Estados Unidos ha sustituido los aranceles temporales por nuevos gravámenes de entre el 10 % y el 12,5 % aplicables a 60 países, responsables del 99 % de sus importaciones de bienes
La Administración estadounidense recurre ahora a una base jurídica más sólida para mantener su estrategia comercial y deja la puerta abierta a nuevas medidas
Los economistas de Coface advierten de que el riesgo arancelario seguirá siendo elevado y que la incertidumbre continuará afectando a las empresas y al comercio internacional
Estados Unidos ha sustituido los aranceles temporales por nuevos aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % dirigidos a 60 países, que representan el 99% de sus importaciones de bienes. Lejos de suponer una relajación de la política arancelaria, esta medida pone de manifiesto la determinación de Washington de mantener una elevada protección comercial mientras prepara nuevas medidas, tal y como destacan los economistas de Coface.
Washington mantiene la presión arancelaria
El fin de los aranceles temporales establecidos en virtud de la Sección 122 no supone un repliegue de la política comercial estadounidense. El 24 de julio expiraron estos aranceles, pero han sido sustituidos por nuevos aranceles de entre el 10 % y el 12,5 %, basados en la Sección 301, aplicables a 60 países que representan el 99 % de las importaciones estadounidenses de bienes. Esta transición pone de manifiesto la determinación de Washington de mantener un elevado nivel de protección arancelaria, pese a los obstáculos jurídicos encontrados en los últimos meses.
Se espera que el impacto inmediato sobre el nivel medio de los derechos de aduana sea limitado: las nuevas medidas no se suman automáticamente a los aranceles ya existentes y no modifican de forma significativa el tipo medio aplicado a las importaciones estadounidenses. No obstante, demuestran la capacidad de la Administración estadounidense para adaptar sus instrumentos y seguir avanzando en su estrategia comercial.
Una base jurídica más sólida
La Sección 301 ya ha sido utilizada por Estados Unidos para imponer aranceles, especialmente a China durante la primera Administración Trump. A diferencia del régimen basado en la IEEPA, cuya solidez se ha visto cuestionada por la ausencia de una autorización expresa para imponer aranceles, la Sección 301 proporciona a la Casa Blanca una base jurídica más sólida y claramente establecida.
No obstante, esta mayor solidez jurídica no excluye la posibilidad de futuras impugnaciones. Para justificar estos aranceles, Washington argumenta que los países afectados no cuentan con mecanismos eficaces para prohibir o controlar las importaciones derivadas del trabajo forzoso. Las empresas importadoras podrían cuestionar esta justificación, especialmente teniendo en cuenta que se aplica a un grupo muy amplio de socios comerciales.
“Esta decisión no es simplemente una renovación técnica de los aranceles vigentes. Demuestra, ante todo, la voluntad de Washington de convertir un régimen cuestionado en un marco arancelario más sostenible. Para las empresas, el mensaje es claro: el riesgo de los aranceles estadounidenses sigue siendo elevado, incluso cuando una medida está a punto de expirar”, explica Marcos Carias, economista para Norteamérica de Coface..
Nuevos aranceles en el horizonte
Los nuevos aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % restablecen un marco arancelario común para una gran parte de las importaciones estadounidenses, pero no recuperan por completo el régimen anterior. Este incluía también recargos adicionales dirigidos a determinados países o productos. Es precisamente esta segunda capa de medidas la que Washington podría tratar de restablecer en los próximos meses.
Ya está en marcha una nueva investigación en virtud de la Sección 301, centrada esta vez en la sobrecapacidad estructural de 16 economías, entre ellas China, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur, Taiwán, India, Vietnam, México y varios países del Sudeste Asiático. Aún se desconocen tanto el calendario como el nivel de los aranceles que podrían derivarse de esta investigación, pero este procedimiento podría permitir a Washington dirigir sus medidas de manera más específica contra determinadas economías.
También se están llevando a cabo otras investigaciones sectoriales específicas, especialmente en los sectores aeroespacial, de drones, equipamiento médico, robótica, maquinaria industrial, turbinas eólicas, minerales críticos y polisilicio. En este caso, tampoco es posible prever con exactitud qué medidas podrían adoptarse, pero estas investigaciones confirman que la política arancelaria estadounidense sigue en plena evolución.
Canadá, un ejemplo del aumento de la presión comercial
La presión que se está ejerciendo sobre Canadá ilustra esta dinámica. Estados Unidos ha anunciado nuevos aranceles del 50% sobre importaciones canadienses por valor de 20.000 millones de dólares, equivalentes al 5,2 % de las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos, cuya entrada en vigor está prevista para el 19 de agosto de 2026.
A primera vista, esta medida parece concebida como una herramienta de negociación en el marco de las conversaciones comerciales norteamericanas. Su impacto macroeconómico seguiría siendo limitado en caso de entrar en vigor, pero confirma el uso cada vez más frecuente de los aranceles como instrumento de presión económica y diplomática.