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Luis Fernández de Eribe, toda una vida de cine desde"El bueno, el feo y el malo"

Recuerdos, personajes y reflexiones de un actor que ha atravesado seis décadas de rodajes, fama y pasión por la interpretación

Por Susan Villa

Hablar con Luis Fernández de Eribe es adentrarse en una forma de entender la interpretación construida a lo largo del tiempo. Con más de seis décadas de trayectoria en cine, teatro y otros formatos audiovisuales, su carrera se ha desarrollado de manera constante, alejada de los vaivenes que suelen acompañar a la profesión, y marcada por una relación serena con el éxito, el reconocimiento y el oficio.

Desde sus primeros contactos con el cine siendo apenas un adolescente —en una época en la que rodar una película era, ante todo, un trabajo más— hasta su participación en proyectos internacionales y festivales de prestigio, Fernández de Eribe ha sido testigo directo de la evolución del sector audiovisual. Su mirada, forjada tanto desde la experiencia como desde la reflexión, ofrece una perspectiva poco habitual en un contexto dominado por la inmediatez y la exposición constante.

En esta conversación, el actor repasa sus inicios, reflexiona sobre la profesión y el paso del tiempo, y aborda con franqueza cuestiones como la fama, la construcción del personaje y la fidelidad a uno mismo. Un testimonio pausado y sin concesiones, que reivindica la disciplina, el aprendizaje continuo y el respeto por el trabajo bien hecho como ejes fundamentales de una vida dedicada a la interpretación.

1-¿Qué recuerdos guarda de su infancia y de ese primer momento en el que intuyó —aunque fuera de forma confusa— que la interpretación podía formar parte de su vida?

En principio, los recuerdos son confusos. Yo tenía 13 años y mi madre me llevó a un casting de publicidad de un producto farmacéutico. Me seleccionaron y realicé la publicidad sin más.

Pasaron tres años y, de nuevo, mi madre me llevó a otro casting: el de la película "El bueno, el feo y el malo", dirigida por Sergio Leone y con Clint Eastwood como actor principal.

En aquel tiempo era algo desconocido, un trabajo más. Nada que ver con el éxito obtenido posteriormente por la película, considerada hoy una de las mejores del Oeste. Yo interpretaba el papel de soldado casaca.

A partir de ahí comenzó una inquietud por seguir en el cine, pero mis padres me indicaron que primero debía acabar la carrera de Ingeniero Químico. Así lo hice y, una vez terminado el proceso de presentación del proyecto, comencé a estudiar Arte Dramático, música y doblaje.

2-Mirando atrás, ¿hubo alguna persona, experiencia o circunstancia concreta que marcara un punto de inflexión y le empujara a tomarse la actuación como un camino serio y no solo como una inquietud?

Tengo que decir que la persona que siempre estuvo detrás de todos los castings y proyectos que surgían fue mi madre.

Años después, ella también participó en diferentes e importantes proyectos y es muy querida y recordada en el mundo del cine.

3-El oficio de actor suele estar lleno de dudas e incertidumbres. ¿Recuerda alguna etapa especialmente difícil en la que pensara en abandonar, y qué le hizo continuar?

En mi caso no existían esas dudas, habituales en otros compañeros, porque tenía las espaldas cubiertas al contar con un trabajo fijo y unos ingresos mensuales. Esto es algo que a muchos compañeros les dificulta llegar a la cima.

Precisamente porque el cine es una gráfica con diente de sierra: hoy estás arriba, mañana abajo, después arriba y luego cuatro o cinco meses sin que salga ningún proyecto.

Al no ser un trabajo continuado, se originan muchas desilusiones, ya que los gastos de la vida diaria hay que solventarlos —comida, alquiler, vestuario—. Muchas vocaciones se pierden precisamente por ese motivo.

4-A lo largo de su trayectoria, ¿cómo ha cambiado su forma de entender la profesión y, sobre todo, su relación personal con el éxito y el reconocimiento público?

Mi carrera ha sido lineal. He trabajado y he disfrutado, y lo sigo haciendo. He tenido éxitos y algún fracaso, pero en general la gráfica ha sido ascendente, con una pendiente continua.

Los éxitos no me han ahogado, por lo que mi nivel siempre ha sido el mismo con mis compañeros y seguidores.

5-Muchos intérpretes hablan de la actuación como un refugio, pero también como una exposición constante. ¿Qué le ha dado la interpretación a nivel emocional y qué cree que le ha quitado?

El que diga eso, mal asunto. No se puede uno refugiar en la interpretación; hay que vivirla y disfrutarla.

