Zayquical
El mundo de hoy no camina más bien corre, y se mide por la prisa del reloj y por la urgencia de demostrarnos exitosos ante las demás personas para sentirnos valorados. Nos acostumbramos a consumir la vida en fragmentos de quince segundos, a exigir respuestas instantáneas y a exigirnos a nosotros mismos una productividad perfecta.
A menudo olvidamos que no conocemos las batallas silenciosas que cada persona libra diariamente. Desde que somos pequeños venimos curando heridas, miedos y expectativas, acumulando silencios que nadie más comprende. Y cuando finalmente colapsamos ante el agotamiento, el mundo no suele ser compasivo, nos juzga, nos señala y nos hace sentir los villanos de la historia, reduciendo toda nuestra lucha de vida a un momento de vulnerabilidad, eso no significa que un mal momento nos hará olvidar de todo lo bueno que hemos logrado en esta vida, somos humanos y cometemos errores, porque perfecto sólo Dios.
Nos preguntamos constantemente: qué nos depara el futuro en un mundo lleno de incertidumbre, buscando respuestas en teorías o soluciones inmediatas. Sin embargo, la respuesta está frente a nosotros: el futuro de una sociedad más humana se construye en la empatía diaria, en la capacidad de mirar al otro sin juzgar su cansancio, y en la disposición de acompañar y apoyar a quien lo necesita, y se nos olvida que Dios tiene escrita nuestra vida, sus planes son perfectos y todos los momentos que consideramos "malos" son necesarios para convertirnos en una mejor persona.
Sostener a alguien en sus momentos oscuros, escuchar sin prisa y permitirnos ser vulnerables no es una debilidad; es un acto de resistencia colectiva contra la velocidad del mundo. Si queremos construir entornos verdaderamente compasivos, debemos volver a lo fundamental: respetar el ritmo y las batallas de cada persona, celebrar hasta el más mínimo triunfo invisibles que nadie ve y recordar que la sanación y las grandes transformaciones jamás ocurren de la noche a la mañana, sino paso a paso, caída tras caída.
La vida, una página en blanco y una historia que se escribe día a día, esa página que con el transcurso del tiempo y de los años, se va llenando de experiencias, felicidad, tranquilidad, amor, estudio y disciplina, un pincel que va trazando los diversos colores del futuro que siempre tiene alas.
Algunos datos: Zayda Quinto Calderón, (Zayquical) Músico en las disciplinas de: Piano, Violín y Flauta dulce, Egresada de la universidad Padre Gaspar García Laviana (UNCPGGL) en la profesión Administración de Aduana y Comercio Exterior, Pintora, Levantadora de texto y Asistente de correctora de libros. Nicaragüense.