Opinión

La ola izquierdista no es libertad

El sentido de mis letras...

Este país necesita un nuevo “contrato social” que no podemos rehuir sin huir de nosotros mismos.

Me meto en el grupo de personas que piensa que hay que hacer algo para evitar la caída de la democracia y frenar el auge de los gobiernos totalitarios como el socialcomunista de Pedro Sánchez.

Alguien dijo que a veces las personas que nadie imagina pueden dar de forma prematura con el modo de resolver los problemas y contribuir vocacionalmente a la felicidad colectiva.

Los ciudadanos están lo suficientemente informados como para saber diferenciar entre lo que les conviene y las mentiras y los relatos paralelos que alientan los continuos casos de guerra sucia que han renegado de las leyes y de la legítima mayoría parlamentaria.

Cicerón decía que “abstenerse de combatir la injusticia es cometer una”.

Lo dejó recogido en su extensa obra en la que destaca “De officiis”, escrito que tuvo una poderosa influencia en el movimiento cultural del Renacimiento (siglos XV y XVI) y en reconocidos pensadores de la Ilustración del siglo XVIII, que es tanto como decir de la cultura europea de esa época.

Lo de repetir un millón de veces una mentira resulta vano e insustancial porque llueve sobre mojado, y entonces tiene un atractivo social vomitivo que repelen, como a la peste, ciudadanos leales a un sistema de libertades que lo único que desean es que no se intoxique con falsas noticias la realidad de una democracia consolidada que convive con todo lo que ve y oye, no importa quién sea el emisor.

No quiero que se me escape algo de lo que más tarde tenga que arrepentirme, por eso pienso que la reacción a la exultante alegría de la ola populista de izquierdas, se llama “contestación social”.

La democracia no representa sino la voluntad ideal de un ciudadano libre que cree en la tolerancia y en los derechos del hombre.

La democracia habla y hablará siempre de libertad, progreso (no de progresismo) e igualdad, ya sea de corazón o sentimiento, o de un modo totalmente racional y ejemplar.

Los ciudadanos están hartos del maltrato a instituciones públicas que no representan sino la estela de un contrato social que hay que renovar como estrategia preventiva que salvaguarde la democracia.

En resumidas cuentas, el nuevo contrato social tiene que despertar el sentimiento, la sensibilidad y el corazón de ideas contenidas en los principios democráticos que ordenan desde el Estado hasta la menor de las instituciones, que son las que representan a quienes se sienten demócratas.

Que nadie piense que la ola populista izquierdista, haga lo que haga, o diga lo que diga, va a hacer más libre a la sociedad que vivimos, porque presupone un riesgo social que incluye vivir con resentimiento, frustración, dolor y hostilidad.

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