Opinión

Hacienda: la devoradora de los ciudadanos

Cuando el recaudador se convierte en depredador y la ley en letra muerta

Hay una frase que todos hemos escuchado alguna vez: "Hacienda somos todos". Es uno de esos mantras que nos repiten constantemente para que aceptemos sin rechistar cada nuevo impuesto, cada subida fiscal, cada vuelta de tuerca más al sistema tributario.

Pero la realidad es muy diferente. Hacienda no somos todos. Hacienda es una maquinaria implacable que devora a los ciudadanos con una voracidad que haría sonrojar a los recaudadores más despiadados de la historia.

Y lo hace, además, transgrediendo sistemáticamente sus propias normas, aplicando impuestos abusivos, y convirtiendo la presunción de inocencia en un chiste cruel donde el ciudadano es culpable hasta que demuestre lo contrario... si es que puede permitirse demostrarlo.

La inversión de la carga de la prueba: culpable hasta que demuestres lo contrario

En cualquier estado de derecho civilizado, existe un principio fundamental: la presunción de inocencia. El acusador debe probar la culpa, no el acusado demostrar su inocencia.

Pero Hacienda opera exactamente al revés.

Te envían una liquidación. Te acusan de deber dinero. Y tú tienes que demostrar que no es así. Tú tienes que aportar las pruebas. Tú tienes que contratar abogados y asesores fiscales que te cuestan una fortuna. Tú tienes que dedicar meses, a veces años, a defenderte.

Mientras tanto, Hacienda puede embargarte, bloquearte cuentas, arruinarte la vida. Todo basándose en una simple liquidación que emiten ellos mismos, sin necesidad de demostrar nada previamente.

Como señaló el jurista Francisco de Vitoria ya en el siglo XVI: "La potestad pública está para servir al bien común, no para oprimir a los ciudadanos". Pero parece que Hacienda no leyó ese memo.

El economista y filósofo Friedrich Hayek, premio Nobel de Economía, advirtió sobre este peligro: "Cuando el gobierno tiene el poder de quitarte tus bienes sin un proceso justo, has dejado de ser un ciudadano libre para convertirte en un súbdito."

Y eso es exactamente lo que somos ante Hacienda: súbditos, no ciudadanos.

Los impuestos abusivos: cuando robar se llama "recaudar"

Hablemos claro de algunos de los impuestos más abusivos que Hacienda nos impone:

El impuesto de sucesiones: pagar por heredar de tu familia

Imagina esto: tu padre trabaja toda su vida. Paga impuestos sobre su salario. Paga IVA en todo lo que compra. Paga impuestos sobre su casa, su coche, sus ahorros. Cuando muere, el Estado ya se ha llevado más de la mitad de lo que ganó en vida.

¿Pero no es suficiente? No. Ahora tú tienes que pagar impuestos por recibir lo que quedó después de que el Estado se llevara su parte durante décadas.

Es pagar impuestos sobre algo que ya fue gravado una, dos, tres veces. Es doble, triple, cuádruple imposición disfrazada de legalidad.

El propio Adam Smith, padre de la economía moderna, estableció en el siglo XVIII que un sistema tributario justo debe evitar la doble imposición.. Pero Hacienda hace oídos sordos.

El impuesto de plusvalía municipal: pagar aunque pierdas dinero

Este es de los más sangrantes. Vendes tu casa. Pierdes dinero porque la compraste más cara de lo que la vendes. ¿Lógica básica? Has tenido una pérdida, no una ganancia.

Pero el ayuntamiento te cobra igualmente por la "plusvalía" que supuestamente has obtenido. Te cobran por un beneficio que no has tenido.

Incluso el Tribunal Constitucional ha declarado este impuesto inconstitucional en ciertos supuestos. ¿Y qué han hecho muchos ayuntamientos? Cambiarlo ligeramente y seguir cobrándolo.

La tributación sobre la inflación: el robo silencioso

Cuando suben los precios por inflación, tus ahorros valen menos. Has perdido poder adquisitivo. Pero si tienes esos ahorros en un depósito que te da un 2% de interés, y la inflación es del 5%, Hacienda te cobra impuestos sobre ese 2%.

