Opinión

Si Engels resucitara hoy, ¿qué criticaría primero?

¿Qué pensaría Friedrich Engels si regresara al mundo actual y contemplara las desigualdades económicas, el poder de las grandes empresas y las condiciones de vida de millones de trabajadores? Probablemente reconocería algunos de los problemas que denunció en el siglo XIX, aunque también encontraría una sociedad muy diferente de aquella que conoció. Su crítica del capitalismo desarrollada junto a su amigo Karl Marx, sigue ofreciendo conceptos útiles para analizar las relaciones entre economía, poder y sociedad, aunque sus tesis y sus soluciones siguen siendo objeto de debate.

Engels nació en Bremen, Prusia, en 1820, en el seno de una familia burguesa vinculada a la industria textil. Su padre esperaba que se incorporase a los negocios familiares, pero el joven Engels desarrolló intereses intelectuales y políticos que lo alejaron de las convicciones conservadoras de su entorno. Aunque no completó una carrera universitaria, estudió filosofía, economía, historia y literatura, y recibió una influencia inicial del pensamiento de Hegel y de los jóvenes hegelianos.

Su estancia en Manchester, donde trabajó en una empresa textil relacionada con su familia, fue decisiva. Allí observó directamente las condiciones de vida de los obreros industriales: jornadas agotadoras, viviendas insalubres, salarios reducidos y explotación del trabajo infantil. De esas experiencias surgió la obra La situación de la clase obrera en Inglaterra, publicada en 1845, una investigación que combinaba observación social y crítica de las estructuras económicas.

En 1844 consolidó su relación intelectual con Marx. Ambos compartieron el propósito de comprender las transformaciones sociales provocadas por el capitalismo y de desarrollar una teoría que no se limitara a interpretar la sociedad, sino que contribuyera a transformarla.

La relación entre ambos fue mucho más que una amistad. Engels aportó conocimientos económicos, investigaciones históricas, capacidad organizativa y un apoyo financiero fundamental para Marx y su familia. Además, mantuvieron una correspondencia constante y discutieron sus planteamientos filosóficos y políticos.

En 1848 publicaron el Manifiesto del Partido Comunista, un texto que analiza la lucha de clases, el desarrollo histórico de la burguesía y el surgimiento del proletariado como fuerza social. Su conocida interpretación de la historia como conflicto entre clases constituyó uno de los fundamentos del marxismo. Engels también colaboró en el libro La sagrada familia y en La ideología alemana. Esta última redactada principalmente en 1845 y 1846, no apareció íntegramente hasta décadas después de la muerte de sus autores.

En su libro Anti-Dühring expuso de forma sistemática sus concepciones filosóficas, económicas y socialistas. En Del socialismo utópico al socialismo científico distinguió entre los proyectos socialistas basados principalmente en ideales y la pretensión marxista de fundamentar el cambio social en el análisis histórico de las realidades sociales.

Engels mantuvo una posición crítica frente al anarquismo, aunque compartía con sus principales representantes el rechazo a la explotación capitalista y la aspiración a una sociedad sin clases sociales. La diferencia fundamental estaba en los medios para alcanzar esa sociedad, en la organización de los trabajadores y, sobre todo, en la función del Estado durante el proceso revolucionario. Frente a las ideas de Proudhon que confiaba en la transformación de las relaciones económicas mediante el mutualismo y la asociación libre, Engels consideraba necesaria la transformación revolucionaria de las relaciones de producción.

Tras fallecer Marx en 1883, Engels dedicó buena parte de sus esfuerzos a preparar los manuscritos de los volúmenes segundo y tercero de El capital, publicado en 1885 y 1894, respectivamente. Murió en Londres en 1895.

Engels, si regresara hoy al mundo actual, dirigiría su atención a la concentración de la riqueza, la precariedad laboral, la inseguridad económica y la capacidad de las grandes empresas para influir en las decisiones colectivas. Examinaría también cómo la automatización, las plataformas digitales y la globalización han transformado el trabajo y distribuido sus beneficios.

Probablemente preguntaría quién controla los medios de producción, quién se beneficia de los avances tecnológicos y qué poder efectivo tienen los trabajadores para decidir sobre sus condiciones laborales. También estudiaría las diferencias entre países, las nuevas formas de empleo y el papel de los servicios públicos en la reducción de la desigualdad.

Sin embargo, no se puede afirmar con certeza qué conclusiones extraería de los problemas actuales. El capitalismo actual incorpora instituciones que no existían en su época. Además, las experiencias históricas de los Estados que se proclamaron comunistas obligan a examinar críticamente la relación entre los ideales de emancipación, la concentración del poder político y las libertades individuales.

La pregunta decisiva no es si Engels aprobaría íntegramente el mundo actual. Estoy convencido de que no. La clave es que su pensamiento crítico serviría para proponer soluciones a la desigualdad económica excesiva y a la concentración de la riqueza. Insistiría en la necesidad de garantizar las condiciones materiales que permiten a todas las personas vivir dignamente. En definitiva, Engels diría que los gobiernos deben desarrollar políticas que aseguren realmente la seguridad económica o, lo que es lo mismo, la protección real contra la pobreza y la precariedad. Los estados deben disponer los medios materiales para hacer efectivos los derechos económicos, individuales y sociales. No tienen que ser solo derechos sobre el papel. Se necesita verdadera justicia social.

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Moisés S. Palmero Aranda