Totana

Jesús Boluda lleva al Gran Casino de Totana el cine convertido en crimen con "Fuera de plano"

El escritor y gestor cultural muleño presentó su novela, publicada por Roca Editorial, en un diálogo con Juan Cánovas Mulero sobre el thriller, la memoria de los cines de pueblo y las segundas oportunidades

Un asesino en serie reproduce escenas icónicas de la historia del cine en los crímenes que comete. Esa es la premisa de Fuera de plano, la novela con la que el escritor y gestor cultural muleño Jesús Boluda del Toro llegó el viernes al Gran Casino de Totana. La presentación, celebrada en la sede de la calle Vidal Abarca, reunió al autor y a Juan Cánovas Mulero en una conversación que recorrió el argumento del libro, el oficio de escribir y la vida cultural que se mueve alrededor de las librerías, las ferias y los lectores.

El cartel del encuentro anunciaba la cita bajo un lema directo: «Luces. Cámara. Crimen». A las ocho de la tarde, con el respaldo del Ayuntamiento de Totana, el Gran Casino, Roca Editorial y Faro Librería, la propuesta se desplegó más allá de una sinopsis. Boluda habló de personajes que viven en los márgenes, de la documentación necesaria para que la ficción resulte verosímil y de una Murcia menos luminosa que la imagen turística habitual: una ciudad y una Región atravesadas por la lluvia, la oscuridad y la atmósfera propia de la novela negra.

Cánovas abrió el acto con una bienvenida al público y con un reconocimiento a las entidades y personas que sostienen la actividad cultural del municipio. El moderador subrayó el valor de un espacio céntrico como el Gran Casino y puso el acento en el papel de las librerías y de los medios locales a la hora de dar continuidad a las iniciativas literarias. Su intervención situó la presentación como una reunión cultural, pero también como una ocasión para conversar sobre los libros con calma.

Boluda agradeció la acogida y recordó que era la primera vez que presentaba una obra en Totana. Después trazó un perfil personal que explica buena parte de su trayectoria. Se definió desde dos facetas inseparables: la de escritor y la de gestor cultural. «Ponerle el libro a la gente en la mano», resumió, es una de las ideas que guían su trabajo en ferias del libro, recomendaciones radiofónicas, encuentros con lectores y actividades vinculadas a la difusión literaria.

El autor explicó que continúa formándose en Lengua y Literatura y se describió como un «eterno aprendiz». No era una frase de compromiso. A lo largo de la charla volvió varias veces a una relación cotidiana con los libros que incluye la lectura, la escritura, la organización cultural y la conversación con otros autores. «Soy feliz rodeado de libros», afirmó, antes de enlazar ese entusiasmo con el recorrido que le ha llevado de los relatos a la novela.

Un thriller autónomo, aunque con personajes que regresan

Fuera de plano recupera dos personajes de Minuto 116, la novela que Boluda publicó en 2019. El autor quiso despejar una duda desde el principio: no es necesario haber leído el libro anterior para entender el nuevo. Las dos figuras reaparecen años después, pero se integran en una historia distinta y la trama funciona de manera autónoma.

Uno de esos personajes es Juanjo, un preso con una memoria cinematográfica extraordinaria. Durante la conversación, Boluda también se refirió a él como Juanku. Antes de entrar en prisión, vivía encerrado en casa y dedicaba sus días a ver películas, sostenido por una herencia familiar. Esa existencia aparentemente improductiva se transforma, dentro de la novela, en una capacidad decisiva: su conocimiento del cine le permite advertir una conexión que la policía todavía no ha detectado.

La idea central del libro sitúa la acción en Murcia y en otros escenarios de la Región. Según explicó el autor, varios asesinatos reproducen o evocan imágenes célebres de películas de distintas épocas. Juanjo, que trabaja en la biblioteca de la cárcel y recorta noticias de sucesos, observa el patrón en la prensa y decide avisar al inspector que años antes lo llevó a prisión. A partir de ese aviso se activa una investigación en la que los códigos del séptimo arte se convierten en una pista criminal.

