Los cantautores Vicente Castellanos e Iñaki Basabe, abrazados por el violín de Kike Pérez y los versos norteños y manchegos, sellaron el III Hermanamiento Oretania en Arrigorriaga y Mundaka. A través de una travesía sonora que unió el teatro Lonbo Aretoa con los acantilados de la Ermita de Santa Katalina. Allí, las habaneras de la costa y la poética de la llanura demostraron que la música y la palabra son el único idioma universal capaz de sanar las distancias y blindar la fraternidad de los pueblos.
El concierto en el teatro Lonbo Aretoa de Arrigorriaga comenzó en un ambiente de absoluto respeto. Desde las primeras notas, los estilos de ambos cantautores se fusionaron de forma natural gracias al acompañamiento musical del violinista Kike Pérez, quien logró conectar al público con la identidad cultural de cada región. La voz de Iñaki Basabe, con toda la fuerza de la tradición oral vasca, se complementó a la perfección con el estilo sereno y reflexivo de Vicente Castellanos, representante de la llanura manchega. Juntos lograron crear una atmósfera de cercanía que preparó a los asistentes para el recital poético, demostrando desde el principio la gran sintonía artística y espiritual que une a ambos creadores.
Tras las primeras intervenciones poéticas, Vicente Castellanos tomó el protagonismo en el escenario representando a Villanueva de los Infantes y al Campo de Montiel. Con una cercanía que conectó de inmediato con el público, el cantautor manchego agradeció la labor de los organizadores y destacó el compromiso del grupo al explicar que "todos los que hemos venido venimos no por el cuerpo, sino con el alma".
Sus palabras sirvieron de introducción para interpretar una canción basada en un emotivo poema de Juan José Guardia Polaino, una pieza que describe el dolor inherente al oficio de sentir. Acompañado por los acordes dramáticos de su guitarra, el músico conmovió al auditorio al recordar que "los poetas son sufridos: sufren sus labios, sus ojos, su corazón... sus palabras también son sufrientes". Finalmente, entonó con voz rota un lamento que cerró la actuación: "Labios que pugnan por amar sufriendo... palabras que punzan por amar... la noble arteria que sustenta de sangre al mundo... quede en ráfaga mi música... por la sangre que busca su mundo santuario".
A mitad de la noche, Iñaki Basabe regresó al centro del escenario. Entre bromas sobre la organización y la gastronomía local, el cantautor vasco conectó rápidamente con el público gracias a su carisma. Durante su actuación, interpretó algunas de las piezas más representativas de su repertorio de bilbainadas y habaneras. Iñaki Basabe obtuvo una gran ovación con la interpretación en castellano y euskera de la célebre 'Txoria txori' (El pájaro es pájaro). La pieza, coreada con fervor por el público, envolvió el Lonbo Aretoa en una atmósfera de altísima carga emocional.
Tras colocarse su característico soporte para la armónica, el artista dedicó su tema más íntimo, titulado 'Te escucharé', a su pareja. Antes de tocar la melodía, expresó su alegría por formar parte del hermanamiento cultural entre Euskadi y La Mancha, definiendo la pieza como un poema dedicado a la persona querida que lo acompaña.
La segunda intervención de Vicente Castellanos regaló al encuentro su momento más valiente, respetuoso y místico. El músico manchego regresó al micrófono para rendir un homenaje obligado al célebre bertsolari Fernando Aire Etxart, "Xalbador", el pastor de Urepele fallecido hacía exactamente cincuenta años. Vicente conectó con maestría la lírica medieval de los trovadores y maestros cantores europeos con la profunda y solitaria tradición de los pastores de las cumbres vascas. Desafiando los linderos del idioma, Vicente se atrevió a cantar las estrofas en euskera, logrando que su acento de la llanura se fundiera de manera sobrecogedora con las raíces de la montaña.
Los arpegios limpios de su guitarra envolvieron una interpretación que conmovió los cimientos del Lonbo Aretoa mientras explicaba que "lo que voy a hacer ahora mismo es un atrevimiento, pero me siento obligado a hacer un homenaje a una persona que falleció hace 50 años... un pastor solitario, profundo y espiritual convertido en un mito de la cultura vasca", rompiendo a cantar los emotivos versos que Xabier Lete le dedicó al pastor: "Adiskide bat bazen orotan bihozbera, poesiaren hegoek sentimenduzko bertsoek antzaldatzen zutena... Nun hago, zer larretan, Urepeleko artzaina, mendi-hegaletan gora, oroitzapen den gerora, ihesetan joan hintzena".
El clímax del concierto en Arrigorriaga llegó cuando Iñaki Basabe y Vicente Castellanos regresaron juntos al escenario. Tras pedir un aplauso para el violinista Kike Pérez en reconocimiento al esfuerzo de los últimos días, los cantautores adoptaron un tono más combativo para manifestar su rechazo a la intolerancia histórica y a quienes intentan silenciar las ideas. Con este mensaje, Iñaki Basabe y Kike Pérez dedicaron un emotivo homenaje al cantautor chileno Víctor Jara interpretando su conocida pieza 'Te recuerdo Amanda'.
