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Con un gran éxito de participación Villamanrique rompe el silencio por la vida con el Festival PROSVIDA

El I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA unió a vecinos, poetas, músicos y profesionales sanitarios en un clamor unánime contra el cáncer de próstata que trascendió lo cultural para transformarse en una defensa feroz de la sanidad pública, una lección de pedagogía médica y un canto a la supervivencia a través del arte.

El termómetro de las emociones estaba al límite el pasado sábado 6 de junio de 2026 en Villamanrique. La localidad bullía en una de sus jornadas más complejas y tradicionales del año, los vecinos se dividían entre la emotiva despedida de la Virgen de Mairena y el meticuloso trabajo artesanal de confeccionar las alfombras para la procesión del Corpus Christi del día siguiente. Sin embargo, cuando las manecillas del reloj marcaron las 20:00 horas, el Centro Cultural "Carlos Piqueras Medina" registró un lleno absoluto. Nadie quiso faltar.

Lazos azul celeste

En la entrada, la organización repartía unos lazos azul celeste. Pronto, ese color —símbolo de la lucha contra el cáncer de próstata— tiñó las solapas de un público intergeneracional. La poeta local Antonia Piqueras, respaldada por el apoyo incansable de Mª Carmen Unguetti, abrió el acto rompiendo el hielo con los versos de su poema "Horizonte de Esperanza". Una declaración de intenciones para un festival que no nacía para hablar de muerte, sino de supervivencia, dignidad y comunidad.

"Y aunque pueda llegar a ser costumbre / ver la vida a la muerte yuxtapuesta / nunca te impedirá dejar dispuesta / la mirada nostálgica y vislumbre / un horizonte pleno de esperanza…"

Julio Criado

Detrás de los 24 recitales que de forma simultánea han agitado la geografía española bajo la coordinación global de Luis Díaz-Cacho, late una historia con nombre propio, la del editor Julio Criado, responsable del Grupo Oretania.

Antonia Piqueras relató el calvario y la epopeya de Criado. Tras ser diagnosticado de cáncer de próstata, el editor pasó por todas las fases humanas imaginables, la indignación por no haberlo detectado antes, el hundimiento psicológico y, finalmente, la aceptación combativa. Decidido a que ningún otro hombre pasara por su situación debido a la desinformación o el pudor, Criado "removió Roma con Santiago".

Acompañado por los poetas Juan Camacho y Jesús Lara —ambos supervivientes de la enfermedad—, el propio Díaz-Cacho y Marciano Sánchez (entonces presidente regional de la Asociación Española Contra el Cáncer), redactaron un manifiesto que es ya un documento histórico. Con el objetivo de obligar a los hombres a dejar la vergüenza a un lado y exigir a las autoridades un cribado masivo a través de una simple analítica de sangre.

Romper el miedo

El testigo en el estrado lo tomó el doctor Francisco Jiménez García, un prestigioso médico "villorreño", exalcalde y actualmente jubilado como doctor colegiado honorífico de la Organización Médico Colegial de España. Con una trayectoria brillante en urgencias extrahospitalarias (UVI móvil) y mutuas de accidentes laborales, Jiménez regresó a su pueblo natal tras colgar el estetoscopio. Su intervención fue un bálsamo de claridad.

Con un lenguaje sumamente pedagógico y cercano, el doctor desmitificó la próstata y explicó dónde se encuentra, cuál es su función biológica y qué afecciones comunes —pero benignas— pueden alterarla, como la prostatitis o la hiperplasia benigna de próstata. Jiménez insistió en que síntomas como la dificultad para orinar, la sensación de vaciado incompleto, el dolor, la disfunción eréctil o la presencia de sangre en fluidos deben encender las alarmas de inmediato.

"El cáncer de próstata comparte muchos de estos síntomas, pero se puede curar si se detecta a tiempo", sentenció el doctor, señalando al análisis de PSA como la llave maestra de la supervivencia. Además, mandó un mensaje de tranquilidad, "gracias a la tecnología actual, las pruebas diagnósticas ya no son agresivas ni invasivas".

Sanidad pública

Uno de los momentos más políticos y reivindicativos de la tarde llegó con la lectura del manifiesto oficial de PROSVIDA, ejecutada con firmeza por los jóvenes Daniel y Juan de Dios Ciudad Patón, y rubricada por el discurso institucional del alcalde de Villamanrique, Luis Luna.

Las intervenciones institucionales no se anduvieron con rodeos y lanzaron un alegato feroz en defensa del sistema sanitario como el mayor patrimonio social del país, un escudo democrático que iguala a los ciudadanos cuando la biología golpea.

"La enfermedad no pregunta quién eres, cuánto ganas, dónde trabajas o de qué familia vienes. Puede llamar cualquier día a la puerta de cualquiera", se escuchó con rotundidad en el auditorio.

