Planificar la jubilación exige mucho más que contratar un plan de pensiones: calcular los ingresos que se percibirán, estimar los gastos futuros y construir un patrimonio capaz de cubrir la diferencia. Ramón Alfonso, socio de Norz Patrimonia, analiza las claves para anticiparse a una de las decisiones financieras más importantes de la vida.
La pregunta no es únicamente cuánto cobraremos cuando nos jubilemos, sino cuánto necesitaremos para mantener el nivel de vida que deseamos. Entre ambas cantidades puede existir una diferencia significativa que, si no se planifica con suficiente antelación, obligará a modificar las expectativas de gasto o a recurrir al patrimonio acumulado durante la vida laboral. Esta brecha entre los ingresos previstos y las necesidades económicas reales constituye el punto de partida de cualquier estrategia financiera de jubilación.
"El tiempo es uno de los principales aliados del ahorro. Cuanto antes se empieza, menor es la cantidad que debe destinarse periódicamente para alcanzar un determinado capital, gracias al efecto acumulativo de la rentabilidad. Además, disponer de un horizonte largo permite asumir una estrategia de inversión más diversificada y soportar mejor los períodos de volatilidad de los mercados. La planificación no consiste únicamente en ahorrar, sino en definir objetivos, estimar necesidades futuras y construir progresivamente un patrimonio capaz de complementar los ingresos de la jubilación", explica Ramón Alfonso, socio de NORZ Patrimonia, una de las empresas de asesoramiento financiero más prestigiosas del país.
El primer paso consiste en realizar una estimación realista del nivel de gasto que se desea mantener. La jubilación modifica la estructura de los gastos: algunas partidas relacionadas con la actividad profesional pueden reducirse, mientras que otras vinculadas al ocio, los viajes, la salud o las posibles necesidades de dependencia pueden aumentar. También deben contemplarse factores como la edad prevista de retiro, la esperanza de vida, la inflación, la situación familiar, las deudas pendientes, la vivienda y los ingresos recurrentes adicionales. "No existe una cifra de ahorro válida para todo el mundo. El capital necesario debe calcularse individualmente", explica Alfonso.
La brecha de jubilación, el cálculo que debería preceder a cualquier inversión
Una forma de aproximarse a las necesidades financieras de esta etapa consiste en comparar el gasto anual estimado con la pensión pública neta prevista y otros ingresos recurrentes. La diferencia representa la cantidad que deberá financiarse mediante el patrimonio personal.
Por ejemplo, una persona que estime que necesitará 36.000 euros netos anuales para mantener su nivel de vida y prevea recibir 24.000 euros entre pensión y otros ingresos tendrá que cubrir una diferencia de 12.000 euros al año. Sin embargo, calcular el capital necesario no consiste simplemente en multiplicar esa cantidad por los años que se espera vivir tras la jubilación. Es preciso incorporar variables como la inflación, la rentabilidad de las inversiones, la fiscalidad y la duración efectiva de esta etapa.
"El objetivo es convertir esa diferencia anual de ingresos en una necesidad de capital", señala Alfonso. No existe, por tanto, una cifra de ahorro universal ni un producto financiero que resuelva por sí solo las necesidades de todos los ahorradores. El capital necesario depende de las circunstancias personales, los objetivos de gasto y la estructura patrimonial de cada individuo.
El tiempo es uno de los principales aliados de la planificación financiera. Comenzar a construir un ahorro complementario durante los primeros años de la vida profesional permite aprovechar el efecto acumulativo de la rentabilidad y distribuir el esfuerzo de ahorro a lo largo de un periodo más amplio.
La diferencia entre empezar a los 30 o a los 50 años puede ser considerable para alcanzar un mismo objetivo de capital. Cuanto menor sea el horizonte disponible, mayor será, en términos generales, el esfuerzo periódico necesario. No obstante, comenzar tarde no significa que la planificación haya perdido su utilidad: puede ser necesario elevar la aportación, revisar el nivel de gasto previsto, prolongar la vida laboral cuando sea posible o adaptar la estrategia de inversión.
"Más importante que encontrar la edad perfecta es empezar a planificar cuanto antes y mantener disciplina y continuidad", apunta el socio de Norz Patrimonia.
La inflación y la longevidad, dos riesgos que pueden alterar los cálculos
Hay dos factores que pueden comprometer una planificación aparentemente bien dimensionada: la pérdida de poder adquisitivo y una jubilación más larga de lo previsto.