Durante su intervención, los músicos denunciaron con firmeza la persecución cultural y criticaron el cinismo con el que se juzgan los movimientos migratorios actuales. Los artistas señalaron la contradicción de criminalizar a quienes migran argumentando que, en realidad, estas personas solo regresan a buscar los recursos que históricamente les fueron arrebatados en sus países de origen.
Mundaka
El III Hermanamiento Oretania trasladó su latido a la villa marina de Mundaka para encender una velada donde la música popular y el canto de autor sanaron las distancias. Bajo el cobijo histórico de la Ermita de Santa Katalina, la Asociación Sociocultural Musutruk Mundaka y la guitarra manchega de Vicente Castellanos fundieron el Cantábrico con la llanura en una coreografía sonora que demostró que la melodía es un refugio común donde la memoria de los pueblos permanece invicta.
El eco de los 'bertsos' tradicionales vascos aún flotaba en el sacramental espacio de la ermita cuando Vicente Castellanos tomó el escenario a solas con su guitarra. Visiblemente emocionado por el arraigo de un rincón bellamente aferrado a los acantilados, el músico confesó que un sitio "tan bonito y tan solemne" lo conmovía profundamente, decidiendo entregarse a la verdad más desnuda de su oficio. Nota a nota, el cantautor infanteño desveló su filosofía al declarar que jamás ha buscado el aplauso fácil ni el dinero: "canto por cantar, canto por gusto, nunca he cantado por dinero [...] canto por ser, porque soy...". Esta declaración transformó su actuación en un acto de entrega pura que conquistó el silencio reverencial de los asistentes.
La andadura musical se tiñó de una honda gratitud cuando Vicente Castellanos interrumpió su guitarra para compartir una confidencia íntima que define el alma del Hermanamiento Oretania. El cantautor rememoró el asombroso viaje que el poeta Juan Camacho realizó en el pasado desde Bilbao hasta Ciudad Real, cruzando la península solo para acompañarlo en un recital. Al evocar ese gesto, Vicente proclamó la necesidad vital de contar en el camino con "el puño de los amigos, el puño de personas que son luz", dirigiéndose conmovido a su compañero: "Tú fuiste, eres y serás siempre luz... porque eso no pasa nunca". Aquella declaración fue el preludio perfecto para una melodía circular que unió los labios y el agua en un paisaje de dunas, cantando con delicadeza que "si hay tiempo en que los acordes y una nocturna guitarra a un beso se acercan, sus labios se abren en un paisaje de dunas y, en el manantial donde arrulla su boca el agua, dejaría colgadas dos vidas por si hubiera de ir a buscarla".
La madurez musical de la jornada llegó cuando Vicente Castellanos asumió el reto de musicar los versos más existenciales de Juan Camacho. Sus acordes limpios detuvieron el tiempo en la ermita al retratar la fragilidad humana ante el destino, invitando al auditorio a una introspección íntima nacida para vencer al olvido. La pieza encajó a la perfección en el espíritu del encuentro al recordar que "apenas si sabemos cómo somos cuando el todo nos alcanza y descubrimos que hemos sido... entonces quisiéramos volver... quisiéramos tener inteligencias que rinden al cerebro su razón... incluso fingimos una austera quietud para renacer entre las cenizas... recuerdos que nos hicieron tan humanos como a los demás".
También en Mundaka el instante de mayor voltaje emocional llegó cuando Vicente Castellanos, desafiando las barreras del idioma, rindió tributo al célebre bertsolari Fernando Aire Etxart, "Xalbador". En una Ermita de Santa Katalina completamente abarrotada, el músico manchego alzó su voz para entonar en un respetuoso euskera las estrofas inmortales dedicadas al pastor de las cumbres. El milagro de la comunión cultural se hizo carne cuando el público comenzó a corear al unísono la melodía tradicional. Las voces del norte y del sur se fundieron bajo las bóvedas del templo sellando el acto con un abrazo eterno, que resonó en la memoria del Cantábrico a través de sus versos más recordados: "Adiskide bat bazen orotan bihotz-bera, poesiaren hegoek sentimentuzko bertsoek antzaldatzen zutena... Nun hago, zer larretan, Urepeleko artzaina, mendi-hegaletan gora, oroitzapen den gerora, ihesetan joan hintzena".
El III Hermanamiento Oretania demostró, a través de sus estaciones en Arrigorriaga y Mundaka, que la distancia geográfica es una ilusión cuando las almas se comunican a través del arte. Lo que comenzó como un dueto de complicidades íntimas en el interior de Vizcaya, maduró hasta convertirse en una apoteosis coral en una ermita costera abarrotada, donde la llanura manchega aprendió a cantar en euskera y la montaña vasca vibró con el viento de los molinos manchegos. Este viaje musical, guiado por la generosidad de Vicente Castellanos, Iñaki Basabe y Kike Pérez, deja una huella imborrable en el panorama literario actual, consolidando un espacio del corazón donde la poesía y la canción de autor permanecen en pie, libres y eternas.