Molina de Segura

"Menos postureo y más valores": Manuel Molina, el murciano que aspira a ser Caballero de España

Con 25 años, 1,88 metros de altura y una trayectoria que comenzó en una pasarela a los 16, el representante de Murcia compagina su preparación para el certamen nacional con su salto a la interpretación, el canto y el mundo audiovisual

Manuel Molina tenía 16 años cuando se subió por primera vez a una pasarela. Fue en un casting de Monroe Models celebrado en Nueva Condomina y aquella experiencia terminó con una noticia que, vista ahora con perspectiva, parecía anticipar el camino que tenía por delante: había sido seleccionado.

Nueve años después, aquel adolescente de Molina de Segura que descubrió casi por casualidad el mundo de la moda prepara un nuevo salto. Tiene 25 años, mide 1,88 metros, es aries y nació un 25 de marzo, y es el actual Caballero de Murcia 2026. En unas semanas viajará a Sevilla para representar a la Región en la fase nacional del certamen Caballero de España.

Pero la historia de Manuel no termina en una pasarela.

Desde el pasado mes de junio vive en Madrid, donde ha decidido apostar de lleno por su faceta artística. Estudia canto, se forma como actor y ha comenzado a introducirse en el mundo de los rodajes. Según explica, ya ha participado en producciones audiovisuales y en futuras temporadas de series de Netflix, aunque algunas de sus intervenciones hayan sido tan breves como una sola frase.

«Está bien pagado, la verdad. Por un minuto son 400 euros», cuenta con ironía.

Es uno de los detalles que mejor refleja la nueva etapa que está viviendo. Mientras intenta hacerse un hueco en la interpretación y continúa vinculado a la moda, también ha trabajado como azafato de lujo para poder financiar sus academias y seguir formándose.

No ha llegado hasta aquí siguiendo un camino convencional. Y tampoco parece dispuesto a hacerlo a partir de ahora.

Una oportunidad que llevaba años esperando

Manuel conoció el certamen de Caballero de España cuando tenía 12 años. Fue en Las Torres de Cotillas, donde pudo comprobar el nivel y la puesta en escena del concurso. La experiencia se quedó en su memoria durante años.

Le habían ofrecido anteriormente presentarse a otros concursos, entre ellos Mister Murcia, pero entonces consideraba que todavía no estaba preparado para asumir el nivel de compromiso que exigía una competición de este tipo.

Este año decidió que había llegado el momento.

Contactó con el delegado y comenzó el proceso que terminaría con su elección como Caballero de Murcia 2026.

La selección incluyó diferentes fases, entre ellas una valoración física, una entrevista personal y una fase final en la que tuvo que explicar por qué podía representar durante un año el título murciano.

Cuando recibió la noticia, la primera sensación fue de ilusión. La segunda, de responsabilidad.

Porque Manuel insiste en que no entiende el título únicamente como un reconocimiento relacionado con la imagen.

«Para mí es más una responsabilidad que un título», asegura.

Considera que debe representar a Murcia desde el respeto a sus tradiciones, su historia y su gente. Y precisamente esa es la idea que quiere llevar a Sevilla.

«La estética puede abrir una puerta, pero los valores sostienen el camino»

En un certamen en el que la imagen tiene necesariamente un peso importante, Manuel quiere reivindicar una idea diferente de lo que significa ser Caballero.

«La altura te estiliza, pero realmente hay que dejar claro lo que es un caballero que sepa crear unión, respeto y dejar huella humana», explica. «Cuerpos bellos los hay en todas partes y es efímero».

No reniega de la importancia de la preparación física. De hecho, su rutina es exigente.

Entrena cinco días a la semana y en muchas ocasiones realiza dos sesiones diarias de gimnasio. Los fines de semana los reserva habitualmente para trabajos de moda o para recuperar sesiones que no ha podido realizar durante la semana.

