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"Bajo el signo de la luna" es la exposición con la que el reconocido fotógrafo portugués Valter Vinagre vista estos días Cartagena

El arte de la observación y una profunda reflexión sobre los sujetos que protagonizan las fotografías están en el centro de una innovadora muestra, una experiencia que, antes de abandonar la sala, convertirá al espectador en mucho más que un mero voyeur del arte

Desde el 18 de julio se podrá ver en Cartagena "Bajo el signo de la luna", la muestra didicada al reconocido fotógrafo portugués Valter Vinagre en el contexto de La Mar de Arte, que este año ha puesto el foco en Portugal como país invitado. La exposición, compuesta por 36 fotografías que comparten espacio con el yacimiento arqueológico, ha sido organizada en colaboración con el Centro Cultural Raiano de Idanha-a-Nova (Portugal) y cuyo proyecto apoya el Programa Territorio Unesco.

Las instantáneas de Valter Vinagre suponen un viaje en el que se entra en un territorio indefinido ocupado por la nueva "tribu" del S.XXI, la de las personas, sobre todo jóvenes, que acuden a un festival de música en un paraje natural indeterminado, en Portugal. Los festivales se han convertido en una actividad de ocio que ya es un fenómeno de masas y que ha hecho que el número de festivales se multiplique. Es como una nueva religión que gana más y más adeptos.

En las fotos del Palacio Molina podemos observar a esta comunidad de "salvajes" pacíficos inmersos en una gran fiesta colectiva y nocturna.

El autor se desplaza en torno a los "festivaleros" como quien hace una observación etnográfica y espontánea, sin propósitos científicos. De hecho, por la perspectiva adoptada por el fotógrafo, es evidente que él no forma parte de la fiesta, que la celebración no va con él y está allí sólo para observar. Hay una distancia irreductible entre el ojo del objetivo y lo que él ve.

Al contemplar las fotos, la mirada del espectador no es la del espía o la del voyeur, sino la del intruso discreto que respeta la fiesta y sus agentes, que escudriña e interpreta directamente lo que vió el fotógrafo (a esto contribuye la ausencia de cartelas). No hay ninguna violencia ejercida sobre los retratados. En cambio muestra lo que se ve a las claras sin penetrar en lo que debe permanecer escondido: todo lo que vemos en estas fotos no va más allá de las escenas creadas, promovidas y consentidas en el marco de la fiesta, de sus códigos y reglas.

Como ya apuntó Susan Sontag, no hay aquí más voyeurismo que aquel inevitable y consubstancial a la propia fotografía. La fiesta, a diferencia de muchas otras que parecen realizarse para ser difundidas en multitud de canales y redes, ignora soberanamente el dispositivo de la fotografía y la captura de las imágenes. Se trata de una fiesta pre-moderna, regresiva, de un paganismo antiguo que plantea una nueva forma de observar el mundo e interactuar con él en una época en la que no queda nadie sin una cámara de fotos en el bolsillo.

Nacido en Avelãs de Caminho (Anadia, Portugal) en 1954, Valter Vinagre estudió fotografía en AR.CO (Centro de Arte y Comunicación Visual, Lisboa) entre 1986-1989 y comenzó su recorrido como fotógrafo a finales de los años 80 del siglo XX, realizando exposiciones individuales y participando en muestras e iniciativas de carácter colectivo. Iniciándose con una fotografía cercana al registro documental, su trabajo pasó a interiorizar un ejercicio más reflexivo sobre la imagen, creando discursos sobre los significados asociados al paisaje, al viaje y la ciudad.

Con esta exposición, que ha corrido a cargo de los comisarios Rui Prata (Portugal) y Paco Salinas (España), Valter Vinagre reta al espectador a entrenar su mirada, su respeto hacia el objeto retratado y a reflexionar sobre el alcance que tiene la difusión de fotografías en un mundo de religiones postmodernas.

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