El conflicto entre EE.UU. e Irán viene de largo, concretamente desde la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah y estableció una república islámica bajo el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini. Durante los últimos años, los principales puntos de fricción han sido:
El programa nuclear iraní: La preocupación estadounidense por la posibilidad de que Irán obtenga armas nucleares ha sido un factor constante en la política de Washington. En segundo término, las sanciones económicas y presión regional: las administraciones estadounidenses anteriores han reforzado sanciones para limitar la economía iraní y su influencia en la región. Por último, el apoyo de Irán a grupos militantes en Líbano (Hezbolá), Gaza (Hamás) o Iraq.
En junio de 2025, EE.UU. bombardeó instalaciones nucleares en suelo iraní, pero esto sólo fue una escaramuza, ya que los ataques del pasado 28 de febrero, coordinados entre EE.UU. e Israel, han marcado una escalada mayor en el conflicto. En ese ataque murieron Alí Jameini, líder supremo del régimen de los ayatolas, el jefe del Estado Mayor Abdolrahim Mousavi y el ministro de Defensa Aziz Nasirzadeh.
Ante esta situación, Irán ha respondido con ataques a Israel y las bases americanas en la región (EAU, Qatar, Kuwait y Bahréin) y Jordania, Irak, Siria y Arabia Saudí también se han visto afectados por el contraataque iraní. Ahora habrá que ver si otros países, como Francia, Alemania, Reino Unido, Arabia Saudí o EAU, podrían actuar contra Irán también.
El, históricamente inestable, equilibrio en la región, es ahora mucho más volátil e incierto, ya que puede desatar un caos en Oriente Medio. No podemos olvidar que Irán es el país de referencia chiita en el mundo musulmán.
El régimen de Teherán está en modo supervivencia; la única forma en que pueden sobrevivir es exportando rápidamente esta guerra a toda la región, desestabilizar tantos países como sea posible y hacer que esta guerra tenga consecuencias para todo Oriente Medio. Este, es un conflicto que tiene evidentemente, consecuencias económicas clave para los mercados internacionales.
El conflicto ha desatado una sacudida financiera global
La incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, punto crítico por donde transita un 20% del crudo mundial y una gran cantidad de gas natural licuado, ha empujado a los inversores hacia activos refugio, mientras las materias primas energéticas registran subidas verticales.
Como era de esperar el mercado energético ha reaccionado con virulencia. El barril de Brent se disparaba más de un 7% a las 12:00 del lunes, respecto al cierre del viernes, alcanzando los 78,5 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) avanzaba un 7,5% hasta alcanzar los 72 dólares. Esta escalada responde a la paralización del tráfico marítimo. Más notoria ha sido la subida del gas, desbocado un 25%.
El dólar estadounidense ha vuelto a demostrar su hegemonía. Actuando como activo de aversión al riesgo por excelencia, la divisa americana se ha fortalecido frente al euro y otras divisas principales. Su condición de valor líquido y el hecho de que EE.UU. sea un exportador neto de energía refuerzan su atractivo en este escenario de shock de oferta. También el oro ha visto incrementado su precio un 3%, como activo refugio.
Si el precio del petróleo experimentara un repunte fuerte y sostenido, las consecuencias se trasladarían rápidamente al conjunto de la economía mundial. La energía es uno de los principales componentes de los costes de producción y transporte, por lo que un encarecimiento prolongado del crudo podría elevar la inflación en Europa, Estados Unidos y buena parte de Asia.
Este escenario complicaría además la estrategia de los bancos centrales, que en los últimos años han intentado contener la inflación mediante políticas monetarias restrictivas. Una nueva subida energética podría retrasar posibles bajadas de tipos de interés y frenar la recuperación económica.
Así mismo, una escalada del conflicto podría tener efectos sobre el comercio internacional; Oriente Medio es un nodo estratégico para numerosas rutas marítimas y cualquier alteración de la seguridad en la región podría afectar al transporte de mercancías y encarecer los costes logísticos.
La respuesta iraní
Los líderes iraníes ya han amenazado con represalias, pero aún está por verse cómo se desarrollará. La economía de Irán es lo suficientemente frágil como para no ser capaz de sostener un conflicto prolongado tanto con Estados Unidos como con Israel.
Irán enfrenta un colapso económico sistémico con hiperinflación, devaluación extrema del rial y escasez crítica de productos básicos, agravado por sanciones internacionales y conflictos internos.
A principios de 2026, el rial iraní ha perdido prácticamente todo su valor, alcanzando niveles de 1,47 millones de riales por dólar en el mercado libre. La moneda nacional ha dejado de ser útil como reserva de valor, y el dólar se ha convertido en la principal moneda de transacción para aproximadamente el 90% de las operaciones privadas. Esta devaluación ha sido acelerada por la reactivación de sanciones de la ONU y la eliminación de subsidios para la importación de productos básicos, lo que ha generado aumentos drásticos en los precios de alimentos y medicinas.
La inflación general supera el 42%, mientras que la inflación alimentaria alcanza un 75%. El aumento de precios se ha visto intensificado por la implementación de un sistema de precios escalonados para la gasolina, que elevó el combustible a 50.000 riales por litro sin subsidio. Estas presiones han reducido drásticamente el poder adquisitivo de la población y han generado descontento social masivo.
El país enfrenta escasez de productos esenciales, incluyendo alimentos y medicinas, debido a la combinación de sanciones, devaluación y problemas logísticos internos.
Pero teniendo una visión estratégica y un poco más amplia, lo que subyace aquí, es lo siguiente:
Por ahora, con la captura de Maduro, EE.UU. ya controla alrededor del 30% de todas las reservas de crudo del mundo. Ahora, sí en Irán se estableciera un posible nuevo Gobierno aliado de EE.UU., el país norteamericano controlaría casi el 50% de todas las reservas mundiales de petróleo.
China, principal comprador del crudo iraní, podría ver como su factura energética se incrementa.
Si cayera el actual régimen iraní, Putin perdería otro aliado, después de Maduro.
Como se observa, un problema muy complejo con diferentes aristas y la pregunta es, si este evento se sumará a las grandes crisis históricas (1973, 1990, 2022) o si será un golpe temporal que permita una desescalada rápida bajo la influencia de la administración estadounidense.