Opinión

Valores a considerar: poner oídos, dar consuelo y auxilio

“No son los artefactos, sino el diálogo y las negociaciones, el único modo de resolver las discrepancias. Tampoco olvidemos, que cuando la fuerza sustituye a la ley, impera la barbarie y se globaliza la bestialidad. La protección de la savia humana debe estar siempre en el centro de las decisiones universales. Pongamos, pues oídos, en lo que nos dicen y en lo que decimos”

Los moradores de este mundo tenemos que reorientarnos, una vez más, para entrar en sintonía con lo armónico; y, lograr avivar de este modo, reencuentros y no encontronazos, ofreciendo escucha, refugio y ayuda. Necesitamos acogernos y recogernos mutuamente, guardar silencio y extender miradas que acaricien heridas, incluso con personas desconocidas, en ocasiones hostiles, pero que no pueden ser excluidas, si queremos dar vida a una experiencia global. De ahí la importancia, de que todos los Estados cumplan estrictamente sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario, actuando de forma coordinada, responsable y conjunta, para alejarnos del abismo en el que actualmente nos hallamos.

Hay que bajar de las alturas del absolutismo, vertiendo abrazos sinceros. Esta es la mejor acción para una legítima defensa. Comencemos por oírnos desde el respeto y la consideración hacia toda existencia. Nos daremos cuenta al instante, a  poco que pongamos el corazón en ello, que precisamos renovar el estilo de nuestras relaciones. Sería injusto obviar latidos, la vida es una conjunción de pulsos que han de armonizarse con el amor de amar amor, para que los vínculos no se desmoronen y puedan cruzarse las miradas sin lastimarse, que es lo que realmente aclara horizontes e ilumina conciertos de quietud, en un reino que debe ser más espiritual que terrícola. Desde luego, no hay mayor gozo que donarse y relevarse, a veces revelándose contra sí, para que cesen de inmediato las hostilidades.

No son los artefactos, sino el diálogo y las negociaciones, el único modo de resolver las discrepancias. Tampoco olvidemos, que cuando la fuerza sustituye a la ley, impera la barbarie y se globaliza la bestialidad. La protección de la savia humana debe estar siempre en el centro de las decisiones universales. Pongamos, pues oídos, en lo que nos dicen y en lo que decimos. Es cierto que cada uno de nosotros, desde el primer instante de su nacimiento, crece en una realidad social. Por eso, es vital saber comprenderse y entenderse. En consecuencia, estar presente en la vida de los demás significa dejarse acompañar, compartir tiempo, experiencias y horizontes trazados, ofreciendo puntos de referencia estables en los que los demás puedan descubrirse y desarrollarse también.

Está visto, que nada somos por sí mismos, todos llevamos un cordón contemplativo que nos une moralmente a un reino armónico, deseoso de que se haga realidad físicamente. Es cuestión de desarmarse y de poner alma en todo lo que forjamos, en vez de armas. Quizás tengamos que trabajar mucho más en el camino del servicio y huir del afán dominador, que tantas veces nos pide el cuerpo y la misma corporación material, cultivarlo. Es, entonces, cuando entramos en la desorientación con todo su aluvión de males y maldades, que nos dejan sin corazón. Por desgracia, en demasiadas ocasiones caminamos desconcertados, sin reconocernos a nosotros mismos, hundidos en un laberinto de vacíos y vicios, que nos trastocan nuestras propias entretelas.

Hemos de auscultarnos, sólo así podremos pensar que nuestras percusiones coexisten con otros, que nos ayudan a ser un todo, que ha de ser más místico que corpóreo. Indudablemente, requerimos que todas las prácticas se pongan bajo el dominio bucólico del espíritu, que la agresividad y los deseos perturbadores se paralicen con la fortaleza de la composición lingüística; que la inteligencia y la voluntad se fusionen con los mejores sentimientos, los del hermanamiento y la mano extendida siempre. Bajo esta perspectiva de custodia, enraizada con el calor de hogar y el fuego del afecto, todo cambiará para bien, para que nuestro orbe, que sobrevive entre contiendas, desequilibrios, consumismo y el uso antihumano de la tecnología, pueda recuperar la poesía que somos, ¡no el poder que ansiamos!

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

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