Boluda puso algunos ejemplos que aparecen en los primeros compases de la novela. Un crimen en un teatro remite a El gabinete del doctor Caligari; otro reproduce ecos de Lo que el viento se llevó; y una muerte en un hotel conecta con una de las imágenes más conocidas del cine de suspense. El autor no buscaba, sin embargo, escribir un libro reservado a especialistas. Su propósito era que quien identifique las referencias disfrute de una capa adicional, pero que cualquier lector pueda seguir el thriller sin sentirse excluido.

«Si pillabas todos los guiños, tenías una sesión doble de cine», explicó. La fórmula resume bien el equilibrio que persigue la novela: el cine tiene peso, pero no debe ocultar la trama ni frenar la lectura. Las referencias funcionan como un valor añadido y no como una prueba de conocimientos. En las escenas en las que aparecen películas menos populares, el propio Juanjo ayuda a contextualizarlas para el inspector y para el lector.

La respuesta del autor convirtió el argumento de Fuera de plano en una reflexión sobre el valor de la cultura acumulada. Juanjo ha pasado buena parte de su vida mirando películas. Ese saber parecía inútil fuera de la pantalla, pero adquiere sentido cuando necesita descifrar una cadena de asesinatos. Boluda aprovecha así una figura cómica y marginal para introducir una pregunta seria: qué ocurre cuando alguien que ha quedado fuera de la vida ordinaria encuentra una manera de ser útil.

El humor como respiro en medio del crimen

La presencia de Juanjo llevó a Cánovas a preguntar por la convivencia entre humor y novela negra. Boluda recordó que el personaje nació de una escena cotidiana. Había escuchado una conversación entre dos enfermeros en un hospital y creyó encontrar el punto de partida para un relato de tono oscuro. Al sentarse a escribir, apareció Juanjo: un personaje histriónico que desplazó el texto hacia el humor y acabó marcando el tono de Minuto 116.

El autor defendió que el humor no rebaja necesariamente la gravedad de una historia criminal. En situaciones de tensión, dijo, las personas pueden recurrir a un chascarrillo como una forma de respirar. También una novela necesita esa pausa. Después de mantener al lector en vilo durante muchas páginas, un momento de ligereza permite que la tensión vuelva a crecer con mayor fuerza.

Esa explicación sirvió para alejar la obra de una concepción rígida del género. Fuera de plano se presenta como novela negra, pero no renuncia a la humanidad de sus personajes ni a los registros que los vuelven reconocibles. El humor de Juanjo no es un adorno ni una concesión externa a la trama: nace de su modo de mirar el mundo y de su relación obsesiva con las películas.

Segundas oportunidades para quienes han quedado al margen

El segundo gran eje de la charla fue el de las segundas oportunidades. Boluda explicó que la premisa del asesino cinéfilo era una idea potente, pero insuficiente para sostener por sí sola una novela larga. Necesitaba asuntos que permitieran ir más allá del misterio. Uno de ellos fue la posibilidad de que una persona que ha cometido un delito, ha asumido una condena y ha quedado apartada de la sociedad pueda reconstruir parte de su vida.

El escritor ha participado en actividades literarias vinculadas al Centro Penitenciario de Sangonera y relató que ese contacto le hizo mirar con menos simplificación la realidad de quienes cumplen condena. No se trata de negar la responsabilidad ni el daño que puede causar un delito, sino de evitar que una persona sea reducida para siempre a su peor decisión. La cárcel, planteó, puede ser un paréntesis de cumplimiento de pena, pero no debería clausurar toda posibilidad de reintegración.

Juanjo condensa esa perspectiva. Su pasado tiene consecuencias legales y el libro no lo presenta como una anécdota inofensiva. Sin embargo, su encierro no cancela su inteligencia, su sensibilidad ni su capacidad para colaborar en la investigación. En la novela, la cultura que había acumulado de forma desordenada se convierte en una herramienta para hacer frente a un problema que afecta a los demás.

El título también adquiere ahí un segundo sentido. En lenguaje cinematográfico, estar fuera de plano es quedar fuera del encuadre de la cámara aunque lo que sucede tenga repercusión en la historia. Para Boluda, esa idea sirve además para hablar de personas que han quedado desplazadas de la mirada principal: el preso que ya no puede vivir como antes, el inspector marcado por el duelo y quienes, por distintas circunstancias, se sitúan al margen de una vida plenamente integrada.

