Comer bien durante la jornada laboral es clave para rendir, pero para muchos profesionales sigue siendo una tarea pendiente en el día a día. Así lo refleja un estudio reciente elaborado por Knoweats sobre hábitos en la era híbrida, que evidencia una brecha clara entre lo que los profesionales quieren hacer y lo que realmente hacen.
Según los datos, el 54% de los profesionales considera que comer bien es clave para rendir y cuidarse, lo que confirma que la alimentación ha dejado de ser un aspecto secundario. Sin embargo, la práctica diaria cuenta otra historia: un 35% reconoce que, aunque lo considera importante, la logística —pensar qué comer, comprar o cocinar— le supera.
Esta falta de tiempo tiene consecuencias directas. Un 24% admite que acaba comiendo "lo primero que pilla", lo que refleja cómo la improvisación se ha normalizado en muchas jornadas laborales. Y eso ocurre a pesar de que el 60% entiende la alimentación como una inversión en su energía y su desarrollo profesional.
A esta dificultad se suma el impacto emocional. El 38% asocia la gestión de sus comidas con carga mental, mientras que para otros supone pereza o estrés, convirtiéndose en una preocupación más dentro del día a día laboral.
Además, el efecto sobre el rendimiento es evidente. Cerca del 41% experimenta fatiga o falta de concentración varios días a la semana o a diario después de comer, lo que contribuye al conocido "bajón de la tarde".
Como explica Alex Sempere Jover, nutricionista de Knoweats, "cada vez vemos más claro que la alimentación no solo influye en la salud, sino también en la energía mental y la capacidad de concentración durante la jornada laboral. Cuando las comidas se improvisan o se hacen con prisas, es más probable que aparezcan bajadas de rendimiento a lo largo del día".
Ante este escenario, empieza a ganar fuerza una nueva tendencia: simplificar la alimentación. Cerca del 80% se plantea recurrir a servicios de alimentación saludable si estos les permiten recuperar tiempo y mejorar su rendimiento diario.
El estudio refleja así un cambio de mentalidad: la alimentación deja de ser una cuestión secundaria para convertirse en un elemento clave del rendimiento profesional. En la era híbrida, comer bien ya no es solo salud, sino también productividad.