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Larga vida a la poesía manchega

Julio Criado García

"Ni mármol duro y eterno, ni música ni pintura, sino palabra en el tiempo", advertía con precisión meridiana Antonio Machado. Un principio universal y una máxima que resuena con fuerza cuando se intenta medir el peso de la memoria lírica de una provincia. De esto se podría escribir una crónica que merece su tiempo, y en la que ya estoy trabajando; pero no toca ahora. Hoy vamos a hablar de cómo el calendario, implacable y altivo, celebra cuarenta otoños del hito cultural del "Encuentro de Poesía Española" mientras arrastra, en su corriente de focos y aplausos, una callada y dolorosa exclusión de sus propios genes.

Viajemos por un instante a esa "génesis" de esta poética andadura. En el que hubo un tiempo, a mediados de la década de los ochenta, en que la geografía ciudarrealeña caminó por una auténtica eclosión lírica. Lo que nació bajo el amparo institucional de la Diputación Provincial —con la mirada puesta en un ambicioso y necesario proyecto de descentralización cultural— buscaba airear el territorio, derribar el aislamiento histórico y conectar la creatividad autóctona de nuestros pueblos con las grandes corrientes nacionales. Aquellos primeros encuentros no entendían de centralismos; eran asambleas itinerantes que germinaban con igual vigor en las aulas de Ciudad Real, en los claustros de Almagro o en la casa de cultura de Tomelloso, propiciando un diálogo fértil, una comunión horizontal entre las figuras consagradas del país y las voces locales que brotaban con raíces profundas en nuestra llanura. Aquel impulso inicial llevaba el sello indiscutible y el empeño de Manuel Juliá Dorado, por entonces Diputado Provincial —entre otras muchas cosas—, quien desde su propia sensibilidad de poeta entendió que la cultura debía ser un patrimonio ramificado y compartido.

Sin embargo, el tiempo ejerce a veces de manera sutil y silenciosa metamorfosis sobre las mejores intenciones. Con el transcurrir de las décadas, lo que comenzó como un idilio de amor con la poesía de la provincia fue replegándose sobre sí mismo, estrechando sus márgenes hasta convertirse en un acto exclusivo de Almagro, gracias a la obra y gracia del todo poderoso presidente de la Diputación Provincial, almagreño de origen y hoy alcalde de Almagro, Francisco Ureña. Al amparo de su imponente y monumental Teatro Municipal, el festival ha ganado, sin duda, en prestigio internacional y en una indudable belleza estética, pero lo ha hecho a costa de un repliegue excluyente. En este viaje de madurez y centralización almagreña, las jornadas se han vuelto visuales y amargas, visuales por el indudable atractivo de su marco; amargas por la paulatina exclusión de la periferia poética provincial.

El balance de estos cuarenta años nos sitúa ante una realidad lastrada por el olvido. Al mirar los programas contemporáneos, se percibe una melancólica paradoja, el festival ha consolidado su renombre, pero en ese proceso ha ido dejando en el camino a los poetas de la tierra. Aquellas promociones de creadores manchegos que en los ochenta rompieron las costuras del regionalismo folclórico —voces que demostraron que se podía cantar al universo desde el corazón de la Meseta— hoy parecen figuras desdibujadas en el catálogo de su propia fiesta. La presencia de la autoría provincial ha quedado reducida a una inestimable pero mínima y excepcional cuota secundaria, un entusiasmo efímero sepultado, a lo largo de su historia, bajo el peso de los grandes nombres de la canción de autor o la lírica foránea.

Almagro abraza la poesía con mano firme y tinta eterna, de eso no hay duda. Pero al celebrar este aniversario redondo, conviene hacer una reflexión pausada sobre el precio de ese monopolio geográfico. Un encuentro de poesía española no debería olvidar que su savia más auténtica viaja por las carreteras secundarias de la provincia, en el silencio de los creadores que siguen escribiendo desde el rincón de cualquier pueblo manchego. Si la palabra en el tiempo ha de seguir viva, no puede limitarse a habitar un único escenario histórico; debe recordar que su compromiso primigenio era andar por todas las calles y pasar al lado de cada uno de nosotros, con nuestros grandes poetas, que haberlos haylos.

Así lo lleva demostrando desde hace dieciocho años mi querido amigo Luis Díaz-Cacho con nuestros Encuentros Oretania de Poetas de la provincia de Ciudad Real. En ellos hemos tenido la fortuna de contar, entre otros muchos, con dos de aquellos grandes que participaron en los primeros de los 40, y a quienes con gran placer voy a citar. Por un lado, Nicolás del Hierro (Piedrabuena, 1934), que participó en nuestro primer Encuentro en Almodóvar del Campo; gran poeta y narrador vinculado al Grupo Guadiana, y defensor firme de que la provincia de Ciudad Real estaba viviendo su "Siglo de Oro" en las letras. Y por otro, Miguel Galanes (Daimiel, 1951), uno de los referentes del "Sensismo" poético nacional, participante destacado en el I y III Encuentro de los 40, impulsor en Madrid de la tertulia "El Bolito" y defensor del rigor expresivo

Precisamente en 2009 nacieron los Encuentros Oretania para contrarrestar la desidia y el abandono de las letras de nuestra provincia. Porque, aunque los actuales dirigentes político-culturales de la Diputación o de Almagro no sepan verlas, haberlas haylas y muy buenas.

Como muestra un botón, el "Encuentro Oretania de Poetas de la Provincia de Ciudad Real" con "A Risas con la Palabra", y como honrosa excepción, participó en el 31° Encuentro de Poesía Española que se celebró, como no, en Almagro del 24 al 28 del mes de octubre de 2016. Recital poético resultante del VII Encuentro Oretania de Poetas, celebrado en noviembre de 2015 en Torre de Juan Abad.

Noche mágica donde la poesía de la provincia brilló con luz propia y por todo lo alto, después de mucho tiempo, en Almagro, el Teatro Municipal de la localidad encajera se llenó de voces con alma, cuyo único objetivo era el de arrancar una sonrisa al público, y donde brillaron con orgullo las voces manchegas de los poetas de la tierra concretamente de todos los rincones de la provincia de Ciudad Real.

El poeta solanero Luis Díaz-Cacho, coordinador del evento cultural, destacó en su intervención que "Ciudad Real es una tierra de poetas. De mujeres y hombres que caminan con el verso entre los labios. Los hay, las hay en abundancia y de una magnífica calidad individual que suma en el conjunto para hacer de esta provincia un territorio donde el verso fluye con la sinceridad de quien escribe".

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