En un contexto social complejo, el discurso de la jornada dejó un titular incontestable, "Hay quienes juegan a debilitar o desprestigiar un servicio tan esencial. Pero debemos ser claros, la sanidad pública no se lapida, se defiende; no se abandona, se refuerza; no se cuestiona como un gasto, se protege como una inversión en vida, en igualdad y en dignidad". El alcalde Luis Luna, mostrando el orgullo de su regidoría, resumió el sentir de la localidad, "Un pueblo pequeño también puede hacer cosas grandes cuando se implica en causas importantes".

Testimonios

Si la ciencia y la política armaron el armazón del acto, la crudeza de la realidad humana lo dotó de alma. El Centro Cultural enmudeció para escuchar a dos vecinos que miraron a los ojos a la enfermedad y lograron vencerla.

Manoli Patón. Hace siete años, la vida de Manoli cambió por completo. Ella misma relató cómo se detectó un bulto milimétrico en la mama. A pesar de su reducido tamaño, su instinto la empujó al médico. El diagnóstico fue inapelable. "Fue un golpe muy fuerte y difícil de encajar; el mundo se te derrumba", rememoró con la voz entrecortada por la emoción. Manoli no ocultó la extrema dureza del proceso, la cirugía, las sesiones de quimioterapia y radioterapia, y la posterior reconstrucción mamaria que transformaron su rutina y la de su entorno. Hoy, estabilizada y bajo revisiones periódicas, su mensaje fue un rugido de resiliencia, "No hay que derrumbarse, hay que tener fuerza y vencer".

Manolo Lillo. El testimonio de Manolo Lillo fue un viaje en el tiempo de casi tres décadas. Hace 28 años, con apenas 44 años de edad, un taller de confección textil recién inaugurado que marchaba sobre ruedas y cuatro hijos a su cargo (dos de ellos gemelos de muy corta edad), el mundo se desmoronó al ser diagnosticado de un linfoma no Hodgkin. Los pronósticos médicos eran devastadores. El estrés y las preocupaciones laborales le habían robado la salud. Manolo recordó con lágrimas en los ojos cómo las visitas de sus hijos pequeños al hospital se convirtieron en la única gasolina para no tirar la toalla. Contra todo pronóstico médico, sobrevivió. Modificó radicalmente su escala de valores, desterró las ansiedades materiales y se volcó en el día a día junto a los suyos. "Yo tengo hoy 28 años de edad", bromeó con madurez, "porque la vida me dio una segunda oportunidad que no he desaprovechado".

Poesía y latido musical

El festival demostró que el arte posee la capacidad quirúrgica de llegar a las zonas del tejido social donde los discursos encallan. La música de la tarde fue puramente intergeneracional. El Coro Parroquial, magistralmente dirigido por Pilar Señoret, selló el principio y el final del evento con dos piezas cargadas de misticismo y luz, "Tú Señor, eres mi esperanza" y "Peregrino de esperanza".

La sección de cuerda regaló uno de los instantes más bellos de la velada. Las experimentadas violinistas Clara Mena, Teresa Morales y Miriam Antequera unieron sus arcos a los de dos niñas prodigio locales, Fátima y Cinthia Medina. Ver a las dos pequeñas interpretar con maestría absoluta el 'Concertino-allegro' para luego fusionarse con las mayores en la pieza escocesa 'Hornpipe' levantó una gran ovación.

En el plano lírico, las rapsodas de la comarca (Mari Carmen Unguetti, Mª Jesús Soto, Mairena Pérez y Paula García) insuflaron una sensibilidad exquisita recitando fragmentos de la antología 'Palabras para la Paz y la vida'. Por su parte, los poetas Bienvenido Torija, Manoli López, Aurelia Galán y la propia Antonia Piqueras desnudaron versos inéditos creados expresamente para la cita.

El broche de oro literario lo puso el poema que Antonia dedicó a Julio Criado y a su esposa, Mª Jesús Gallego, titulado "La poesía rompe el silencio". Un texto que define el ejercicio de escribir como el único tratamiento médico capaz de reconstruir una vida sin pasar por el quirófano. "La poesía repara las heridas sin cirugía / y, sin miedo, cicatricen".

El I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA no bajó el telón en Villamanrique con el frío protocolo de las despedidas institucionales, sino con el firme convencimiento de haber cumplido una misión vital. Tras la entrega de los obsequios de recuerdo a los participantes, el eco de las palabras del alcalde Luis Luna quedó flotando en el ambiente como el mejor resumen del encuentro, "Ojalá este acto sirva para que alguien, al salir de aquí, decida pedir una revisión, hablar con su médico o animar a un familiar a cuidarse. Si conseguimos eso, este encuentro ya habrá merecido la pena".

Los asistentes abandonaron el centro cultural portando su lazo celeste en el pecho y una consigna grabada a fuego en la mente, cuidarse no es un signo de debilidad; es el mayor acto de responsabilidad con uno mismo y de amor hacia quienes nos rodean. Aquella tarde, entre versos que curaban el alma y violines que desafiaban la edad, Villamanrique demostró al unísono que prevenir es vivir, detectar a tiempo es ganar tiempo, y defender la sanidad pública es defender la dignidad de todas las personas. En la batalla por la vida, un pueblo pequeño demostró ser inmensamente grande.

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