La Institución Académica Unidema acaba de presentar su XI Informe de Coyuntura anual 2025 en una cita única en forma de Webinar delante de sus estudiantes.
El análisis, liderado por Pablo Delgado, dibuja un escenario de crecimiento sostenido para España, pero alerta de desequilibrios estructurales que amenazan la competitividad, la evolución de los salarios reales y la estabilidad financiera de los hogares.
Crecimiento apoyado en el consumo… y no en la productividad
Tal como arrojan los datos, la economía española cerró 2025 con un crecimiento real del PIB del 2,63%, una cifra sólida, aunque inferior a la del ejercicio anterior. El dato más relevante, para los analistas de Unidema, es la fuerte brecha entre el crecimiento nominal (6,5%) y el real, lo que confirma que una parte sustancial del avance del negocio empresarial sigue viniendo del efecto precios, y no de un aumento real de la actividad.
“El principal motor continúa siendo el consumo privado, respaldado por el buen comportamiento del empleo”, explican.
En cambio, la inversión productiva —especialmente en bienes de equipo y tecnología— avanza de forma contenida y no logra compensar un problema de fondo: la productividad, cuyo crecimiento se mantiene por debajo del 0,5%, limitando el potencial de crecimiento a medio plazo.
Empleo récord, pero concentrado en sectores de bajo valor añadido
El mercado laboral alcanza uno de los hitos más visibles del ejercicio: la tasa de paro desciende hasta el 9,93%, sin cambios en la tasa de actividad, lo que refleja una creación de empleo real y no una simple salida de trabajadores del mercado.
Sin embargo, el informe subraya una señal estructural preocupante. El gran empleador de la economía vuelve a ser el agregado de comercio, transporte y hostelería, que alcanza un máximo histórico de 6,56 millones de ocupados.
“La elevada concentración del empleo en actividades de bajo valor añadido refuerza una de las grandes debilidades del modelo productivo: la dificultad para impulsar la productividad media y, con ello, una mejora sostenida de los salarios reales”, concluyen.
El capítulo más delicado del informe se encuentra, precisamente, en la productividad.
Mientras la productividad por hora trabajada apenas avanza un 0,4%, la productividad por puesto equivalente a tiempo completo retrocede un 0,17%, evidenciando una recomposición del empleo hacia jornadas parciales y una mayor fragmentación del trabajo.
En paralelo, la remuneración por asalariado aumenta un 4,6%, lo que eleva los Costes Laborales Unitarios (CLU) un 4,7%. La conclusión es clara: en 2025 los salarios crecen muy por encima del valor añadido generado.
Este desfase implica un encarecimiento significativo de producir en España y presiona directamente los márgenes empresariales. El informe advierte además de un efecto colateral: el aumento de la tasa de asalarización sugiere una mayor concentración empresarial, al ser las compañías de mayor tamaño las únicas con capacidad para absorber este deterioro de márgenes.
Inflación persistente y ya impulsada por la demanda
La inflación cerró el año en el 2,9%, claramente por encima del objetivo de estabilidad. Más relevante aún es que la inflación subyacente se mantiene en el 2,6%, confirmando que las tensiones ya no responden únicamente a factores externos, sino a dinámicas internas.
El informe identifica un cambio de naturaleza del fenómeno inflacionista: la fortaleza del consumo está trasladando la presión directamente a los precios. Los mayores incrementos se concentran en los componentes más rígidos de la cesta:
Vivienda y suministros básicos: +5,7%
Restaurantes y hoteles: +4,6%
Este último dato es especialmente significativo, al reflejar con claridad los llamados efectos de segunda ronda: en sectores intensivos en mano de obra, el aumento de los costes salariales sin respaldo de productividad se está trasladando ya al consumidor final.
Endeudamiento de los hogares: fuerte repunte del crédito al consumo
Uno de los indicadores más sensibles del informe es el comportamiento financiero de las familias. Mientras el crédito hipotecario crece de forma moderada (+3%) y los préstamos para otros fines se reducen (–2,6%), el crédito al consumo se dispara un 9,6%.
Este aumento abre un foco de vulnerabilidad. Por un lado, podría reflejar que parte de los hogares están recurriendo al crédito para mantener su nivel de vida en un contexto de precios elevados. Por otro, podría responder a un efecto de confianza vinculado al buen comportamiento del empleo. En cualquier caso, la velocidad del endeudamiento introduce un riesgo claro si las expectativas de mejora futura de ingresos no se consolidan.