Cultura

Kai Momiejo: una poética de la esperanza nacida entre el desplazamiento y el vacío

El joven escritor vinculado a Totana presenta La arista y el vacío, un poemario que defiende el vacío como posibilidad y la nostalgia como trampolín hacia el futuro

El escritor Kai Momiejo, nacido en Alhama de Murcia y estrechamente vinculado a Totana, ha presentado su primer poemario, La arista y el vacío, publicado por Ediciones Valparaíso. El libro salió a la venta el 21 de septiembre y se presentó el viernes 9 de octubre en la Feria del Libro de Murcia, en la parcela de la editorial, donde el autor firmó ejemplares.

Para el autor, el encuentro con los lectores fue además una de las partes más especiales de la presentación: «Poder compartir poesía con la gente siempre es un privilegio y una forma de alimentar al corazón», afirmó, después de encontrarse tanto con familiares y amigos como con lectores que llegaron al libro por casualidad.

Momiejo tiene 24 años y es estudiante doctoral de Español y Portugués en la Universidad de Cambridge, donde se encuentra en el segundo año de su investigación. Antes completó un máster en Estudios Chinos en la Universidad de Pekín, en la que pasó dos años, y el grado en Artes y Ciencias Liberales en la Universidad de Leiden, que cursó en La Haya. A los 16 años se marchó a Estados Unidos para estudiar primero de Bachillerato con una beca de la Fundación Amancio Ortega. Esa experiencia vital en seis países ha dado forma a una escritura muy simbólica, centrada en la fragilidad de la memoria, los límites del lenguaje y la naturaleza de las relaciones humanas.

El vacío como «máxima posibilidad»

Frente a la idea del vacío como algo estéril, incapaz de producir nada, Momiejo defiende justo lo contrario. «Pienso que el vacío es la máxima posibilidad», explica el autor, que lo compara con «un lienzo en blanco». Para el poeta, el vacío que nace del desplazamiento y de la ausencia es «la posibilidad de ser, de volver a ser».

Esa convicción atraviesa un libro cuyo punto de partida es la nostalgia, aunque no entendida como simple deseo de regreso. El autor la describe como una doble mirada: la añoranza de una patria natal imaginada —el paisaje, la lengua materna, el sur de España con su cultura y sus costumbres— y, a la vez, la aceptación de que la naturaleza humana consiste en un cambio y una transformación constantes. Precisa que no se trata de una nostalgia «restaurativa», que aspire a reconstruir lo perdido, algo imposible, sino de una capaz de servir «como trampolín hacia el futuro», porque permite ver lo que tuvo valor y reimaginarlo en el presente. De ahí, explicó, el vínculo entre pasado, futuro, nostalgia y esperanza que también vertebra su investigación doctoral.

Es una esperanza sobria, sin promesas grandilocuentes, que el autor resume en uno de los versos del libro: incluso en el fondo de la noche eterna, «los ojos de la bestia son dos estrellas». Momiejo lo vincula con María Zambrano —«eso es totalmente María Zambrano», señala— y añade como referencia el mito griego del laberinto. Incluso en la noche más oscura, sostuvo, esperanza y desesperanza «están muy conectadas» y entre ellas no hay «una línea definitoria divisiva»: siempre queda, afirmó, bondad, luz y un futuro por construir.

El poeta rechaza, además, que el libro nazca de la tristeza. Advierte de que quien lo lea podría pensar que es una persona triste, pero asegura que no es así: «en el vacío hay siempre esperanza».

Una arista en el vacío

El título, cuenta, le llegó «de forma aleatoria, natural». Pensó entonces en los temas que más trata —la ausencia, el abandono y la muerte— y en la imagen de una arista que sobresale y golpea el vacío, una imagen fértil, dijo, para preguntarse qué queda del ser humano después de la muerte y cómo se relaciona con la nada o con la falta de significado que nace de los constantes desplazamientos geográficos, personales y vitales. Matizó, eso sí, que su vida es «bastante optimista».

El autor detalla el sentido de cada término. La arista representa para él la linealidad, el horizonte, la frontera, algo que sobresale sobre el vacío y que remite también a la soledad; el vacío es un mundo abierto de pura posibilidad. La oposición entre ambos, añadió, es «un binarismo que en verdad es falso», pero sirve para recordar la diferencia entre ausencia y presencia, esperanza y nostalgia, pasado y futuro. Y explica que no hay un momento exacto de su vida en el que ambos conceptos se crucen, sino una frontera interior: «pienso mi cuerpo y mi persona como una arista en el vacío».

