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Jazmín Chi: la mujer que construye puentes entre el éxito y el corazón humano

Por José Luis Ortiz Güell

Desde China, la empresaria y fundadora del Grupo Educativo CHI- Conciencia Humana Internacional compuesto por la Fundación CHI, Editorial CHI, CHI School of Leadership and Business y CHI Language School, comparte cómo el liderazgo con alma puede transformar vidas y negocios.

Hay personas que llevan el éxito escrito en el currículum, y otras que lo llevan tatuado en el alma. La Doctora Jazmín Chi pertenece a este segundo grupo. Empresaria visionaria, líder con sensibilidad social, filántropa y fundadora de una organización que rescata sueños, su historia no es solo la de una mujer que rompió techos de cristal, sino la de quien decidió tender puentes para que otros también cruzaran.

Hoy, desde China, donde equilibra negocios internacionales con proyectos humanitarios, Jazmín abre su corazón en esta entrevista. Habla de liderazgo con propósito, de caídas que enseñan a volar y de por qué la verdadera riqueza se mide en sonrisas y vidas transformadas.

1- Compartió que "El respeto y la atención son la base de todo". ¿Cómo logró mantener esa humanidad en un mundo empresarial que a veces premia la frialdad?

Ser fiel a una misma es, en realidad, una de las decisiones más valientes que existen. Con los años he comprendido que, por encima de cualquier logro, lo verdaderamente importante sigue siendo lo esencial: compartir tiempo con quienes amas, vivir con presencia, agradecer lo que se tiene y cultivar con cuidado los vínculos que nos sostienen.

Provengo de un país inmensamente rico en cultura, talento y corazón, pero también profundamente marcado por heridas sociales. Crecer y formarme en un entorno atravesado por la violencia me confrontó desde muy temprano con la fragilidad de la vida, y eso despertó en mí una conciencia más humana, más compasiva y más responsable.

Acompañar a mi familia en medio de contextos difíciles, protegernos, mantenernos unidos y elegir el amor por encima del miedo fue lo que me dio claridad sobre lo verdaderamente valioso. Hoy, después de todo lo vivido, mi mayor fortaleza no es solo lo que he construido, sino la paz que hemos logrado preservar como familia, nuestra capacidad de cuidarnos, y de seguir creyendo en la vida sin perder la ternura.

En el mundo empresarial he aprendido que se puede liderar con firmeza sin perder la sensibilidad, tomar decisiones con claridad sin renunciar a la empatía, y crecer sin dejar de ser humanos. Para mí, el respeto, la honestidad y la atención son una forma de vida.

2-Su fundación es un reflejo de su compromiso. ¿Qué momento o historia le hizo decir: "Esto es por lo que trabajo"?

Cuando comprendí, desde mi propia historia familiar, que la educación tiene el poder de reescribir destinos. Mis padres crecieron en contextos de profunda carencia material, pero con una riqueza inmensa de sueños, dignidad y valores. Mi padre trabajó desde joven en oficios duros; mi madre en el servicio doméstico. Ambos entendieron algo esencial: que los valores, el conocimiento y el trabajo honrado, eran la única herencia capaz de romper ciclos.

Gracias a esa convicción, mi padre llegó a ser médico y mi madre enfermera. Desde pequeña me inculcaron que la educación, acompañada de valores, no solo transforma la mente: transforma la vida entera.

En mi propio camino atravesé experiencias profundamente difíciles que pusieron a prueba mi identidad, mi fe en mí misma y mi visión del futuro. Muy joven me vi obligada a tomar decisiones que aceleraron mi madurez y me enfrentaron a una responsabilidad inmensa. Convertirme en madre marcó un parteaguas en mi historia: fue el momento en el que dejé de dudar de mí y empecé un proceso profundo de reconstrucción interior.

Durante años trabajé intensamente en mi formación académica, emocional y humana: cambié hábitos, sané heridas, fortalecí el carácter y redefiní mi propósito. Ese proceso me transformó por completo.

Hoy trabajo en este ámbito porque sé, por experiencia viva, que la educación no solo abre oportunidades: salva vidas, transforma realidades y generaciones enteras. Porque quiero ser un puente para que millones de personas descubran que, aun cuando el punto de partida sea complejo, siempre existe un camino posible. No es sencillo, requiere un esfuerzo extraordinario, pero cuando se paga el precio de creer y crecer, la vida responde.

3-Ha mencionado que "un líder también llora". ¿Cómo transformó sus propias vulnerabilidades en fortalezas para su equipo?

He llorado muchas veces. Como una vez escribió un poeta: "los ojos que han sido bañados en lágrimas, brillan con una luz más pura y clara". Muchos años atravesé juicios, puertas que no se abrieron, desigualdades que no siempre son visibles desde fuera. Hubo momentos en los que mi fragilidad fue malinterpretada, y mi necesidad, utilizada en mi contra. En más de una ocasión, se me negó valor antes incluso de que pudiera mostrar de qué estaba hecha.

