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Solo el 9% de consumidores cree pagar un precio justo por la luz: bajar precios y entender la factura, las dos grandes exigencias al sector

Los españoles exigen a las compañías eléctricas una mejor explicación de las tarifas y condiciones (43,7%), y mayor transparencia en la factura (39,9%)

Madrid, 23 de marzo de 2026 - La crisis de confianza del consumidor con la luz no ha hecho más que empezar. Menos de 1 de cada 10 (9%) de los consumidores en España cree que paga un precio justo por la luz. Es una de las principales conclusiones del estudio elaborado por Camby 'Hábitos y percepción del sector energético en España 2026' y que pone de manifiesto la distancia existente entre las expectativas de los ciudadanos y la percepción que tienen del funcionamiento actual del sector eléctrico en España.

El análisis revela que, para los consumidores, las dos grandes prioridades que deberían abordar las compañías eléctricas son claras: bajar los precios de la luz y mejorar la comprensión de las tarifas y de la factura. En concreto, más de la mitad de los encuestados (55%) señala la reducción del precio como la principal mejora que debería afrontar el sector, especialmente en el contexto actual, mientras que un 43,7% reclama una mejor explicación de las tarifas y condiciones, y un 40% pide mayor transparencia en la factura.

Estos resultados reflejan que la demanda ciudadana no se limita únicamente al ahorro económico, sino que apunta también a una necesidad creciente de claridad, comprensión y confianza en la relación con las comercializadoras. "El consumidor no está pidiendo solo pagar menos; está pidiendo saber por qué paga lo que paga. Cuando solo uno de cada diez cree que paga un precio justo, el problema ya no es solo comercial: es de confianza", señala Carlos Cano, fundador y portavoz de Camby.

Junto al precio, el estudio identifica otros elementos que explican el malestar del consumidor con el sector eléctrico. Entre ellos destacan la necesidad de una atención al cliente más rápida y eficaz (28%), una mayor inversión en energías renovables (28%), una mejor garantía de estabilidad del suministro (26,5%) y la eliminación de permanencias y cláusulas confusas (24%).

Asimismo, un 15,6% de los españoles reclama facturas realmente claras y entendibles, mientras que un 8,7% considera prioritario eliminar tecnicismos innecesarios. Aunque estos porcentajes son menores que los vinculados al precio, evidencian un mismo problema de fondo: muchos consumidores sienten que la información que reciben sigue siendo compleja, poco accesible o insuficiente para tomar decisiones informadas.

Transparencia y claridad, las grandes asignaturas pendientes

La sensación de estar pagando de más también tiene consecuencias directas sobre la vinculación de los clientes con su compañía. De hecho, casi la mitad de los consumidores (45,7%) afirma que se plantearía cambiar de eléctrica ante subidas de precio que considerara injustificadas.

A ello se suma que un 43% de los encuestados muestra preocupación por la falta de transparencia del sector eléctrico, un dato que confirma que el problema no reside únicamente en cuánto se paga, sino también en cómo se comunica y se justifica ese coste ante el cliente.

Esto se produce en un momento en el que el Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de atribuir la estabilidad del IPC de febrero al descenso de la electricidad; el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha endurecido el mes pasado la protección del consumidor eléctrico con más transparencia, menos fricción para cambiar de compañía y límites a ciertas prácticas comerciales; y la CNMC venía de detectar falta de transparencia e información precontractual poco clara en las comercializadoras.

Para Camby, esta combinación de factores pone sobre la mesa la necesidad de avanzar hacia un modelo de relación con el consumidor más claro, comprensible y orientado a generar confianza a largo plazo. Los expertos en el sector eléctrico plantean una nueva forma de gestionar la energía, en la que la tecnología trabaja en segundo plano para garantizar que cada hogar tenga siempre la tarifa más adecuada a su consumo, aportando claridad, tranquilidad y un ahorro que se mantiene en el tiempo, algo especialmente necesario en momentos de mayor presión económica sobre las tarifas por la guerra en Oriente Próximo.

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