Entre lenguas y países

La primera mudanza, a Estados Unidos, fue para él un cambio a mejor, porque le dio una libertad que no tenía, pero también lo hizo verse como extranjero en una lengua extranjera. Ese fue, recordó, el vacío que empezó a poner en sus poemas. Con el tiempo, y con cada nuevo destino, fue aprendiendo que «esa extranjería en verdad es un privilegio» y que el sentimiento de pérdida o de no ser comprendido puede ser un espacio fértil para la reflexión.

Su itinerario tiene raíces muy cercanas. Estudió desde Infantil hasta la ESO en el colegio Reina Sofía, y tras su año en Estados Unidos regresó para cursar segundo de Bachillerato en el instituto Juan de la Cierva, en pleno año del COVID, por lo que apenas estuvo unos seis meses en las aulas. Después vinieron La Haya, donde se centró en la política y la mediación de conflictos internacionales y en cómo la guerra afecta a la experiencia humana a través de la literatura y la memoria; Pekín; y Cambridge. También vivió cinco meses en Corea. En cada país aprende la lengua local «por respeto a la cultura que me acoge», y entre las que maneja con más fluidez cita el español, el inglés, el francés, el portugués, el chino y el holandés.

Aun así, su idioma de escritura es el español. «Yo me anclo en la lengua, si no puedo anclarme en una región o en un país», afirmó. Intentó escribir poesía en inglés, en holandés y en chino, pero no alcanzó la profundidad que buscaba. El español, que ya no es su lengua cotidiana, es para él, dijo, la única forma de llevarse algo de España más allá de sus fronteras.

Otra vía para reconectar con su identidad fue el paisaje. Recuerda que ocupa un lugar central en la poesía española del siglo XX —de Antonio Machado a los poetas de posguerra—, y explica que incorporarlo como tema, el paisaje de España, es lo único que puede rescatar de su vida aquí, porque ya no vive en el país durante el año. De hecho, pasa en España entre uno y dos meses anuales, sobre todo en verano y, algunas veces, en Navidad, principalmente en Totana, con su familia.

Un libro sin puntuación, que fluye como un río

La forma del poemario responde a lo que Momiejo llama «poesía automática»: retener una imagen aleatoria, una serie de palabras unidas o una metáfora que aparece en un momento cualquiera de la vida diaria, encontrar la belleza en ella, «tirar del hilo» y escribir sin corregir. El resultado es un libro casi sin puntuación, en el que la mayoría de los poemas carece de título y no siempre resulta fácil saber dónde termina uno y empieza el siguiente: a veces uno acaba a mitad de página y el siguiente arranca por encima y por debajo. Su estilo, explicó, se basa en la idea de «no principio, no fin», en una concepción circular del mundo en la que ningún poema es más primordial que otro, sino «una ola que se mueve».

Eso permite entender el proceso del manuscrito. Lo escribió a los 21 años, durante sus estudios de grado y entre Estados Unidos y los Países Bajos, y los versos apenas se retocaron después. Lo que cambió con el tiempo fue el conjunto: en sus propias palabras, el libro «estuvo escondido en un cajón todos estos años, añadiendo, suprimiendo y añadiendo algunos poemas».

Las razones para escribirlo tienen que ver con el tiempo. Para Momiejo, escribir tampoco es únicamente una forma de conservar lo vivido. La poesía es una herramienta para comprender la experiencia humana allí donde no llegan las explicaciones puramente racionales o instrumentales. Es, en ese sentido, una forma de conocimiento: una manera de preguntarse por la realidad, explorarla y descubrir aspectos que de otro modo podrían permanecer ocultos. «Escribí este libro principalmente contra el olvido», dice, y confiesa que le preocupa qué quedará de él después de su muerte. Lo describe como «mi prisma por el que veo el mundo», una versión de su vida que nadie más tendrá, y añade: «Y quedará». Con una sinceridad poco habitual, admitió que, al verlo editado, sintió «indiferencia» y que ni siquiera lo ha releído.