Pero la vida, con su forma silenciosa de enseñar, me llevó a comprender que no podía seguir esperando validación externa para reconocer mi propia dignidad. Decidí entonces crear mi propio camino. Vinieron años profundos de trabajo interior, de terapia, de reconstrucción emocional, de aprender a contar mi historia sin quedar atrapada en la herida.

Siempre he creído que cuando una puerta no se abre, uno puede construir su propio edificio. Y eso hice, con paciencia, con fe y con muchos cimientos invisibles. Hoy tengo escuelas, una editorial y una fundación que impactan miles de vidas, y eso hace que mis ojos brillen de alegría. Todo lo que construyo lo hago desde los valores con los que crecí, porque estoy convencida de que el liderazgo verdadero no se impone sino que se ejemplifica en cada decisión, en cada trato, y en cada equipo.

4-¿Qué le enseñó este país (China) sobre equilibrar el crecimiento económico con la responsabilidad social?

China me enseñó que el crecimiento verdadero nace del esfuerzo compartido, de la constancia y de una visión que piensa en generaciones, no solo en resultados inmediatos. Me siento profundamente conectada con su historia, no solo por mis raíces familiares, sino por su extraordinario proceso de transformación colectiva.

Durante mucho tiempo, como ocurre con muchas naciones, se ha difundido una imagen incompleta de este país. Pero quienes lo conocen de cerca descubren una China profundamente innovadora, tecnológica, disciplinada y, sobre todo, comprometida con el desarrollo de su gente a través de la educación.

China me recordó algo esencial: cuando una sociedad invierte de manera constante en su capital humano, la transformación no es una promesa lejana, es una realidad inevitable. Y eso mismo ocurre a nivel personal. Durante años me dediqué a sanar, a crecer, a estudiar, a reconstruirme desde lo más profundo. Hoy, los frutos de ese proceso no solo transforman mi vida, sino que alcanzan a miles de personas a través de nuestra fundación y nuestras empresas.

Creo firmemente que el crecimiento económico, cuando no va acompañado de una transformación social, queda incompleto. Por eso no aspiro a acumular, sino a fluir. A ser un canal, un puente vivo que transporte a muchos hacia nuevas oportunidades, hacia futuros más amplios, más dignos y más humanos.

5-Jazmín, en nuestra conversación, ha hablado de su compromiso profundo con la educación y el impacto social. Pero sabemos que su trabajo ha ido mucho más allá, llevándole a muchos rincones del mundo. Ha sido reconocida como una de las 120 mujeres más innovadoras del mundo por la Organización Athena40 en su lista del 2020, ha sido fellow por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en 2024 como Jóven Líder de las Américas, ha recibido diversos Doctorados Honoris Causa por la labor que hace y ha colaborado con figuras destacadas como los ganadores del Oscar Andrea Nix y Sean Fine en un comercial sobre la importancia de la educación para Walden University, así como haberse graduado con una beca completa de la escuela de Educación de la Universidad de Harvard.

¿Cómo le ha ayudado este alcance global a fortalecer tu misión y visión, y cómo conecta todos estos logros con su propósito personal?

Cada reconocimiento que he recibido lo abrazo con gratitud profunda y con el corazón abierto. Pero, en esencia, nunca han sido los títulos lo que me ha movido, sino las vidas que tocamos a través de todo el ecosistema CHI.

Hoy sabemos que más de 18,000 personas, en países como México, Marruecos, Colombia, China y Japón, han sido impactadas por nuestros programas, y que más de 30 alianzas con actores de los sectores empresarial, gubernamental, educativo, social y cultural han permitido que ese impacto se multiplique. Pero, incluso frente a estas cifras, yo sigo viendo rostros, historias, nombres, esperanzas.

Viajar a más de 50 países me ha enseñado que cuando los seres humanos se unen desde un propósito auténtico, los cambios dejan de ser individuales y se convierten en movimientos colectivos. Las fronteras se diluyen y el amor se convierte en el lenguaje universal.

Los reconocimientos amplifican la voz, sí… pero la misión permanece intacta: seguir abriendo caminos a través de la educación, sembrando oportunidades donde antes solo había silencio, y recordando que un solo acto de amor puede transformar generaciones enteras.

6-Más allá de los reconocimientos, ¿qué quisiera que dijeran de usted quienes la conocen en privado?

Más allá de cualquier reconocimiento, me gustaría que quienes me conocen en privado pudieran decir que intento vivir desde el amor, la coherencia y el servicio. Ese es el centro de mi vida y también de mi lema: esparcir amor y sabiduría alrededor del mundo.

Si alguien encuentra un poco de esperanza, consuelo o valentía a través de lo que hago, siento que mi misión está siendo cumplida. No aspiro a ser recordada por títulos, sino por la forma en la que hice sentir a las personas.

Y sí… también espero que digan que amo profunda e inmensamente a los perritos, porque en su ternura siempre encuentro un recordatorio de la alegría simple, del amor incondicional y de la belleza de lo esencial.

7-Como mujer líder en sectores tradicionalmente masculinos, ¿alguna vez tuvo que elegir entre ser 'fuerte' según los estándares del mundo o ser fiel a su esencia? ¿Cómo navegó en esa dualidad?

