Opinión

El mejillon cebra: una amenaza silenciosa para el agua de regadio del levante

Hace unas semanas asistí a una jornada técnica organizada por la Cátedra Trasvase y Sostenibilidad José Manuel Claver Valderas de la Universidad Politécnica de Cartagena, donde se abordó uno de los mayores problemas biológicos que afectan actualmente a las infraestructuras hidráulicas: la expansión del mejillón cebra.

Aunque para gran parte de la sociedad sigue siendo un desconocido, este pequeño molusco invasor se ha convertido en una seria amenaza para embalses, balsas de riego, estaciones de bombeo, filtros y conducciones de agua. Su extraordinaria capacidad de adaptación y reproducción le ha permitido colonizar buena parte de las cuencas hidrográficas españolas en apenas dos décadas.

Las primeras larvas fueron detectadas en España en el Delta del Ebro en el año 2001. Desde entonces, su expansión ha sido constante, afectando especialmente a las cuencas del Ebro, Júcar, Segura, Guadiana y Tajo.

Originario de los mares Negro, Caspio y Azov, el mejillón cebra está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y figura entre las especies más perjudiciales del mundo por su impacto económico y ambiental.

Su éxito radica en su gran capacidad de supervivencia. Puede adaptarse a diferentes condiciones de temperatura, oxígeno y nutrientes. Además, una sola hembra adulta es capaz de producir más de un millón de óvulos al año, lo que explica la rapidez con la que coloniza nuevas masas de agua.

Su ciclo biológico consta de una fase larvaria, en la que las larvas permanecen suspendidas en el agua, y una fase adulta, cuando se fijan a superficies sólidas mediante unos filamentos llamados biso. Es precisamente esta capacidad de adherencia la que provoca los mayores problemas en las infraestructuras hidráulicas.

Los periodos de máxima reproducción suelen producirse entre abril y julio, y nuevamente desde finales del verano hasta mediados del otoño. Durante estas etapas aumenta considerablemente la presencia de larvas en el agua y, por tanto, el riesgo de colonización.

A la hora de combatir esta especie es importante diferenciar dos tipos de tratamiento: los realizados en balsas y embalses, y los efectuados en las conducciones de agua.

En las balsas el objetivo principal es actuar sobre el foco reproductivo. Al tratarse de aguas almacenadas donde se reúnen condiciones favorables para su desarrollo, los tratamientos buscan reducir la presencia de larvas y disminuir la presión biológica sobre toda la red de riego. Actuar durante los periodos de máxima reproducción resulta fundamental para limitar su expansión.

Las conducciones presentan una problemática distinta. Aquí el problema no es tanto la reproducción como la acumulación de ejemplares adheridos a las paredes interiores de las tuberías. Con el tiempo, estas colonias reducen el diámetro útil de las conducciones, provocan pérdidas de caudal y generan averías en filtros, hidrantes, válvulas y estaciones de bombeo.

Por ello, los tratamientos en tuberías están orientados principalmente a la limpieza de incrustaciones y a evitar nuevas colonizaciones, permitiendo mantener la eficiencia hidráulica de las instalaciones y reduciendo los costes de mantenimiento.

Recientemente en la Región de Murcia ha impulsado diferentes iniciativas para mejorar el conocimiento de esta especie mediante la monitorización de parámetros como el pH, la conductividad eléctrica, el oxígeno disuelto y el seguimiento de las poblaciones larvarias. También se estudian nuevas tecnologías que permitan mejorar la eficacia de los tratamientos y reducir su impacto ambiental.

La realidad es que una vez que el mejillón cebra se instala en una cuenca hidrográfica, su erradicación resulta extremadamente difícil. Sin embargo, mediante una adecuada vigilancia, tratamientos preventivos y actuaciones coordinadas entre administraciones, técnicos y comunidades de regantes, es posible controlar sus poblaciones y minimizar los daños.

Combatir el mejillón cebra no consiste únicamente en eliminar una especie invasora. Significa proteger infraestructuras hidráulicas valoradas en millones de euros, garantizar el funcionamiento de los sistemas de regadío y preservar un recurso tan estratégico para el Levante español como es el agua. La prevención seguirá siendo siempre la herramienta más eficaz frente a una amenaza que ha llegado para quedarse.

José García Martínez

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