En una de sus intervenciones públicas leyó un fragmento de la página 38, el «Poema al autor sin nombre», donde aparece el deseo de «querer encontrar complicidad en la levedad del agua». Quien lo escuchó lo calificó de poema de esperanza.

Zambrano, Gervitz, Pizarnik y la mirada a Oriente

María Zambrano es su principal pensadora para el doctorado y, en sus palabras, una maestra para saber cómo vivir y cómo pensar, y para entender la poesía como arma contra la soledad y contra el exilio, en su caso político. Entre sus referentes poéticos citó también a la mexicana Gloria Gervitz, sobre la que prepara un artículo, y cuyo poema Migraciones fue depurando hasta quedarse en un único poema larguísimo, sin títulos, libros ni puntuación, sobre el exilio vivido por su madre; a la argentina Alejandra Pizarnik, a la que definió como «desoladora» pero muy cruda; y al poeta español José Ángel Valente, cuya poesía completa lee en Cambridge.

La estancia en Pekín, donde cursó un máster íntegramente en inglés pero con clases también en chino, completó esa mirada. Estudió filosofía, religión, cultura y literatura chinas, tanto clásicas como contemporáneas, y asegura que le ha dado «una visión del mundo mucho más abierta, en la que Europa no es el centro del mundo para nada», una opinión que sostiene con claridad. Explica que en la tradición occidental el vacío se ha pensado desde la primacía grecorromana de la presencia, y que él comparte más ideas con las orientales, para las que el vacío es «la matriz iluminadora y la matriz generadora de todo lo que existe».

Esa influencia se refleja sobre todo en su obra posterior. La arista y el vacío se escribió antes, en Occidente, pero sus dos libros inéditos, compuestos entre China, Inglaterra y España, muestran, según indicó por escrito, «una marcada influencia de las tradiciones literarias de China». Cambridge, por su parte, le resulta un entorno estimulante por la capacidad y la diversidad de quienes lo rodean, y recuerda que siempre ha dicho que el mejor compañero es un libro.

Nuevos poemarios y proyección internacional

Momiejo no ha frenado su actividad. Además de esos dos poemarios terminados, trabaja en un tercero, escrito sobre todo este verano en sus viajes por Asia Central, Praga y Andalucía. Está considerando publicarlos y se muestra abierto a propuestas y recomendaciones editoriales. Cree que todos comparten una esencia, aunque uno de ellos se centra en el símbolo de la luz. Su escritura es cada vez más depurada, con menos palabras y símbolos más sugerentes, y el silencio ocupa más espacio: lo que escribe ahora es, en buena medida, página en blanco manchada con algunas palabras y metáforas, porque, dijo, «la expresión del silencio o el vacío más pura es dejar cosas en blanco».

Colabora, además, con una revista filosófica española en la que escribe artículos mensuales, tiene prevista en diciembre una conferencia sobre Zambrano en Portugal y ya había publicado poemas en la revista literaria Ceniza. En cuanto al libro, cuenta que ha tenido una respuesta muy positiva entre sus allegados y el apoyo de medios locales, que se publica también en Latinoamérica y Estados Unidos, y que presentará el libro en Cambridge y en los Países Bajos, porque quiere que se entienda que, aunque esté en español, no se limita a las fronteras de España.

A medio plazo no sabe dónde estará: está «abierto totalmente a la vida y a lo que venga». Reconoce que vivir de la poesía es complicado por motivos económicos y porque se lee poco, y no descarta compaginarla con su formación en estudios de guerra y paz en organismos como la ONU, la Unión Europea o alguna ONG. Y, frente a quienes ven la poesía como un arte elitista, lo tiene claro: «cualquiera es capaz de escribir poesía».

Con La arista y el vacío, Kai Momiejo ofrece una primera muestra de una búsqueda: la de quien, desde Totana hasta Cambridge, Pekín y los nuevos lugares recorridos, intenta convertir la ausencia en espacio de creación y encontrar, en medio de la incertidumbre, una forma sobria de esperanza.

Ficha

  • Autor: Kai Momiejo
  • Obra: La arista y el vacío
  • Editorial: Ediciones Valparaíso
  • Publicación: 21 de septiembre
  • Presentación: Feria del Libro de Murcia, 9 de octubre
  • Disponibilidad: Librerías de Murcia y de la Región, entre ellas La Faro, en Totana, y plataformas como Fnac y Casa del Libro

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