Es decir, has perdido un 3% de poder adquisitivo real, pero Hacienda te hace pagar impuestos como si hubieras ganado algo.

El economista Milton Friedman lo dejó claro: "La inflación es un impuesto sin legislación". Y cuando además te cobran impuestos sobre las pérdidas que te causa la inflación, el robo es doble.

La presión fiscal real: mucho más del 50% de tu vida trabajas para el Estado

Hacienda y los políticos nos hablan de tipos impositivos del 20%, 30%, 45%... Pero esa es solo una pequeña parte de la historia.

Hagamos las cuentas reales de un trabajador medio:

IRPF: Entre un 20-40% según tu salario

Seguridad Social a cargo del trabajador: 6,35%

Seguridad Social a cargo de la empresa (pero que sale de tu trabajo): 30%

IVA en todo lo que compras: 21% de media

Impuestos especiales (gasolina, tabaco, alcohol): Variables

IBI de tu vivienda

Impuesto de circulación de tu coche

Impuestos autonómicos y locales diversos

Cuando sumas todo, más del 50% de lo que produces va a parar a las arcas públicas de una forma u otra.

Eso significa que trabajas más de seis meses al año solo para pagar impuestos. Más de medio año de tu vida laboral se va en alimentar a la maquinaria estatal.

Como dijo Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de Estados Unidos: "Un gobierno lo suficientemente grande como para darte todo lo que quieres, es lo suficientemente grande como para quitarte todo lo que tienes."

Las transgresiones sistemáticas de Hacienda

Pero lo peor no son los impuestos en sí, por abusivos que sean. Lo peor es cómo Hacienda transgrede sistemáticamente la ley para recaudar más:

1. Liquidaciones masivas sin análisis individual

Hacienda envía liquidaciones automáticas, generadas por algoritmos, sin que ningún funcionario haya revisado realmente tu caso. Te acusan de deber dinero basándose en cruces de datos automáticos que a menudo contienen errores.

Y tú tienes que demostrar que el algoritmo se equivocó. Con tus recursos. Con tu tiempo. Con tu dinero.

2. Embargos preventivos sin sentencia

Hacienda puede embargarte antes de que un juez haya determinado si realmente debes algo. Pueden bloquearte las cuentas, embargar tu nómina, quedarse con tu devolución de IRPF, todo ello antes de que haya una sentencia firme.

El jurista Montesquieu ya advirtió en el siglo XVIII: "No hay tiranía peor que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con apariencia de justicia."

3. Interpretaciones abusivas y retroactivas

Hacienda aplica interpretaciones de las normas fiscales que ni los mejores expertos previeron. Y lo hace retroactivamente. Cambian las reglas del juego después de que se haya jugado la partida.

¿Hiciste algo hace cinco años que era legal? No importa. Si ahora Hacienda interpreta que no lo era, te perseguirán y te multarán.

4. El uso del miedo como herramienta de recaudación

Hacienda utiliza el miedo sistemáticamente. Amenazas de multas desorbitadas. Procesos que te pueden arruinar. La posibilidad de ir a prisión por delitos fiscales.

Todo ello diseñado para que pagues, incluso cuando no debes, porque defenderte te costará más caro que pagar lo que te reclaman injustamente.

El filósofo John Locke, padre del liberalismo, fue claro: "Donde termina la ley, comienza la tiranía." Y cuando la ley se aplica de forma abusiva y arbitraria, estamos ante una forma de tiranía fiscal.

El ciudadano indefenso frente al Leviatán

La asimetría de poder entre Hacienda y el ciudadano es brutal:

Hacienda tiene:

Equipos de abogados pagados con dinero público (tu dinero)

Acceso a toda tu información financiera

Poder para embargarte sin sentencia judicial

Presunción de veracidad en sus liquidaciones

Años para investigarte

La ley escrita a su favor

Tú tienes:

Que pagarte tus propios abogados (si puedes)

Que demostrar tu inocencia

Que aguantar embargos preventivos

Que asumir que sus acusaciones son ciertas hasta que demuestres lo contrario

Plazos muy limitados para recurrir

Una legislación fiscal tan compleja que ni los expertos la entienden del todo

Es como pelear contra un tanque armado solo con un palo.