Preguntado por si ha tenido que renunciar a algo para centrarse en este objetivo, prefiere no plantearlo en esos términos. «No lo veo tanto como renunciar, sino como aprender a organizarme y priorizar», matiza. Para él, mantener el equilibrio entre entrenar, descansar, prepararse mentalmente y seguir cumpliendo con sus compromisos es, precisamente, lo más exigente del proceso.

Pero considera que el físico es solamente una parte de la preparación.

En Sevilla tendrá que demostrar también seguridad, capacidad de comunicación, personalidad y compromiso.

«Un Caballero debe transmitir responsabilidad, respeto y conciencia», afirma.

Su visión pasa por que quien ostente el título conozca el entorno que representa, escuche a personas diferentes y sea capaz de transmitir una actitud positiva.

«La estética puede abrir una puerta, pero los valores son los que sostienen el camino», sostiene.

Y añade una frase que parece resumir toda su filosofía: «Lo de ser Caballero llega después de muchas batallas».

Cinco colegios, una personalidad forjada a base de cambios

Manuel cree que buena parte de su manera de ser se ha construido precisamente a través de los cambios.

Estudió en cinco colegios diferentes. Aquella circunstancia le obligó desde pequeño a adaptarse a nuevos ambientes, observar a las personas que tenía alrededor y aprender a encontrar su lugar.

Con el tiempo, esa capacidad de adaptación se convirtió en una de sus principales fortalezas.

Cuando se le pregunta qué rasgo de su personalidad considera más característico, responde que la curiosidad y la capacidad de observar.

Le gusta conocer a las personas, escuchar a quienes tienen más experiencia y aprender tanto de los aciertos como de los errores ajenos.

«De muchas personas he aprendido lo que quiero ser, y de otras, lo que no quiero repetir», explica.

Esa curiosidad suya tiene, además, un capítulo curioso que él mismo recuerda con cierta sorna. Cuando en el instituto le hicieron un test de orientación para averiguar qué carrera encajaba mejor con su perfil, el resultado fue Medicina, y con una de las notas más altas de toda la clase, pese a que en ese momento sus calificaciones en biología y química rondaban el aprobado justo. Los orientadores llegaron a hablar con él más de una hora porque no entendían cómo encajaban ambos datos. La explicación, con el tiempo, la encontró él mismo: solo aprende y se apasiona de verdad cuando vive y practica lo que hace, no cuando se limita a estudiar teoría. Hoy, dice, esa idea se confirma en su propio cuerpo y su propia disciplina: le apasiona la medicina del bienestar físico, pero la ha «estudiado» entrenando, no en un libro de texto.

Esa misma curiosidad lectora la traslada a otros terrenos. Su última lectura ha sido «Manual de la vida», un libro que, según cuenta, le recuerda «cómo son sencillas las situaciones y se complican por no saber entender», una frase que podría aplicarse perfectamente a su propia manera de afrontar los procesos de selección y las críticas.

Esa experiencia también está detrás de uno de los mensajes que quiere trasladar a los jóvenes.

«Si en un lugar no te entienden o no te sientes valorado, no te quedes parado: busca, muévete y encuentra el sitio donde puedas evolucionar», afirma.

Su conclusión es todavía más directa: «Si no encajas, no te sientas mal, vuela y busca».

Curiosamente, es la misma filosofía que aplica en su propio negocio. Al frente de su agencia de azafatas, Manuel explica que tanto él como las profesionales que trabajan con él logran compaginar su vida personal y profesional sin problema, y que siempre las anima a «volar y salir del nido»: si necesitan un nuevo empleo o contactos para crecer, es él quien primero les echa una mano para conseguirlo.

Madrid, el siguiente escenario

La decisión de trasladarse a Madrid ha supuesto abrir una nueva etapa profesional.

Desde junio compagina su formación como actor con las clases de canto y otras disciplinas artísticas, mientras intenta introducirse progresivamente en el sector audiovisual. No es una afición nueva: ya en Murcia dedicaba parte de su tiempo libre a la academia de canto y baile, una vía con la que, según cuenta, alimentaba su creatividad y su capacidad de expresión, y que ahora ha decidido llevar al siguiente nivel.