Sergio Planes, un policía alejado del tópico

La conversación se detuvo en la figura del inspector Sergio Planes, el otro gran personaje de la novela. Cánovas lo describió como un hombre serio, metódico y afectado por pérdidas familiares. Boluda explicó que, al construirlo, quiso apartarse de un modelo frecuente en la novela negra: el detective autodestructivo, cínico, alcohólico o devorado por una espiral de excesos.

Planes tiene heridas, pero no responde a ese cliché. Perdió a su mujer doce años antes y arrastra un duelo que se filtra en gestos cotidianos. Sigue durmiendo en la parte de la cama que ocupaba y ha dejado sin pintar su casa porque no recuerda el color que habían elegido juntos. Esos detalles, explicó el autor, permiten mostrar a un policía con una vida reconocible y con una pérdida que no ha sabido cerrar.

El personaje también ha sufrido un cambio profesional. Tras un infarto, deja atrás su trabajo como negociador en situaciones con rehenes y pasa a investigar homicidios. «Pasa de salvar vidas a recoger muertos», resumió Boluda. Esa transición convierte a Planes en otra figura fuera de plano: un hombre que se ha visto obligado a abandonar el lugar desde el que se definía y a reconstruirse en una posición distinta.

La relación entre el inspector y Juanjo sostiene buena parte del interés humano de la trama. Uno carga con la responsabilidad de investigar; el otro, con una condena y una mirada singular sobre el cine. Ambos llegan a la historia desde lugares incómodos, pero encuentran una posibilidad de entendimiento alrededor de un caso que exige descifrar imágenes y comportamientos.

Una Murcia de lluvia, sombras y escenarios reconocibles

Boluda situó el relato en una Murcia que rompe con la estampa más previsible de la Región. No es la Murcia del sol constante, la playa o el ambiente de terraza. Es una ciudad gris, húmeda y lluviosa, pensada para que la atmósfera de la novela negra pueda respirarse en un territorio conocido. Cánovas la definió durante el acto como una Murcia «casi londinense», con charcos y lluvia.

El autor explicó que eligió el invierno de 2019 como marco narrativo y que la propia novela alude a uno de los periodos más lluviosos desde que existen registros. Con esa decisión no pretendía negar la imagen luminosa de Murcia, sino mostrar que el paisaje regional también puede contener oscuridad, frío y desasosiego. La novela aprovecha esa otra cara para alejarse de la postal y construir una atmósfera propia.

La lluvia no aparece como una decoración intercambiable. Sirve para cambiar la forma en que el lector mira lugares familiares y para acercar la historia al tono del género. El propósito, según explicó Boluda, era trasladar recursos habituales de la novela negra —la noche, el agua, la sensación de intemperie— a un escenario regional sin renunciar a su identidad.

Esa voluntad de convertir lo próximo en materia literaria enlaza con otro de los pasajes más cálidos de la presentación: el homenaje a los cines de pueblo y a los cines de verano. Cánovas recordó las descripciones de las salas tradicionales y dijo que le habían devuelto el olor de los cines de su niñez, el ruido de las pipas y una experiencia colectiva que forma parte de la memoria de muchas generaciones.

Boluda compartió esa evocación. Habló del Cine Teatro Lope de Vega de Mula y de las sesiones dobles que reunían a niños, familias y vecinos. También recordó una anécdota familiar: su padre tiraba pipas a su madre en el cine de verano para llamar su atención. La escena despertó sonrisas y dio a la charla una dimensión cercana. El cine no es solo, en Fuera de plano, un catálogo de imágenes para imaginar crímenes; es también un lugar de infancia, encuentros y recuerdos.

La defensa de las salas locales no se planteó como una nostalgia inmóvil. El autor reivindicó la posibilidad de seguir utilizando y cuidando los espacios culturales de los pueblos. En su relato, el cine de barrio o de verano conserva valor porque reúne a la gente y porque guarda historias que no caben en una plataforma ni en una pantalla individual.

Documentarse para que la ficción resulte creíble

Otra de las claves de la presentación fue el trabajo de documentación. «Yo sé muy poco, pero se me da muy bien preguntar», dijo Boluda. Con esa frase explicó un método que combina la imaginación con la consulta a quienes conocen los ámbitos por los que transitan sus personajes.