Una vez que nos exponemos en el escenario o en la pantalla, somos la diana de todas las críticas. Pero hay que saber interpretarlas y, si son negativas, encaminarlas hacia el objetivo de mejorar.

Exponerse al público da fluidez verbal y, sabiendo moderarla de acuerdo con un proyecto, un guion o un personaje, siempre resulta positivo a nivel emocional.

Por ello estoy muy agradecido a estos 60 años de trabajo cinematográfico en todas sus facetas.

6-Cuando construye un personaje, ¿qué parte de usted mismo termina inevitablemente entrando en ese trabajo, aunque no lo pretenda?

Una vez leído el guion, comienza la preparación y la observación de los detalles de ese "señor X". A partir de ahí se inicia un desglose de características: tipos, movimientos, tonos de voz, gestos, etcétera.

Normalmente, el director corrige estos elementos durante el ensayo, ajustando valores hacia arriba, abajo o planos.

Mi persona pasa a ser el personaje y vive dentro de mí mientras dura el trabajo. Incluso tiempo después recuerdas frases y características típicas de aquel "señor X". Muchas cosas no se olvidan y, años después, eres capaz de relatar frases exactas del guion aprendido a conciencia.

7-La fama suele proyectar una imagen que no siempre coincide con la persona real. ¿Cómo gestiona la distancia entre el Luis Fernández de Eribe público y el privado?

En mi caso, en las distintas fases en las que he estado en la cima de la fama, he conseguido seguir siendo la misma persona ante compañeros y seguidores. No he tenido dolores de cabeza por ganar premios —y son más de 200—.

Luis Fernández de Eribe sigue siendo el mismo que antes y siempre lo será. La cabeza no está solo para llevar un sombrero, sino para pensar y calibrar cada momento. Por eso soy el mismo en público que en privado.

8-Con la perspectiva que dan los años, ¿hay algún papel o proyecto que sienta especialmente cercano, no tanto por su repercusión, sino por lo que le removió por dentro?

Tras 60 años de trabajo en el cine, lógicamente te cruzas con personajes que se adaptan más a tu perfil que otros, y a algunos les tomas más cariño.

Es el caso de los papeles en los que mueres, y yo tengo bastantes; parecen tocarte de cerca y, en algún momento, las "hormiguitas" recorren el estómago. En otros papeles —en los que te casas, eres famoso o un triunfador— se alimenta el ego del actor y se duplica la personalidad.

Si tuviera que seleccionar uno, sería un papel ambientado en la Guerra Civil: fraile, fusilamiento. La caída al suelo estremeció al director por el realismo de la acción, en "Bajo un manto de estrellas".

9-En un sector tan cambiante como el audiovisual y el teatral, ¿qué cree que es hoy lo más importante para mantenerse fiel a uno mismo sin dejar de evolucionar como actor?

Debe prevalecer la personalidad de la persona sobre la del actor, pero sabiendo moldearse a un determinado papel cuando las circunstancias lo requieran.

Posteriormente, el actor quizá deba hacer alguna modificación personal para adaptarse al personaje, si el director así lo indica.

La evolución debe ser permanente en el día a día, con cursos, másteres y entrenamientos actorales. Nunca debes acostarte sin haber aprendido algo nuevo.

10- ¿En qué proyectos está trabajando y qué es lo que más le ilusiona de ellos?

Siempre tengo la agenda llena o preparada para rellenarla, y la modifico a diario, aunque la llevo de forma anual.

El próximo miércoles se publica una entrevista de dos horas que me hizo la Universidad de Oviedo para un libro sobre el rodaje de "El bueno, el feo y el malo".

En diez días comienzo el rodaje de una serie experimental y pedagógica.

A final de mes tengo un videoclip para un cantante.

En marzo ruedo un cortometraje en Nápoles.

En abril vuelvo a Italia, a Venecia, como protagonista de "Dandolo of Venice".

En mayo realizo una ruta por Marruecos, en los festivales de Tiznit y Ouarzazate. Allí seré premiado y daré una conferencia sobre el cine de Luis Buñuel y Pedro Almodóvar.

En julio regreso a Italia, a Padua y Treviso, para rodar como protagonista "Io ti amo".

En agosto estaré en el Festival Luna de Cortos, en Veguellina de Órbigo (León).

La agenda continúa creciendo con nuevos proyectos cada día. La ilusión está puesta en todos ellos, sean grandes o pequeños.

Ruedo con frecuencia para escuelas de cine, de forma gratuita, para que los alumnos puedan realizar sus prácticas, lo cual también resulta muy gratificante, aunque no tenga retribución económica.

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