Ya ha tenido sus primeras experiencias en rodajes. Según relata, ha participado en producciones como ‘Respira’, ‘Machos Alfa’, ‘Física o Química’, ‘Nueve reinas’ y ‘La Promesa’, además de otros trabajos vinculados al mundo audiovisual.

En algunos casos, sus intervenciones han sido pequeñas. Pero Manuel no parece medirlas únicamente por el tiempo que aparece en pantalla.

Una frase puede durar unos segundos. El aprendizaje, los contactos y la experiencia adquirida durante el rodaje pueden durar mucho más.

Su llegada a Madrid también le ha obligado a buscar fórmulas para mantener económicamente su formación. De ahí sus trabajos como comercial de eventos y azafato de lujo, además de la gestión de su agencia de azafatas.

No considera que esos trabajos sean un desvío respecto a su objetivo. Al contrario: forman parte del camino que está construyendo.

Su intención es que, con el tiempo, la moda y el mundo audiovisual puedan convertirse en su actividad profesional principal.

«Dentro de cinco años me veo trabajando en moda al cien por cien, sin tener que compaginarlo con otros empleos», explica.

Moda, publicidad, televisión y ahora cine

Manuel no quiere encerrarse en una sola disciplina.

La moda fue su puerta de entrada, pero actualmente contempla diferentes posibilidades.

La pasarela le permite trabajar la seguridad y la expresión corporal. La publicidad le interesa por la posibilidad de convertirse en la imagen de una marca. Y la televisión le atrae especialmente por la conexión directa con el público.

Ahora suma la interpretación y el canto.

Su objetivo es construir un perfil artístico versátil, capaz de desenvolverse delante de una cámara, sobre una pasarela o en cualquier proyecto relacionado con la comunicación y la imagen.

Entre sus referentes de la moda cita a Alexander McQueen y Virgil Abloh, dos creadores que admira por haber desarrollado un lenguaje propio y por no limitarse a encajar dentro de los moldes establecidos.

En interpretación, sus referentes nacionales son Antonio Banderas y Penélope Cruz, dos nombres que, según explica, han dado vida a personajes que varias generaciones de jóvenes españoles reconocen como propios, tanto en su juventud como ahora, ya de adultos.

También reconoce que la formación es una parte esencial de ese proceso. No quiere que el aspecto físico sea el único argumento de su candidatura ni de su futura carrera.

El gimnasio, los rodajes y los campos de Murcia

Su día a día combina dos mundos aparentemente muy diferentes.

Por un lado, la exigencia de Madrid, las academias, los castings, los rodajes y el trabajo. Por otro, la necesidad de regresar periódicamente a los espacios que le han acompañado desde pequeño.

Entre sus aficiones están los viajes por senderos, huertas y campos de España.

Pero es Murcia la que ocupa un lugar especial.

Cuando necesita desconectar, cuenta que busca los campos, las sierras y los bosques de la Región.

Habla del olor de la huerta, del calor del sol recogiendo melocotones y de una forma de vida que considera parte esencial de su identidad.

«Murcia me ha enseñado el verdadero origen huertano», explica.

También destaca el carácter de sus habitantes, especialmente el de las generaciones mayores, a las que describe como personas capaces de abrir sus casas y ofrecer cercanía.

Para Manuel, Murcia es una tierra donde se puede echar raíces, pero también una Región que debe proyectar hacia fuera todas sus posibilidades.

Por eso quiere aprovechar su presencia en Sevilla para transmitir una imagen de Murcia relacionada no solo con el clima, la huerta o el turismo, sino también con el talento y las oportunidades.

«Quiero mostrar que Murcia es un lugar atractivo para crear proyectos, invertir, emprender y generar oportunidades», afirma.

Un certamen que quiere utilizar para hablar de algo más que de belleza

Si Manuel consiguiera el título nacional, tiene claro qué haría con la visibilidad que le proporcionaría.

Una de sus prioridades sería dar voz a personas que se han sentido diferentes, juzgadas o señaladas.

