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La noche en que La Merced aprendió a perder el norte con el bendito desorden fucsia de Héctor Peco

Un buen puñado de amigos arroparon en Ciudad Real la puesta de largo de 'Equilibrio', una obra visceral nacida en los bloques de notas del móvil y editada al dictado de la sinceridad más absoluta por el sello "Lo que te da la gana".

El Convento de la Merced de Ciudad Real mutó su piel sacra para convertirse en un refugio de la cultura pop. El acto comenzó con una vibración eléctrica y casi gamberra. Sobre las tablas se desplegó un escenario revestido con las tonalidades fucsia de la editorial y la comodidad de un sofá mostaza cedido por Deycor Muebles y Fama Living Ciudad Real junto al resto de mobiliario de la tarde. En ese ring de honestidad brutal, Héctor Peco apareció declarando que venía "muy animal" y bromeando con cantar junto a María Moreno, rompiendo de un plumazo la solemnidad. La presentadora, Gema Pérez Pinto, confesaba estar ilusionada ante el desborde de energía de una sala que ya se sentía como el salón de casa, advirtiendo que allí no venían a dar una clase magistral de literatura, sino a tener una charla en familia. Para ello en vez de preparar la típica tarde de preguntas y respuestas, fue a través de juegos como consiguió adentrarse en las páginas de Equilibrio, de conocer al propio escritor e incluso a varios componentes del público.

Sin alcohol

La conversación avanzó destapando las bambalinas del escritor. Héctor desveló con humor e ironía que las desgarradoras páginas de "Equilibrio", preñadas de noches de bohemia, resacas de domingo con paracetamol y barras de bar, guardaban un secreto tronchante, sus propios amigos de la infancia confirmaron en directo que el autor jamás ha probado el alcohol. "Poner que te estabas tomando un refresco quedaba feo en el texto", confesó Peco entre las carcajadas del público. Sus versos no nacieron en una biblioteca académica, sino en las notas del iPhone a las cuatro de la mañana, un proyecto que cobró vida tras subir un selfi en la máquina de café del diario Lanza a Instagram y ver la reacción de la gente. El autor desveló su audacia al maquetar él mismo el libro en InDesign, desafiando las miradas de Antonio, el histórico maquetador de prensa, quien vigilaba desde la balaustrada "para asegurarse de no divertirse".

El arte del "traspié"

La periodista Celia Naharro Salas aportó el contrapunto perfecto al diseccionar la obra, definiéndola como una "autobiografía compartida" que funciona como un espejo nítido donde cualquiera puede verse reflejado de a poquito, abriéndolo en la mesita de noche. Además, Celia resaltó que Gema tenía un tono de voz muy bonito de radio, a lo que Héctor sumó algunas bromas simpáticas y acto seguido, provocó la ovación más gamberra del encuentro al admitir sin tapujos ante el auditorio que "a mí me encanta piratear libros, y este me ha gustado tanto que me habría gustado escribirlo o haberlo pirateado". Lejos de modas vacías como la palabra resiliencia, Héctor desnudó el alma de su poesía al formular la gran tesis de la jornada, "El equilibrio al final es ir un poco por la vida trastabillando y encontrar la forma de seguir avanzando".

Emocional

El tramo final del acto se convirtió en una catarsis comunitaria. Gema contó con la generosidad de miembros del público, José Imedio (de Deycor y famaliving) y Josean (presidente de la asociación Aergi de adicciones) para someterlos a un test rápido de preguntas cortas que arrancó las confesiones más íntimas y mundanas junto a Celia y a al propio Héctor. Descubrimos que a Héctor le desquicia la comida fría, que José odia los gritos, que a Celia le enfada la gente desagradable y que a todos les devora "la prisa" especialmente a Josean. Al preguntarles qué los devuelve a su eje, Celia contestó que bailar, José que mirar a su mujer y Héctor sentenció con un poético y seco, "Nadie". La coraza de tipo duro del escritor se resquebrajó del todo al hablar de Martín, el niño de la casa al que va dedicada la carta más hermosa del libro: "Cuando la lea en la adolescencia me dirá: 'Madre mía, bro, ¿qué me has hecho pasar?'", bromeó el autor con los ojos brillantes.

Broche acústico

El acto se cerró de la única forma en que las grandes historias merecen ser contadas: con música en directo. María Moreno se adueñó de los micrófonos y su imponente voz inundó los muros del convento. Primero con el dramatismo pasional de "Un año de amor" de Luz Casal, y finalmente con una sobrecogedora versión de "Aquellas pequeñas cosas" de Joan Manuel Serrat que hizo brotar lágrimas entre los asientos. Para rematar la complicidad de la velada, María se vio obligada a recomendar su propio centro, Clínica Florencia, dónde ejerce su profesión de fisioterapeuta, tras la confesión tanto de la presentadora como de varios asistentes de haber pasado por sus mágicas manos, donde María acuñó tímidamente que "aunque no os duela nada, algo tendréis que arreglar por ahí". Antes de que comenzasen las firmas de ejemplares, Celia leyó un último fragmento que encapsulaba el espíritu de los allí reunidos, "Me gusta la gente que ríe y lo hace con la boca, con los ojos, con el alma, sin necesidad de motivos". Una tarde inolvidable que demostró que ir día a día siendo buena gente y "querer fuerte, aunque todo tiemble por dentro" es la mejor forma de vivir.

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