Lo que opinan los expertos

Jesús Huerta de Soto, catedrático de Economía Política, lo resume así: "El sistema fiscal español se ha convertido en un instrumento de expolio sistemático del ciudadano, donde la complejidad normativa sirve para ocultar la confiscación."

Juan Ramón Rallo, economista y doctor en Economía, señala: "Hacienda opera con una presunción de culpabilidad del contribuyente que es incompatible con un Estado de Derecho. La carga de la prueba debería recaer siempre sobre quien acusa, no sobre quien se defiende."

Daniel Lacalle, economista y profesor, advierte: "La presión fiscal real en España, sumando todos los impuestos directos e indirectos, supera el 50% para la mayoría de trabajadores. Esto no es redistribución, es confiscación."

Incluso Thomas Piketty, economista francés conocido por sus posturas progresistas, reconoce: "Un sistema fiscal excesivamente complejo y opaco es, en sí mismo, una forma de injusticia, porque solo los más ricos pueden permitirse los asesores necesarios para navegarlo."

La solución que nadie quiere aplicar

La solución es obvia pero políticamente impopular entre la clase política:

1. Inversión real de la carga de la prueba: Que sea Hacienda quien tenga que demostrar que debes, no tú quien tenga que demostrar que no debes.

2. Prohibición de embargos preventivos: Ningún embargo sin sentencia judicial firme.

3. Simplificación radical del sistema tributario: Menos impuestos, más claros, más justos. Si un ciudadano medio no puede entender el sistema fiscal sin contratar a un experto, el sistema está diseñado para robar.

4. Eliminación de la doble imposición: No puede ser que pagues impuestos sobre algo que ya fue gravado.

5. Indemnizaciones por errores de Hacienda: Si te investigan durante años y resulta que no debías nada, Hacienda debe indemnizarte por los daños causados.

6. Tipos impositivos fijos y transparentes: Que cualquiera pueda calcular fácilmente cuánto paga en total.

7. Límite constitucional a la presión fiscal total: Ningún ciudadano debería pagar más del 40% de sus ingresos totales en impuestos de todo tipo.

Pero nada de esto se hará. Porque la clase política vive de mantener este sistema. Porque cuanto más complejo sea el sistema, más poder tienen ellos y menos control tenemos nosotros.

La pregunta que deberíamos hacernos

¿En qué momento aceptamos que esto es normal? ¿Cuándo decidimos que está bien que el Estado se quede con más de la mitad de lo que produces? ¿Cuándo asumimos que es aceptable ser culpable hasta que demuestres tu inocencia, solo en materia fiscal?

¿Por qué aceptamos de Hacienda comportamientos que jamás toleraríamos de cualquier otra institución?

Si tu banco te acusara de deberle dinero sin demostrarlo, y te embargara sin orden judicial, habría un escándalo nacional. Pero cuando lo hace Hacienda, lo llamamos "el sistema tributario".

La verdad incómoda

Hacienda no es "todos nosotros". Hacienda es una maquinaria diseñada para extraer la máxima cantidad de recursos de los ciudadanos productivos, utilizando métodos que en cualquier otro contexto se considerarían abusivos, y operando con una impunidad que no se toleraría en ninguna otra institución.

Y lo hace transgrediendo sistemáticamente los principios básicos del Estado de Derecho: presunción de inocencia, proporcionalidad, seguridad jurídica, no retroactividad.

Como sentenció Friedrich Hayek: "La libertad económica es condición necesaria de la libertad política. Quien controla todos los medios de un hombre, controla al hombre mismo."

Y en España, Hacienda controla más de la mitad de los medios de cada ciudadano.

Jode Antonio Carbonell Buzzian 

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Jordi Margalef - Secretario de Comunicación del Sindicato de Trabajadores (STR)