quincena que existen en la plaza de Madrid. Y, no eres capaz ni conseguir esto, en cuarenta y cinco años. Bueno, te conformarías con un grupo de periódicos, como ahora existen.

- Pero la voz te dice: No tienes audiencia suficiente, no tienes redes sociales. Si no tienes seguidores el periódico equis no te llamará nunca. Es más, si existen cinco mil, otros hablan de siete mil, aquellos de diez mil articulistas en nuestra sociedad, que al menos publican un artículo o columna de opinión al mes. Una al mes. Aunque la inmensa mayoría sólo les dan las gracias. Si existe esa cantidad. Cómo te van a llamar a ti. Es imposible conocer a todos.

- Pero el lado izquierdo del cerebro indica y expresa: Si se conoce el número de cerdos que hay en el país, también el de vacas, incluso existen cuarenta y siete millones de gallinas ponedoras. Cuarenta y siete millones, incluso hasta las unidades se saben en número. No voy a decirlo aquí. También caballos, ovejas, perdices en jaulas, etc. Pero nadie sabe, exactamente, cuántos articulistas de opinión hay en España, cuántos viñetistas o humoristas gráficos. Es decir, son más importantes las gallinas que los articulistas de opinión. Porque de las gallinas sabemos cuántas existen. En cambio en los columnistas de opinión ni siquiera sabemos que existen. Y, eso que existen cientos de entidades públicas y privadas dedicadas a la cultura en todas sus formas…

- Podemos hablar si prohibimos las redes sociales a los jóvenes. A menores de los dieciséis años. Tanto bueno ha traído la informática, tanto menos bueno ha traído. Tanto y tanto, que ni siquiera sabemos medirlo y cuantificarlo y valorarlo y… -entra un tercer hablador en esta conversación o un cuarto o un quinto-.

- Pero aquel que está tomando café en la barra, mirando un periódico de papel, expresa: No nos engañemos la cuestión es si este artículo de opinión que estamos redactando terminará siendo utilizando para comentario de texto para la PAU, el próximo año. Así, así se habrá visto si esta estructura del columnismo es aceptada académicamente. Al final, en el siglo pasado, antes de la incivil guerra civil, frase de Anson, periodista, demos el mérito a quién lo tenga. Antes de ese volcán de sufrimiento acontecido hace nueve décadas, que todavía sufrimos los calores en los corazones llenos de dolor, tres generaciones después. Antes los articulistas de opinión se atrevían a ser más creativos e ingeniosos, y, los equipos de redacción se lo permitían…

- Pero no nos engañéis y no nos engañemos. Sintetizando muy genéricamente. Existen dos realidades culturales. Una, para las elites, a éstas se les gestiona y pastorea de un modo. Y, otra para el pueblo en general, que se utiliza otros sistemas, los medios de comunicación de masas. Es decir, el cine, el futbol, la televisión, y, ahora Internet. Internet es el gran sistema de autocontrol y gestión de la población…

- Me dejas entristecido, le contesta un viejo ya cansado de tanto mirar y de tanto ver. Siempre luchando para la libertad del corazón humano en la verdad… Aquí, aquí estoy leyendo un artículo del notable David Trueba, publicado en El País, el 10 de febrero del 2026, que se titula: Los santos inocentes. Que nos habla de estos temas, y, que ha sido puesto en la PAU de una región. ¿La cuestión es cómo defendemos a los jóvenes de los leones de la selva de Internet… porque en la selva de Internet, hay árboles maravillosos, hay ríos deslumbrantes para bañarse desnudos o con  vestidos deslumbrantes, pero existen cocodrilos, hienas, serpientes, tigres que están disgustos a comerse, comerse no sólo la carne, no sólo el cerebro, sino también el alma, de los inocentes santos o de los santos inocentes…?

- Ciertamente, el señor Trueba, lleva razón, dijo otro comensal a esta conversación, al lado de la barra de un bar, en el que hablaban sujetos y conscientes e inconscientes, “los niños y niñas son inocentes, nacen inocentes, y, nosotros los adultos los convertimos en santos inocentes, les quitamos el bien que llevan en su corazón”. ¡Si nosotros, nosotros! ¡Y, cayó una enorme pared y telón de tristeza en los rostros…!

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