Para escribir las escenas situadas en prisión, el autor acudió a personas vinculadas al entorno penitenciario. Una de ellas le ayudó a corregir ideas heredadas del cine y de la televisión. Boluda contó, en tono humorístico, que había imaginado una forma de despertar a los internos más propia de una película que de la realidad. La corrección le permitió ajustar el funcionamiento cotidiano del centro y evitar que una escena de ficción sonara falsa.

El mismo criterio aplicó a cuestiones policiales y legales. El escritor explicó que estudió la posibilidad de que el personaje de Juanjo pudiera salir temporalmente de la cárcel para colaborar en la investigación. Mencionó el artículo 100.2 y el tiempo de trabajo que le llevó convertir una cuestión técnica en unas pocas líneas narrativas comprensibles para el lector.

La documentación cinematográfica fue más extensa, aunque el autor reconoció que también tuvo un componente placentero. Revisó películas de cine mudo, grandes producciones en tecnicolor y títulos de distintas décadas para encontrar la escena que mejor encajara en cada crimen. No escogió únicamente películas favoritas, sino aquellas que servían con mayor precisión a la estructura del libro.

Además, Fuera de plano incorpora capítulos en los que el asesino piensa y organiza la realidad como si escribiera un guion. En esas páginas cambia la disposición habitual del texto para que el lector perciba que ha entrado en otra mente. Boluda explicó que consultó a guionistas y profesionales con experiencia en cine y televisión para que la forma no fuera un simple efecto visual, sino una herramienta coherente con el personaje.

Método, edición y honestidad con el lector

Cánovas llevó la conversación hacia el modo de construir una novela de más de trescientas páginas. Boluda se reconoció metódico. Explicó que, tras encontrar la idea y los temas, trabaja la documentación, construye a los personajes y prepara una escaleta capítulo a capítulo. Ese esquema le permite saber qué debe suceder en cada tramo y evitar incoherencias.

Para el autor, una novela negra puede sorprender, dosificar la información y desviar la atención, pero no debe engañar. Si un objeto decisivo aparece al final, debe haber sido presentado antes de manera natural. El lector de género, señaló, suele prestar atención a esos detalles y detecta con facilidad una solución que no se ha preparado dentro de la propia historia.

La fase editorial ocupa después otro lugar fundamental. Boluda relató el intercambio con la editorial: las sugerencias para reforzar un personaje, ajustar una trama, revisar el estilo y corregir la ortotipografía. Admitió que un escritor puede pasar muchas veces por una misma página sin ver una errata porque, al releer su propio texto, tiende a recordar lo que quiso escribir. La mirada externa de la edición permite detectar lo que el autor ya no ve.

Esa parte menos visible del trabajo dio al público una imagen concreta del proceso: detrás de una novela hay intuición, pero también una arquitectura previa, consultas, reescrituras y correcciones. La conversación sirvió así para desmitificar la escritura sin restarle atractivo.

Un cierre dedicado a los lectores y a la cultura de proximidad

En el tramo final, una persona del público preguntó cómo se presentan las referencias cinematográficas y si el lector necesita identificarlas por sí mismo. Boluda respondió que las alusiones importantes se explicitan y que, cuando una película puede resultar menos conocida, Juanjo aporta datos para orientarse. La novela admite guiños para quienes disfrutan del cine, pero no convierte esas referencias en una barrera.

La última parte del encuentro volvió al valor de las ferias del libro. Boluda defendió que son tan importantes como las bibliotecas y los museos porque llevan los libros a la calle y permiten que se crucen con personas que quizá no entrarían en una librería a buscarlos. La afirmación conectó con su propio trabajo como gestor cultural y con la idea de que la lectura también necesita espacios de proximidad.

Cánovas agradeció al autor su presencia, su capacidad de comunicación y su compromiso con la difusión literaria. El acto terminó con un intercambio de agradecimientos y con una referencia personal a la lectura veraniega de la novela. En el Gran Casino quedó la impresión de una presentación que no se limitó a promocionar un título, sino que usó el thriller para hablar de cine, memoria, escritura y cultura compartida.

Fuera de plano llegó a Totana con la promesa de un asesino que convierte la pantalla en escenario del crimen. La charla mostró, además, que bajo ese mecanismo de suspense hay personajes que buscan una segunda oportunidad, una Murcia vista desde la lluvia y un homenaje a los lugares donde el cine y los libros siguen reuniendo a la gente.

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