Muchas veces. En más de una ocasión el mundo me presentó esa elección como un dilema: endurecerme para sobrevivir o permanecer fiel a mi esencia. Con el tiempo comprendí que esa era una falsa dicotomía. La verdadera fortaleza no nace de la dureza, sino de la coherencia con el alma.

Cuando una persona renuncia a su esencia para tratar de encajar, no se vuelve fuerte… se vuelve vulnerable de una manera profunda. Yo elegí ser auténtica, aun cuando hacerlo significara caminar sola por momentos, nadar contra la corriente, sostener mi voz con suavidad en medio del ruido.

Hoy sé que no existe mayor acto de valentía que permanecer íntegra en un mundo que constantemente intenta moldearte. Y también sé que la ternura, la empatía y la sensibilidad no son debilidades: son formas elevadas de coraje.

8-Entre todos los proyectos de su fundación, me podría decir el momento en que una sonrisa ajena le hizo sentir: 'Esto lo vale todo'. ¿Qué historia hay detrás?

Hay un momento que se repite en casi todas mis conferencias y que, sin importar cuántas veces ocurra, nunca deja de conmoverme. Al terminar, mujeres de todas las edades se me acercan para abrazarme. Algunas llegan con palabras, otras solo con lágrimas. Muchas no dicen nada… y aun así me entregan todo. En esos abrazos hay historias, heridas, miedos, anhelos, y también esperanza.

Cada vez que una mujer llora en mis brazos, confirmo algo que me acompaña desde hace años: el mundo necesita más espacios de ternura, de escucha, de sanación emocional. Necesita que les recordemos a las mujeres, niñas y jóvenes que su valor no depende de nadie más, que son dignas, amadas, suficientes, y que sus sueños importan.

Cuando veo a una mujer que llegó rota comenzar a caminar con la frente en alto; cuando una joven se atreve por primera vez a creer en sí misma; cuando alguien logra aquello que durante años pensó imposible… en ese instante todo cobra sentido. Ahí, sin duda, sé que todo ha valido el esfuerzo.

Muchas veces me dicen: "Me cambiaste la vida". Y yo, con profunda humildad, siempre respondo lo mismo: no fui yo. Fueron ellas. Yo solo les mostré el reflejo de lo que ya habitaba en su interior. La fuerza, el valor y la voz siempre fueron suyos.

Y cada vez que presencio uno de esos despertares del alma, me lo repito en silencio, con el corazón lleno: todo, absolutamente todo, ha valido el esfuerzo.

9-Ha hablado de resiliencia, pero ¿cómo fue su noche más oscura como líder? ¿Y qué aprendió de ella que ahora aplica para levantar a otros?

Mi noche más oscura no fue una sola. Fue una larga travesía. Fue ser madre autónoma en un mundo que juzga sin conocer la historia completa; fue sostener la vida con hasta cinco trabajos a la vez para cubrir lo indispensable; fue vivir con la constante elección entre mis propias necesidades y las de mi hija… y elegir siempre a mi hija. Fue soñar profundamente y, al mismo tiempo, tener que postergar esos sueños porque la supervivencia no espera.

Fue también caminar un proceso donde la justicia avanza lento, donde el dolor a veces parece no tener testigos, y donde el silencio pesa. Pero incluso ahí, en medio de esa oscuridad, algo dentro de mí se mantuvo encendido: la certeza de que mi vida no terminaría en la herida.

No creo que haya sido una sola noche del alma, sino un proceso evolutivo, paso a paso, capa por capa. En cada etapa fui soltando miedos, rompiendo cadenas mentales, recuperando mi voz. Y comprendí algo esencial: es justamente en la oscuridad donde el carácter se forja, donde una descubre de qué está hecha, donde lo imposible comienza a volverse posible.

Aprendí a transmutar el dolor en propósito. A convertir la herida en servicio. A transformar la caída en un punto de partida. Y cuando eso ocurre, todo cambia: comienzas a vivir con libertad, con sentido, con una misión más grande que tú misma.

Hoy, lo que viví no me pesa: me sostiene. Porque sé que, a través de mi historia, miles de personas pueden reencontrar la voz que creían perdida, la fuerza que pensaban que no tenían, y la esperanza de que siempre hay un nuevo amanecer, incluso después de la noche más larga.

La Doctora Jazmín Chi termina la entrevista con una sonrisa serena, la misma que usa para firmar contratos y para secar lágrimas ajenas. Su secreto, confiesa, es simple: "Nunca dejes que el mundo te convenza de que el éxito y la ternura no caben en el mismo corazón".

Mientras el sol se pone, una niña apoyada por su fundación dibuja un puente en un cuaderno. Tal vez sin saberlo, repite el símbolo que define a esta líder: conectar lo posible con lo humano.

(Esta entrevista incluye imágenes exclusivas de la Dra. Jazmín Chi junto al Embajador de la República Popular China en México, así como fotografías realizadas en el Templo del Cielo en Beijing y en la Embajada de México en China, reflejando la estrecha conexión cultural y diplomática que inspira su labor internacional.)

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