Opinión

Si Escipión levantara la cabeza

Si Escipión el Africano levantara hoy la cabeza y decidiera volver a conquistar Qart Hadasht, seguramente se perdería antes de llegar a Cartagena. Acabaría dando vueltas por alguna rotonda de Murcia, buscando la salida correcta entre carteles, desvíos y carreteras que parecen diseñadas para todo menos para llegar a su destino.

Y si preguntara qué pasa, alguno le explicaría que el Gobierno regional tiene otros planes, que primero hay que pasar por San Esteban y que, para llegar a Cartagena en condiciones, todavía toca esperar unos cuantos años más.

Al final, el romano se volvería a Roma. Esta vez, sin conquistar nada.

Parece una exageración, pero tampoco estamos tan lejos de la realidad. Cartagena lleva años esperando unas comunicaciones dignas de una ciudad que presume, con razón, de su historia, su puerto, su industria y su importancia estratégica. Mucho pasado glorioso, pero cuando toca mirar al futuro, volvemos a tropezar con las mismas piedras.

Cartagena está cada vez más aislada y parece que nos estamos acostumbrando.

Mucha promesa y poco tren

Nos quedamos sin los vuelos comerciales de San Javier, perdimos la conexión ferroviaria directa con Madrid y seguimos esperando que las grandes infraestructuras dejen de ser una promesa electoral para convertirse en una realidad. Mientras tanto, los problemas de las carreteras y las conexiones con otras ciudades siguen ahí.

Y lo peor es que ya nos sabemos la película.

Cada cierto tiempo aparece un anuncio, una reunión, una fecha o un compromiso. Se hacen declaraciones, se publican fotografías y parece que esta vez sí. Después pasan los meses, los años y, cuando volvemos a preguntar, toca empezar otra vez con las explicaciones. Humo, publicidad y sobre todo, engaño.

Mientras tanto, hay trabajadores que necesitan desplazarse, estudiantes que buscan alternativas y familias que quieren viajar sin tener que organizar una expedición.

¿De verdad es tanto pedir que una ciudad como Cartagena esté bien comunicada? ¿Cómo piensa venir, por ejemplo, alguien de Galicia a Cartagena?

Aquí no estamos hablando de un capricho. Estamos hablando de empleo, de turismo, de inversión y de oportunidades. Porque una ciudad mal comunicada tiene más dificultades para crecer, por mucho patrimonio que tenga y por muchas campañas turísticas que se hagan.

Y de eso también deberían tomar nota quienes nos gobiernan. Ya está bien de que se nos use a los ciudadanos como un voto.

¿Y qué ha pasado con el PP de Cartagena?

Hay algo que llevo tiempo pensando y que creo que muchos cartageneros, especialmente los que han votado al Partido Popular durante años, entenderán.

Hubo un PP de Cartagena que, con sus defectos y sus errores, tenía algo de personalidad propia. No era precisamente un ejemplo, ni mucho menos, pero al menos daban o intentaban dar la sensación de que existía una voz local y de que Cartagena tenía algo de peso dentro del partido.

Ese PP terminó siendo eliminado. La facción de Murcia fue ganando protagonismo y el partido cartagenero fue dejando por el camino buena parte de aquella capacidad para marcar su propio rumbo.

Y no, no eran ejemplo de nada. Quien conozca la política municipal sabe perfectamente que hubo muchos errores y decisiones discutibles. Pero una cosa es eso y otra muy distinta es que Cartagena parezca haber perdido capacidad para defender sus propios intereses.

Porque el problema viene cuando se votan alcaldes que se deben más a Madrid y Murcia que a los propios ciudadanos de Cartagena. El problema aparece cuando importa más no incomodar a los compañeros de arriba que conseguir algo para la ciudad, sus habitantes y también, la Comarca.

Y eso debería preocupar también a los propios votantes del PP.

Quien vota a un partido no le entrega un cheque en blanco. Le da su confianza para que trabaje, cumpla y defienda aquello que prometió. Y si no lo hace, tiene todo el derecho del mundo a exigir explicaciones.

Hay votantes que no han cambiado de ideas. Simplemente se han cansado de esperar resultados. Y es que, la verdad es que al PP actual le da igual quien les vote, solo les interesa agradar a sus amos de Murcia y de Madrid.

Defender Cartagena no debería ser una cuestión de siglas. Debería ser una obligación.

Madrid tampoco se libra

Al igual que el Gobierno regional, El Gobierno central también tiene mucho que explicar.

El PSOE tiene también responsabilidad en los retrasos y en los compromisos pendientes que dependen del Estado. Y los cartageneros no tenemos por qué conformarnos con anuncios que después se quedan en el cajón.

Pero aquí está precisamente la cuestión: no podemos utilizar a Madrid para justificar a Murcia, ni a Murcia para tapar los fallos de Madrid. Los DOS, si, los DOS, y en mayúscula, tienen la culpa.

Si el Gobierno de España no cumple, se le exige. Si el Gobierno regional tampoco cumple, se hace lo mismo. Sin excusas y sin mirar el color político de quien tiene que dar la cara.

Mientras unos y otros se pasan la pelota, Cartagena sigue esperando.

Y a estas alturas ya estamos bastante cansados de ver siempre lo mismo.

Cartagena no puede seguir conformándose

Lo que más rabia da es pensar en todo lo que tenemos.

Tenemos un patrimonio histórico extraordinario, un puerto fundamental, una industria que genera riqueza y una posición estratégica que debería convertirnos en una referencia del Mediterráneo. Tenemos barrios totalmente abandonados con una identidad increíble, comerciantes que, a pesar de la poca ayuda municipal, siguen levantando sus persianas y gente que trabaja todos los días para sacar adelante esta ciudad.

Pero tener potencial no sirve de mucho si después no somos capaces de aprovecharlo.

Cartagena necesita infraestructuras, sí. Pero también necesita representantes que se crean de verdad que esta ciudad merece más. Gente que no se conforme con acudir a reuniones, hacerse fotografías y anunciar compromisos. Gente que vuelva a casa con resultados. No con anuncios vacíos para generar voto.

El mayor peligro no es que un Gobierno nos falle. Es que terminemos pensando que es normal que nos falle siempre.

Que es normal no tener las comunicaciones que necesitamos. Que es normal ir siempre detrás de otras ciudades. Que es normal escuchar que hay que esperar un poco más.

Pues no. Ni es normal ni debería ser normal.

Cartagena no tiene que pedir permiso para crecer ni conformarse con lo que le quieran conceder desde fuera. Y sus representantes, sean del partido que sean, deberían tenerlo muy claro.

Si Escipión levantara hoy la cabeza, quizá se sorprendería de que una ciudad que conquistó hace casi tres mil años siga teniendo tantas dificultades para llegar a donde merece.

Aunque, pensándolo bien, igual ni siquiera llegaba a tiempo para comprobarlo. Se perdería en una rotonda de Murcia, se cansaría de esperar y terminaría volviéndose a Roma.

Y lo peor es que nosotros llevamos demasiado tiempo dando vueltas sin movernos del sitio. Insto a todos los habitantes de esta ciudad a luchar por unas comunicaciones dignas. Por el presente y por los habitantes del futuro.

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