Hoy celebramos una efeméride de enorme relevancia, especialmente significativa para quienes dedicamos nuestra vida a enseñar: el Día Internacional de la Educación. No se trata de una fecha más en el calendario, sino de una oportunidad para reflexionar, como sociedad, sobre el valor profundo y transformador de la Educación. Quienes trabajamos cada día en las aulas sabemos que educar no es solo transmitir conocimientos, sino acompañar procesos, despertar vocaciones y abrir caminos de futuro.
Esta conmemoración fue proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en 2019, con una convicción clara y compartida: la Educación es el pilar fundamental sobre el que se construyen sociedades más justas, igualitarias y autosuficientes. Allí donde la Educación es fuerte, accesible y de calidad, florecen la convivencia, el progreso y la esperanza.
Educar va mucho más allá de los contenidos curriculares. En el día a día del aula, la Educación se construye en pequeños gestos: una palabra de ánimo, una escucha atenta, una pregunta que invita a pensar, una oportunidad para aprender del error... Todos los Docentes tenemos muy claro que la Educación amplía horizontes personales, desarrolla el pensamiento crítico y dota a las personas de herramientas para comprender y transformar el mundo que las rodea. Al mismo tiempo, incrementa la productividad, impulsa el crecimiento económico y favorece la innovación, convirtiéndose en un motor clave para el desarrollo sostenible de los pueblos.
Numerosos estudios internacionales coinciden en señalar que una Educación sólida es esencial para combatir la pobreza y el hambre, mejorar la salud pública, promover la igualdad de género y reducir las desigualdades sociales. En definitiva, educar es invertir en el futuro, porque supone formar generaciones capaces de tomar decisiones responsables, participar activamente en la vida democrática y contribuir al bienestar colectivo. Como docente, uno aprende que no hay inversión más rentable que aquella que se hace en personas.
Cada año, el Día Internacional de la Educación se articula en torno a un tema central que orienta la reflexión global. En 2026, el lema elegido es:
“El poder de los jóvenes en la co-creación de la Educación”.
Este mensaje nos invita a mirar nuestras aulas con otros ojos y a avanzar hacia un enfoque más participativo e inclusivo. Se trata de superar la visión del alumnado como receptor pasivo del conocimiento y reconocerlo como protagonista activo de su propio aprendizaje. Cuando se da voz a los jóvenes y se les hace partícipes del proceso educativo, su implicación y motivación crecen de forma natural, y el aprendizaje se vuelve más profundo, más auténtico y más significativo.
La co-creación educativa implica aulas más dinámicas, metodologías activas, diálogo constante y una relación educativa basada en el respeto mutuo. Supone entender que educar es un proceso compartido, en el que docentes, alumnado, familias y comunidad caminan juntos hacia objetivos comunes.
En un mundo marcado por cambios vertiginosos, avances tecnológicos y desafíos globales, la Educación sigue siendo la herramienta más poderosa para afrontar el futuro con garantías. Apostar por ella no es una opción, sino una responsabilidad colectiva. Como profesional de la enseñanza, estoy convencido de que no hay herramienta más transformadora que una Educación centrada en las personas.
Por todo ello, hoy más que nunca, reivindiquemos la Educación como un derecho fundamental, como un bien común y como la base de una sociedad más humana, crítica y solidaria.
¡¡Feliz Día Internacional de la Educación 2026!!