El verano vuelve a poner sobre la mesa el debate del overtourism. Playas abarrotadas, alquileres disparados y enclaves saturados para hacerse la foto de rigor se repiten cada año en los mismos puntos del mapa, mientras una parte cada vez mayor de los viajeros busca activamente lo contrario: destinos con la misma belleza, pero sin multitudes.
"Cada vez el turista es más selectivo porque hay muchas opciones para diferentes bolsillos y gustos, pero lo que sí encontramos es una tendencia a buscar aquellos lugares donde podamos olvidarse del ritmo frenético que arrastramos el resto del año. Conectar con la naturaleza, disfrutar de un atardecer en una playa casi vacía o no tener que estar haciendo colas son momentos que valoran mucho los viajeros de WeRoad" explica Stefano Arossa, Regional Manager de WeRoad.
Según WeRoad, compañía travel especializada en viajes en grupo para millennials, la clave para escapar de la masificación no está en renunciar a paisajes espectaculares, sino en elegir bien el punto del mapa: islas menos conectadas, países que llevan pocos años abiertos al turismo internacional o regiones cuya propia geografía limita el volumen de visitantes.
Uzbekistán, la ruta de la seda sin las aglomeraciones. Samarcanda, Bujará y Jiva concentran algunos de los conjuntos monumentales más impresionantes de Asia Central, con cúpulas turquesas y plazas de azulejos que rivalizan con cualquier gran icono turístico mundial. Sin embargo, el turismo occidental de ocio en Uzbekistán sigue siendo residual: la gran mayoría de los visitantes que recibe el país llegan de países vecinos de Asia Central, no de Europa. “En WeRoad observamos un incremento en la demanda de las rutas a Uzbekistán, ya que es un destino que aun no ha despegado a nivel internacional y ofrece experiencias únicas como pasar una noche en una yurta en pleno desierto de Kyzylkum, junto al lago Aydarkul”, comenta Stefano.
Islas griegas, pero no las que imaginas: Cuando se piensa en Grecia, la mente viaja directamente a Santorini o Mykonos. Pero el archipiélago griego tiene más de 200 islas habitadas, y muchas de ellas apenas reciben una fracción del turismo de sus vecinas más famosas. Es el caso de las Cícladas Menores, Naxos, Koufonissi, Skinoussa e Iraklia, islas de playas vírgenes y ritmo lento a las que solo se llega en ferry desde islas mayores, lo que actúa como filtro natural frente a la avalancha de cruceros.
Noruega, la visita reposada al Norte: Islandia no es la única opción escandinava sinónimo de paisajes lunares y auroras boreales. Noruega ofrece una experiencia comparable con sus fiordos, la luz del ártico y su naturaleza extrema, pero con una superficie mucho mayor y unos atractivos más repartidos por el territorio, lo que exige más tiempo de viaje y filtra al turista de paso rápido. Un gran ejemplo son las islas Lofoten que cuentan con unos paisajes espectaculares donde se produce el fenómeno del sol de medianoche durante los meses de verano y la noche polar en el invierno.
Indonesia, mucho más que Bali: El grueso del turismo del archipiélago indonesio lo concentra Bali, pero el país tiene más de 17.000 islas, y WeRoad reparte sus itinerarios por varias de ellas para evitar precisamente esa concentración. Las islas Gili ofrecen mar transparente y snorkel sin el bullicio del sur de Bali; Java propone senderismo nocturno al monte Bromo y al cráter ácido del Ijen; y Borneo suma naturaleza salvaje y orangutanes a la ecuación. Un contraste de paisajes y planes únicos que hace que el viajero pueda descubrir el país sin quedarse atrapado en su punto más saturado.
"No se trata de evitar los grandes destinos por sistema, sino de mirar un poco más allá del punto exacto donde se concentra todo el mundo. Muchas veces la joya está a un par de horas de ferry o de carretera del sitio masificado, y esa distancia es la diferencia entre hacer cola y tener la playa para ti" concluye Stefano Arossa, country manager de WeRoad en España e Italia.