Habla especialmente del bullying y del respeto a la intimidad.

Quiere defender la posibilidad de que cada persona pueda desarrollarse sin tener que buscar constantemente la aprobación de los demás.

Es un mensaje que enlaza directamente con su propia trayectoria y con la importancia que concede a encontrar un lugar en el que uno pueda sentirse cómodo.

Por eso también considera que los certámenes están evolucionando.

A su juicio, las nuevas generaciones llegan con más preparación y con una mayor conciencia de lo que quieren transmitir. La imagen sigue siendo importante, pero ya no considera suficiente limitarse a ella.

«Quiero demostrar que no soy solo estética: tengo criterio, historia, carácter y compromiso», señala.

Su apuesta es clara: «menos postureo y más acciones concretas que tengan impacto en la comunidad».

Las redes sociales como escaparate y también como respuesta

En esa nueva forma de entender la imagen tienen un papel fundamental las redes sociales.

Manuel considera que internet ha cambiado radicalmente la forma de darse a conocer. Antes, explica, era necesario salir, relacionarse y confiar en que otras personas hablaran de uno, algo que también obligaba a soportar los juicios de quienes no le conocían de verdad. Ahora cualquiera puede mostrar directamente quién es y qué hace, sin las limitaciones sociales de antes.

Para alguien que intenta abrirse camino en diferentes sectores, las redes se han convertido en una herramienta profesional.

También en una forma de evitar tener que responder continuamente a las opiniones de personas que no conocen su historia.

Manuel reconoce que ha aprendido a convivir con las críticas.

Las críticas constructivas, dice, pueden servir para mejorar. Las que únicamente buscan hacer daño no merecen el mismo tiempo ni la misma energía.

En un mundo tan expuesto como el de la moda y la imagen, considera necesario tener personalidad y saber quién eres.

Y, fiel a su estilo, incluso encuentra una salida humorística para quienes no terminan de entenderle.

«Si no me entiendes, que se suscriban a mi canal de YouTube y me entenderán mejor», bromea.

«Mi historia es mi voz»

La historia de Manuel Molina no comenzó con el título de Caballero de Murcia.

Comenzó mucho antes, cuando un adolescente de 16 años decidió presentarse a un casting en Nueva Condomina y descubrió que podía tener un lugar en la moda.

Desde entonces ha pasado por pasarelas, trabajos relacionados con la imagen, eventos, formación artística y ahora rodajes.

Ha tenido que combinar sus aspiraciones con empleos que le permitieran pagar su formación y ha decidido trasladarse a Madrid para intentar dar un salto profesional.

Ahora afronta una nueva prueba en Sevilla.

No sabe todavía hasta dónde le llevará el certamen, pero sí tiene claro qué quiere hacer con la oportunidad.

Representar a Murcia.

Continuar aprendiendo.

Y seguir construyendo una carrera que le permita vivir algún día de aquello que empezó como una inquietud cuando tenía 16 años.

«Mi historia es mi voz, cada reto superado refleja quién soy y cómo quiero inspirar a otros», afirma.

En Sevilla llevará consigo su preparación física, su experiencia en la moda, sus primeros pasos ante las cámaras y todo lo aprendido durante estos años.

También llevará una idea que ha repetido durante toda la conversación: que detrás de una imagen siempre hay una historia.

Y esa historia, insiste, no es solo suya. Antes de despedirse quiere dejar un mensaje de agradecimiento para quienes le han acompañado hasta aquí: su familia, quienes han formado parte de su educación, las agencias de moda que le abrieron las primeras puertas y los fotógrafos que han confiado en él sin pedir nada a cambio, entre ellos Pau Bernabé y Francisco. También tiene un recuerdo para «la gente trabajadora de la Región, que hace que Murcia funcione cada día», a quienes dedica, dice, buena parte de sus logros.

Porque Manuel Molina no parece estar buscando únicamente una corona.

Está buscando el lugar desde el que poder seguir creciendo.

Y ese lugar, por ahora, está entre Murcia y Madrid, con una próxima parada en Sevilla.

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