Una inflación media del 2% anual implica que unos gastos de 30.000 euros actuales equivaldrían aproximadamente a 44.600 euros dentro de veinte años. Por eso, proyectar las necesidades futuras utilizando exclusivamente el valor actual del dinero puede infravalorar de forma significativa el capital necesario.
A este efecto se suma el riesgo de longevidad. Vivir más años supone financiar durante más tiempo los gastos asociados a la jubilación y obliga a evitar que el patrimonio se agote antes de lo previsto. La estrategia debe contemplar, por tanto, un horizonte suficientemente amplio y mantener una parte de los activos con capacidad para generar rentabilidad real, es decir, por encima de la inflación.
Del ahorro a la gestión del patrimonio: no todo depende de un plan de pensiones
Una vez calculada la brecha de jubilación, el siguiente paso es diseñar una estrategia de ahorro e inversión coherente con el objetivo. Los instrumentos disponibles son diversos: fondos de inversión, planes de pensiones, seguros de ahorro, depósitos, carteras de renta fija y renta variable o determinados activos inmobiliarios, entre otros.
La elección no debería depender exclusivamente de la rentabilidad esperada. Liquidez, riesgo, horizonte temporal, costes y fiscalidad son variables que deben analizarse conjuntamente. En muchos casos, la solución pasa por combinar distintos instrumentos dentro de una cartera diversificada, en lugar de concentrar todo el esfuerzo de ahorro en un único producto.
También es importante distinguir dos momentos con necesidades diferentes. Durante la fase de acumulación, el objetivo es construir patrimonio a largo plazo. Cuando llega la jubilación, la prioridad pasa a ser transformar ese capital en un flujo sostenible de ingresos, preservando la capacidad financiera para afrontar gastos durante toda esta etapa.
La diversificación permite distribuir el patrimonio entre diferentes clases de activos, geografías y fuentes de rentabilidad, reduciendo la dependencia de una única inversión o de un escenario económico concreto. Además, la composición de la cartera debe evolucionar a medida que se aproxima la jubilación: el horizonte temporal, la tolerancia al riesgo y las necesidades de liquidez no son los mismos a treinta años del retiro que a dos o tres años de comenzar a disponer del capital.
La jubilación requiere un plan que evolucione con la vida
Uno de los errores más habituales es entender la planificación como una decisión puntual. Una estrategia diseñada a los 40 años probablemente tendrá que revisarse a los 50, 60 o 65, porque cambian los ingresos, el patrimonio, las circunstancias familiares, la fiscalidad y los objetivos personales. También conviene evitar una concentración excesiva del patrimonio en un único activo, especialmente en la vivienda habitual, que puede representar una parte importante de la riqueza, pero no siempre proporciona la liquidez necesaria para financiar los gastos cotidianos.
Para Norz Patrimonia, el punto de partida debe ser un diagnóstico global de la situación patrimonial: definir la edad de jubilación y el nivel de vida deseado, estimar la pensión pública y los ingresos adicionales, calcular la brecha financiera, analizar los activos y pasivos existentes y, finalmente, establecer una estrategia de ahorro e inversión que se revise periódicamente.
"La planificación de la jubilación debería comenzar con una pregunta muy sencilla: qué nivel de vida quiero tener cuando deje de trabajar y qué patrimonio necesito construir para poder financiarlo", concluye Ramón Alfonso.
Para una persona que empieza a planificar su jubilación hoy, ¿cuáles serían los primeros pasos que debería dar? Ramón Alfonso, socio de Norz Patrimonia, asegura que tiene que comenzar con un diagnóstico de su situación patrimonial. Un proceso sencillo que se estructura en seis pasos:
1. Definir el objetivo: determinar cuándo se quiere jubilar y qué nivel de vida se desea mantener.
2. Estimar los ingresos futuros: calcular la pensión pública prevista y otros posibles ingresos recurrentes.
3. Calcular la brecha de jubilación: determinar la diferencia entre los ingresos previstos y las necesidades económicas estimadas.
4. Analizar el patrimonio actual: revisar ahorro, inversiones, inmuebles, planes de pensiones, seguros y deudas.
5. Diseñar un plan de ahorro e inversión: establecer cuánto debe ahorrarse periódicamente, cómo invertirlo y cómo adaptar progresivamente la cartera al horizonte de jubilación.
6. Revisar periódicamente el plan: es un paso fundamental. Los mercados cambian, pero también cambian los ingresos, la situación familiar, la fiscalidad y los objetivos personales.