Opinión

Trump y su buena iniciativa económica

El sentido de mis letras...

Mientras el debate público y mediático gira en torno a la financiación de las Comunidades Autónomas, a los subsidios de subsistencia o al salario mínimo, millones de ciudadanos llegan a la vida adulta sin patrimonio alguno porque carecen de ingresos.

Es inadmisible que el sistema económico y fiscal español tienda a penalizar el ahorro a medio y largo plazo. La estructura de tributación a la que se recurre para financiar gastos públicos, erosiona los rendimientos del capital...

¡Claro! ¡Si se tienen! Es entonces cuando la inseguridad en la regulación desincentiva la planificación financiera prolongada. ¿Cuál es el resultado? La generación de incentivos al consumo inmediato, escasa acumulación patrimonial, y lo más preocupante : una creciente dependencia futura del Estado.

Viendo este contexto, resulta especialmente interesante la iniciativa impulsada en Estados Unidos por el presidente Donald Trump, consistente en la creación de cuentas de capital abiertas al nacimiento de cada ciudadano.

El planteamiento es sencillamente una aportación pública inicial de 1.000 dólares, que se invierte desde el nacimiento, y permanece capitalizándose hasta la mayoría de edad. Una vez cumplidos los 18 años, el joven recibe el capital acumulado, destinado exclusivamente a fines productivos como educación, emprendimiento o acceso a la vivienda. No se trata de un subsidio ni de una transferencia al consumo inmediato.

Su lógica es exactamente la contraria, ya que el objetivo no es gastar hoy, sino permitir que el tiempo y la magia  del interés trabajen a favor del ciudadano. Una cantidad relativamente modesta puede multiplicarse significativamente tras casi dos décadas de inversión continuada, demostrando que el principal activo económico no siempre es el dinero inicial, sino el tiempo disponible para hacerlo crecer.

Este enfoque puede introducir un cambio cultural profundo del que estamos necesitados en España, pues pensemos que hemos construido gran parte de nuestro Estado del bienestar sobre transferencias corrientes para consumo inmediato que muy rara vez modifican la posición económica futura del beneficiario.

Una cuenta de capital infantil ofrecería oportunidades desde el inicio. A pesar de la retórica socialista oficial, se está configurando un modelo de sociedad carente de escaleras sociales, de tal manera que los proyectos vitales dependen, en gran medida, del patrimonio familiar previo.

Emprender, cursar determinados estudios o afrontar la entrada a una vivienda exige, con frecuencia, apoyo económico familiar. Quien nace sin ese respaldo comienza la vida adulta varios pasos por detrás, y es por ello que dotar a cada joven de un pequeño capital inicial equivale, en términos económicos y culturales, a “democratizar” el punto de partida.

Una política pública orientada explícitamente al ahorro envía una señal cultural poderosa, ya que abstenerse de consumir ahora para realizar una pequeña acumulación responsable equivale a apostar por un futuro a medio y largo plazo.

Si la economía española está necesitada de algún tipo de actuación, este cambio de incentivos y mentalidad tal vez sea la cuestión más relevante. Durante demasiados años se ha favorecido el endeudamiento frente al ahorro, el corto plazo frente a la inversión sostenida y el consumo inmediato frente a la capitalización.

Así, el apagón del pasado abril 2025, el terrible accidente ferroviario de enero de este año, la falta de infraestructuras hidráulicas en Valencia, el elevado precio de las viviendas, la saturación urbana, el abultado y creciente agujero en el sistema de pensiones...

etc, tienen su origen en unas políticas orientadas al corto plazo, que es un tipo de política que, desgraciadamente, es bien recibida por una parte significativa de la población. Sin duda, el coste fiscal de una medida así sería relativamente contenido si se compara con otras políticas públicas.

Por supuesto, el diseño institucional concreto es crucial, y la gestión debe ser transparente, profesionalizada y políticamente neutral. Si se hace así, se añade una ventaja macroeconómica importante, como es el fortalecimiento de los mercados que favorecen la inversión productiva.

En lugar de sostener el crecimiento mediante deuda o estímulos temporales, se debería construir una base financiera doméstica más sólida. Apostar por este tipo de cuentas es apostar por una juventud que hasta ahora no ha estado demasiado bien tratada.  Brindarles el mensaje y  la oportunidad de empezar la vida adulta con algo de patrimonio propio significa ofrecer igualdad de oportunidades reales y responsabilidad sobre su futuro, en lugar de depender sólo de políticas de consumo inmediato o ayudas puntuales.

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