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¿Qué metemos en la mochila para el recreo? El problema no es el bocadillo

Las bioquímicas y expertas en nutrición clínica y aplicada, Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, fundadoras de Futurlife21, recuerdan que un buen bocadillo puede ser una opción saludable y advierten sobre la presencia habitual de bollería, galletas y zumos en las mochilas escolares.

Las expertas ofrecen alternativas sencillas y recuerdan que lo decisivo es el patrón alimentario global y no la prohibición puntual de determinados productos.

Agenda, estuche, libros, botella de agua... y, al final, el turno del almuerzo o snack para el recreo o la merienda. Cada mañana, miles de familias repiten el mismo ritual antes de salir de casa, y ese último elemento suele ser el que más quebraderos de cabeza genera a las familias. El bocadillo suele ocupar buena parte de la conversación, pero para las bioquímicas Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, expertas en nutrición clínica, nutrición aplicada y salud pública y fundadoras de Futurlife21, el verdadero reto está en evitar que los ultraprocesados se conviertan en la opción habitual de los almuerzos escolares.

"Los bocadillos son una herramienta estupenda para tomar durante el recreo de niños y adolescentes. Lo importante es elegir un buen pan y un relleno variado y saludable. No es lo mismo un bocadillo de pan de molde refinado relleno de crema de chocolate que uno de pan integral con tomate, queso fresco y aguacate", explican.

Además, según las expertas, uno de los principales problemas es que la falta de tiempo y de ideas lleva a muchas familias a recurrir a productos rápidos y fáciles de consumir, como zumos, magdalenas o galletas. Sin embargo, cuando en casa se normaliza el consumo de alimentos saludables, preparar almuerzos equilibrados resulta mucho más sencillo.

¿Bocadillo sí o bocadillo no? ¿Qué se está metiendo en las mochilas?

Para Elena y María, los bollos procesados, las galletas y los zumos son algunos de los productos que más preocupan por su presencia habitual en las mochilas escolares. Estos alimentos generan un pico muy fuerte de glucosa, pueden llevar a más nerviosismo e inquietud y, además, prácticamente no aportan nutrientes.

A esto se suma que el consumo habitual de ultraprocesados puede alterar el paladar de los niños, haciendo que se acostumbren a sabores especialmente dulces y tengan más dificultad para aceptar otros alimentos. "Debemos ofrecer comida sana a los niños como norma general, por su salud física y mental y por su desarrollo cognitivo", señalan.

Las expertas también ponen el foco en los productos que utilizan dibujos, personajes y envases llamativos para dirigirse al público infantil. En su opinión, estos elementos pueden generar la sensación de que determinados productos son especialmente adecuados para los niños cuando no necesariamente es así. "Un bocadillo con un buen pan y relleno de ingredientes saludables es muchísimo mejor que muchos productos ultraprocesados que parecen creados específicamente para ellos".

Comer saludable no significa prohibir. Alternativas saludables.

No es necesario eliminar por completo los alimentos menos saludables. Lo importante es que el patrón general de alimentación sea saludable y que los productos menos recomendables tengan un papel puntual. Así, "si toman de forma puntual, por ejemplo 2-4 veces por semana, alimentos menos saludables, no hay que rasgarse las vestiduras ni darle más importancia de la que tiene. Si el patrón general de alimentación es sano, eso es lo que realmente va a impactar en su salud".

La clave está también en ofrecer alimentos saludables que sean ricos y apetecibles. Si los niños relacionan comer sano con alimentos insípidos que no les gustan, será mucho más difícil que incorporen esos hábitos. Entre las alternativas sencillas para el almuerzo proponen fruta con queso y picos integrales, un buen bocadillo, yogur bebible y fruta, tortitas de plátano, chocolate negro con fruta o bizcocho casero. Muchas de estas preparaciones pueden hacerse con antelación y conservarse congeladas para facilitar la organización de las familias.

La educación alimentaria también empieza en el colegio

Más allá de qué se introduce cada mañana en la mochila, las expertas recuerdan que los hábitos alimentarios se construyen desde pequeños y requieren la implicación tanto de las familias como del colegio. Acostumbrar a los niños a comer fruta, legumbres y alimentos sin azúcares añadidos forma parte de un aprendizaje que debe mantenerse en el tiempo.

Además, es importante explicar a los niños por qué es importante comer saludable, vinculándolo con la salud y el bienestar y no con el peso o la apariencia física. También que descubran que comer sano puede ser rico y apetecible. "Si queremos que incorporen buenos hábitos, tenemos que ayudarles a entender desde pequeños por qué lo que comen es importante para su salud", explican.

El objetivo, señalan las expertas, no es conseguir una alimentación perfecta todos los días, sino que los alimentos saludables sean la norma y que las opciones menos recomendables tengan un papel puntual. Además, "lo que los niños comen cada día tiene una relación muy importante con su desarrollo físico, mental y emocional. Tenemos que darle a la alimentación la importancia que merece y priorizar la salud y el cuidado desde pequeños".

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